
La realidad, como concepto, es algo que en verdad causa problemas, se piensa que lo que se ve, lo que se oye, lo que se siente etc. es lo que constituye la realidad, pero si comparamos esta experiencia subjetiva con la de otro, el resultado es una falta de acuerdo en, a veces, nimiedades. Nadie percibe la realidad tal como otro lo hace, entonces ¿Cómo podemos decir que conocemos el mundo tal como es? Lo cierto es que lo que se conoce es siempre construcción, nunca objeto, siempre reflejo del sujeto, pero esto no es únicamente un fenómeno perteneciente al mundo individual, la civilización o mejor dicho la especie, como mente colectiva, también construye su propio mundo.
La realidad que vive la sociedad es una realidad consensuada, una realidad que todos formamos para poder coexistir, relacionarnos y crecer como grupo, y también como individuos. Dice R. D. Laing que todo grupo funciona mediante la fantasía, ya que el ser humano es un ser gregario y busca identificarse siendo parte de un grupo, por lo tanto la forma común de interactuar es crear una realidad en la que todos se desenvuelvan y con las que todos estén de acuerdo, esto es, se crea una fantasía y se le asigna el sustantivo de realidad, pero no es la realidad objetiva.
Para Baudrillard existe una ilusión que es el principio del mundo: la ilusión radical. El mundo al principio, para el hombre, es ya de por sí una ilusión, la creación constante, por lo tanto, no es un factor circunstancial sino esencial. El mundo como creación debería estar acabado, pero cuando se le altera, cuando se proyecta sobre el, surge la necesidad de mantener dicha proyección, de algún modo esto permite el crecimiento y la evolución.
Platón veía a esta realidad como el reflejo de otra más allá de nuestro mundo. En ese otro plano existen formas arquetípicas concretas que no representan, más bien presentan las cosas como son originalmente, ese es el mundo de las ideas. En ese lugar – dice Borges- existe un triangulo que es todos los triángulos, un hombre que es todos los hombres, esta la eternidad, el infinito. En esta existencia sólo podemos conocer, entonces, el reflejo de lo arquetípico, la representación, lo inacabado.
Muy similar a estas ideas es la propuesta hinduista del mito de la ilusión de Maya, diosa que con su velo cubre los ojos de lo seres humanos y otorga una visión ficticia del universo, pero no por ilusión deja de ser real, más bien se convierte en una alternativa de lo real, su símil no divino. El hombre no puede ver mas allá de cierta barrera porque los dioses le nublaron los ojos, cuenta el mito precolombino del Popol Vuh.
Por lo tanto, este sueño que todos soñamos, es la imitación imperfecta de algo que nos precedió. Empero esta insuficiencia de forma es una suerte de promesa de que lo que existe es perfectible.
Sin embargo, en el crimen perfecto, dice Baudrillard, el verdadero crimen es la perfección, es decir, la conclusión, lo acabado. Esto es sobre todo verdadero en nuestra época. Lo pueblos antiguos siempre trataban la ilusión con la ilusión, los sueños en los sueños. Los pueblos en la actualidad tratan de perfeccionar la realidad, reducirla a lo verdadero y esa es la más grande ilusión.
El mundo imaginario obtenía su potencia de la seducción (concepto de Baudrillard), contrario a la producción, la seducción no crea, propicia, no destruye, desvía, actúa como un camino hacia lo simbólico en donde las formas pierden su valor y conservan solo su significado. La seducción plantea espectáculo, escenario y un espectador que sea cómplice del engaño. Pero cuando la sociedad busca realizar la realidad ocurre un fenómeno hasta cierto punto antagónico a la seducción y al espectáculo, este suceso es la obscenidad (concepto también de Baudrillard). La obscenidad no plantea espectáculo, no hay ya escenario, no existe distancia entre el observador o lo visible, todo es hiperreal, es la diferencia entre el surrealismo de principio de siglo XX y el hiperrealismo americano de final del mismo siglo. Lo real sin tapujos, tal como es, es más real de lo que en verdad es, como dijera Lipovestky es un proceso porno.
Lo hiperreal conlleva una lógica de representación, de cierto voyeurimo por la verdad, ya no se necesitan esos espectáculos en los que se presentaban culturas extrañas, de la teleserie pasamos al talk show y luego al reality show ¿Quién desea la actuación de unos completos desconocidos cuando se puede conocer su vida tal y como sucede, en tiempo real? El morbo que produce lo real no es más que esa lógica del porno, se pretende arrancar de la ilusión a la realidad, aunque ese intento sea aun más irreal de lo que pareciera, y acabará siendo un intento inútil.
En la era de lo obsceno, de la seducción vista desde el punto de vista de Lipovetsky, ya no hay necesidad de un estado autoritario, ahora todo se logra por persuasión y el principal agente es la televisión y sus contenidos fatuos. El hombre en busca de la hiperrealidad encuentra su mejor herramienta en la televisión. Cabe aclarar que ningún otro medio es tan enajenante. Dice Giovanni Sartori que los antiguos medios de comunicación (periódico, radio, cine) presentaban una imagen que requería interpretación, la lectura del símbolo o los símbolos que lo componían, con la televisión es diferente, la imagen equivale a la verdad, no hay tiempo para pensar, para abstraer, para reflexionar sobre el contenido, el zapping es un reflejo muy veloz, más veloz que el usuario mismo.
El telever destruye la capacidad de pensar de forma abstracta, pero funciona perfecto cuando lo que se quiere es la participación irreflexiva del público en la democracia política. Por eso es imposible una verdadera democracia, porque las decisiones políticas no las puede tomar una masa de sujetos ignaros. Estrategia de la democracia, la igualdad ante el televisor atrofia el sentido cognitivo.
La política se convierte, no ya en un espectáculo, sino en una mofa, todo se presenta, la política se vuelve porno, pero la masa no puede soportar tanta obscenidad así que duda, y esa duda se convierte en humor, no burla ni sarcasmo, sino un humor vació que sólo busca evadir la insoportable realidad.
La obscenidad además se manifiesta en otros ámbitos, como el de la violencia. Los asaltos son a plena calle, las películas son gore, de verdad la violencia se convierte en hard, sin propósito claro, solo una firme intención por presentarla, por presentarla más real de lo que es, de nuevo, hiperreal.
Ante este éxtasis comunicativo el Yo se satura, como diría Kenneth Gergen, y pierde sus referencias, se desquicia, se enfrenta ante una esquizofrenia, multifrenia que lo mantiene desarmado ante su enfrentamiento con el mundo, ya no hay alienación, porque, gracias a lo obsceno, todo esta ahí, muy cerca, y ya no hay barreras, ya no hay límites. El mundo más real que lo real se convierte en una violencia que el hombre no ha sido, ni será capaz de controlar o incluso entender completamente.