agosto 17, 2005

El papel de la mujer en el contexto familiar (Ultima parte)


Posted by Picasa

La familia como la conocemos, con toda su estructura y organización, tiene sus orígenes en la antigua Roma, en donde el padre, jefe de ésta, tenía un derecho omnipotente. Familia, no es una palabra que se refiera un conjunto de valores y sentimentalismos, propios de un pensamiento romántico. En realidad Familia, que es plural de famulus (esclavo doméstico), se refiere al grupo de esclavos pertenecientes a un mismo hombre y por esto el padre tiene derechos sobre mujer e hijos.

Un ejemplo del control que efectúa la figura paterna sobre la familia es el valor moral que tiene en la cultura el concepto de la monogamia. La importancia de la monogamia para los pueblos también es ancestral. La monogamia ahora se ve como un acuerdo entre hombre y mujer que garantiza fidelidad por parte de ambos miembros del matrimonio como forma de respeto, por lo menos esto es lo que dictan las reglas morales vigentes. Pero el principio de este valor no es tan democrático como se pensaría. La regla moral que defiende la familia nuclear monogámica solo debía ser acatada por la mujer, los hijos que esta procreara solo debían de ser del hombre que la desposo. Pero el hombre no estaba atado a este precepto él podía dar rienda suelta a sus pasiones y no rendir cuenta de actos.

En la actualidad está más o menos condenado el hecho de que hombre o mujer sean actores de una infidelidad y aun así la figura del “macho” aun es muy popular y entre la sociedad aun es tolerado el adulterio por parte del hombre, no así para la mujer.

El hecho de que la monogamia fuera un valor primordial tiene como principio el factor de que el hijo que la mujer engendre, si es varón, obtendrá algún día los bienes y derecho del padre, el hijo será el próximo jefe de una familia. El quebrantamiento de la fidelidad, el adulterio, fue gravemente penado, sin embargo, no erradicado y a través del tiempo siempre ha sido popular la figura del marido engañado y entonces la paternidad acabo por convertirse en un hecho de convencimiento moral.

El máximo fin de la mujer era entonces, y sigue considerándosele por muchos, el matrimonio y la formación de una familia, consagrarse a su esposo y a sus hijos y permanecer en su hogar, esto si bien le iba, renunciaba a sus libertades para esto, y si no lo podía lograr le quedaba el papel de solterona, el cual debía de sobrellevar recatadamente y con resignación, mas no con honor, porque el honor es propio del hombre y la mujer solo tenia derecho al sufrimiento que se le impusiera.

Es de notar que el status de la mujer a cambiado ha través de los siglos, primero fuera tratada como una fiera domesticada, luego como esclava, después fiel servidora, hasta que a fines del siglo antepasado fuera considerada ya como una persona menor y desde hace algunos años la figura de la mujer a tomado fuerza y poco a poco a llegado a ser considerada como alguien casi igual en derechos y en capacidades.

Entonces ya hemos visto como ha sido el papel histórico de mujer en la familia: oprimida, sobajada, agredida, menospreciada y hay que reflexionar entonces, quién en realidad es el que se a encargado de sostener este papel, quién es el encargado de fomentar todos y cada uno de los prejuicios en contra de la mujer. A mi parecer, el hombre, en su papel de proveedor, tiene poco contacto con el hogar y deja todo el cuidado de los hijos a la mujer entonces ella es la formadora del carácter del futuro ser humano. Aparentemente el rol de la mujer es muy cómodo, el hombre se enfrenta a el mundo, por así decirlo, y la esposa solo tiene que cerrar lo ojos y dejar que la guíen.

La figura femenina ha sido y es vista como transmisora de la cultura, las artes y la moral. La diosa, la musa y la virgen son percepciones propias del rol femenino. Ella esta encargada de transmitir todo lo “correcto” a los hijos, costumbres y formas de comportamiento son forjados por la madre.

Paradójicamente la lucha por la “liberación femenina” no se lleva a cabo en contra del hombre, la batalla principal es un enfrentamiento entre la mujer y la madre, ambas surgen como matices de un mismo ser y la idea de que las dos sean rivales resulta sorprendente. Mientras que la mujer quiere ser igual en derechos que el hombre, desea tener las mismas oportunidades y libertades, todo esto para un desarrollo optimo de su ser, un desarrollo natural, la madre entonces defiende a capa y espada los conceptos que la mantienen amordazada, defiende la moral que la somete, conserva los valores basados en la superioridad de otro ser y en la inferioridad de ella misma. La madre inculca a las hijas las “buenas costumbres”, ellas deben saber realizar los quehaceres, lavar, limpiar, cocinar, todo para que encuentren un buen marido y luego ellas inculcaran a sus hijos las mismas costumbres. En cambio al hombre se le marca muy bien su papel, el debe ser fuerte, controlar sus emociones y poner en su lugar a la “mala mujer”.

La sabiduría popular condensada en lo dichos proclamados por el pueblo es muy clara, un viejo adagio predicado por las mujeres hacia sus hijos dicta “a la mujer ni todo el amor, ni todo el dinero”, es común que las madres adviertan a sus hijos “cuídate de las mujeres, yo se lo que te digo”. El hombre es el lobo del hombre y la mujer tiene como peor enemigo a ella misma en su papel maternal. Resulta curioso y trágico a la vez pensar como la mujer trata de liberarse de un nudo que ella misma ató. Así que si se busca una liberación de la mujer, una verdadera liberación, si quiere igualar al hombre en cuanto a derechos, primero tiene que liberarse de ella misma, debe de rechazar el papel que se ha impuesto.

En este sentido nos centramos en las actitudes que han deformado claramente a la mujer. Pero cabe hacer mención que en la familia la mujer no es la única victima, el sufrimiento por la transformación del ser no es exclusivo de la mujer. El hombre también ha negado su ser y lo ha cambiado, a él le corresponde uno de los calvarios más dolorosos: el no poder expresar sus sentimientos y ocultarlos. Es una carga muy pesada, la capacidad de crear conceptos que determinen nuestra forma de sentirnos ante un suceso, el asignar significado a un conjunto de sensaciones es algo que diferencia al ser humano de las otras especies. En el hombre, a causa de la cultura, los sentimientos deben de controlarse y no ser manifestados porque el hombre es el ser fuerte y los sentimientos son privilegio de los seres débiles. Por consiguiente, al negarse el sentir, el ser masculino se niega a sí mismo, se niega como ser humano y pierde su identidad. Aunque lo anterior podría ser tema de otro interesante ensayo.

Ahora, la reestructuración de la familia, como una alternativa para un mejor funcionamiento de la misma, según mi criterio, es una propuesta muy razonable. De cualquier manera la familia no tiene un orden común, las familias se componen de muchas y diversas formas. El problema es que el ideal de la familia sigue siendo el mismo; la familia nuclear monogámica. Por la situación económica, el proveedor se ha disgregado hacia ambos cónyuges, en algunos casos hasta los propios hijos tienen que trabajar para sostener la familia. Pero la opinión acerca del rol de la mujer en la familia sigue siendo el mismo que desde hace siglos, esto es, el papel de la mujer se debería desenvolver en el hogar,, cuidando a los hijos, este es el ideal propuesto y aceptado.

La nueva estructura de la familia debería proporcionar a la mujer un rol activo en la sociedad ya que aún se aprecia como extraordinario que una mujer se desarrolle en ámbitos asignados exclusivamente para el hombre. La mujer se debe desenvolver en actividades propias del hombre y viceversa. El tipo de relación en la familia debe pasar de ser un régimen dictatorial a un gobierno compuesto de dos partes igualitarias, estamos hablando aquí del arribo del cooperativismo al seno familiar.

Al inicio de este ensayo imaginé una familia estructurada de forma que todos los miembros de esta contarán con los mismos derechos y privilegios. Sí se requiere de una igualdad jurídica debe haber una igualdad dentro de la familia. Sin embargo, por causa de prejuicios o tal vez como nuestra cultura inculca desde siempre la necesidad de liderazgos o por razones fuera de mi conocimiento, el hecho es que no pude concretizar la idea de un comunismo familiar, pero queda abierta la posibilidad.

Por lo tanto, como antes lo mencioné, propongo una familia que tenga como dirigentes a ambos padres (de forma ideal) o donde no haya un sólo encargado del gobierno familiar. Una estructura que conduzca a la desaparición de los prejuicios en contra de la mujer y de la discriminación hacia sus capacidades, para ello, tanto el hombre como la mujer, deben de compartir obligaciones iguales dentro del hogar y fuera de éste e inculcar una cultura, claramente en contra del dominio y del sometimiento, a sus hijos. Este cambio propondrá un orden social diferente al actual, tal vez mejor, tal vez peor, pero habrá una diferencia.

La mujer en la actualidad se ha ido superando y en poco tiempo logrará un estadio social muy semejante al del hombre. En un futuro las actividades de la mujer cambiarán totalmente, aunque probablemente no sea algo aprobado por los valores familiares, pero estos quedarán relegados solamente a la mención en la vida diaria. Si queremos un verdadero cambio en los valores tendría que ocurrir una transformación radical en la estructura social. Creo entonces que el cambio se dará, pero no será cuestión de sólo algunas décadas. El ser humano ha vivido milenios con una estructura familiar sin cambios a fondo y se necesitarán muchos años también para que exista una reforma real, tanto de estructura como de infraestructura. El cambio aparecerá ya que esa es una constante (al igual que el ser humano) en la historia y en ese período histórico surgirá de nuevo la necesidad de reflexionar acerca de sí la nueva transformación fue lo mejor y vislumbrarán nuevas opciones que para mí, son imposibles de imaginar por el momento.

5 comentarios:

  1. Anónimo12:36 a.m.

    Alejandro,

    Tu ensayo me ha parecido muy certero, solo quiero mencionarte que la lucha no se trata específicamente con las madres sino con todas las mujeres. Con las mujeres que aun viven en "el eterno femenino" aunque cabe resaltar que no es culpa de ellas ni de sus madres, el problema aparece desde tiempos inmemorables. Se me ocurre citar a Simone de Beauvoir, "la mujer no nace: se hace"

    Las mujeres vivimos en un mundo creado por los hombres y para los hombres donde nosotras aparecemos como un ser meramente ocasional o bien como "herramienta de procreación", por lo visto tu ensayo es sencillamente una opinión personal de tu perspectiva sobre la mujer pero te invito a que leas el libro de EL SEGUNDO SEXO de la autora ya citada. Mejorara tu perspectiva y por ende tu ensayo.

    Saludos cordiales,
    Thalia

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  2. Gracias por la recomendación, de verdad no he leído a Simone de Beauvoir, pero por lo que dices parece que vale la pena hacerlo.

    Saludos.

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  3. Anónimo9:24 p.m.

    Me parece muy bueno tu ensayo y tu punto de vista, creo que la cultura familiar debería de cambiar, para lograr la verdadera igualdad entre hombres y mujeres.

    Lamentablemente vivimos en un mundo donde el pensamiento esta enfocado a la idea de que la mujer tiene un "papel", sin darse cuenta que solo es una etiqueta.

    El valor de cada uno de nosotros y de las mujeres se encuentra en nuestro intelecto y en nuestra educación.

    Saludos
    Lia

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  4. brillante!!!!!!!! Realmente brillante y admirable tu ensayo, pocas personas como tu piensan de esta manera.

    Me tome la libertad de citar parte de tu ensayo en una entrada de mi blog, si gustas te invito a chekarlo :D

    http://chicafriki.blogspot.com

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  5. SandyLo3:51 p.m.

    Hola!

    Me gustó tu ensayo, es intersante saber que hay gente que además de preguntarse lo mismo que uno, escribe sus pensamientos.

    Eso del gobierno familiar compartido, me gustó. Creo que siempre ha estado más que compartido, dividido, la mujer decide en la cocina el hombre en el dinero.. etc.

    Saludos.
    Sandy LO.

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