septiembre 15, 2005

El rostro vacío del blog


Pienso en una idea: “Quien lee en un periódico lee para el olvido”, claro que no es una idea original, la he leído de un ensayo de Borges, además encontré una cita parecida en un cuento, también de Borges, en dicho cuento el autor mencionaba que los diarios se leían para el olvido (en el cuento Borges no es Borges y este tiempo no es el tiempo del cuento).

La estructura del blog deviene de aquella propia de los diarios, personales y periódicos, es una fusión de ambos estilos en un marco ya predicho por las páginas Web. Hay muchas características que en él convergen, la necesidad de expresión, la soledad, la vaciedad de los contenidos (me incluyo), lo efímero, el voyeurismo, el travestismo y otras tantas que se me escapan. Pero ahora pienso en la idea del olvido, en Borges, el del ensayo y el del cuento, y me pregunto ¿Por qué esta obsesión creciente de escribir en un blog? ¿Por qué necesitamos escribir para el olvido?

Lo primero es la cultura, recordemos que somos el resultado de una sociedad moderna, es decir progresista y acumulativa, de un periodo industrial que incremento la producción a niveles inconcebibles y que luego, por consecuencia lógica, disparo la tasa de consumo de productos. Venimos de una era de consumo material que casi ha devastado al hombre tanto en la esfera física como en la espiritual.

En esta época el consumo ha dado un salto más o menos previsible, con el incremento de la tecnología, que era necesaria para lo producción, con su avance inmarcesible (aparentemente) la tecnología se ha separado tanto de la ciencia como de la filosofía (que es la fuente de la ciencia), esto lo podemos observar en la hiperespecialización de las ramas científicas y en la creación de una población de "científicos" inmersos únicamente en una área muy restringida del conocimiento con el fin de crear tecnología estable.

La filosofía no entra ni de broma en esta nueva era tecnológica, y la ciencia ha quedado relegada a ser un mero peón de la técnica. Así que ahora el consumo material ha dado cabida a un consumo aun más cáustico, el consumo de información.

Vivimos consumiendo información, los datos son un bien de suma importancia, es factor de presunción el nivel intelectual de cada individuo, la cultura (en su definición de producto) es importante como antes lo era poseer un auto lujoso. Se busca información de todo tipo, ya sea libresca, musical, pictórica, arquitectónica y también sobre espectáculos, moda, vida privada, etc. En esta era la información es homogénea, la posmodernidad iguala, en un afán democrático, todos los temas, todos son importantes al fin y al cabo.

Detrás del monitor, las personas consumen, pero en una suerte de bulimia informática, necesitan desechar ese exceso de vacuidad (porque la información sola no es conocimiento ni mucho menos sabiduría). Los más escriben en foros o chatean, pero una gran parte ha visto en el blog el medio ideal para poder soltar esa verborrea que tanto los aturde, imbuidos como están por un grado de ipseidad que rebasa lo antes conocido.

No es justo generalizar, pero si hay que notar una tendencia, se dice que el blog marca un hito en la libertad de expresión, pero la libertad de expresión también es puede ser libertad de desencanto. Que una persona pueda hablar no quiere decir que tenga habilidad verbal, que una persona pueda expresarse no quiere decir que sepa que expresar ni como hacerlo.

Así que descarto el sentido del blog como medio de libertad y creo que es, por el contrario, una cadena más que el sistema impone a la masa. En el blog, y ya antes en los periódicos, las revistas y en los noticiarios, no se busca la liberación de la información, sino el encadenamiento del sujeto a la necesidad de expresarse e informarse. Las personas lanzan post's a diestra y siniestra para decir todo, "estoy cansado" leí una vez y en otra ocasión "hoy no voy a postear". ¿Exhibicionismo mediático? más bien tenacidad del poder político para obligar, a modo de proposición, a que el sujeto exprese oquedad en palabras innecesarias.

En el consumo necesario (pero sin sentido) lo que se busca es la acumulación, pero lo que se logra es la degradación, todo lo acumulado se convierte en inservible, lo mismo sucede con el blog, todo lo acumulado en las paginas virtuales desaparece y se convierte en exceso, sobre una red que vive de la acumulación de excesos, este es el sentido del olvido. Pero el que escribe para olvidar ¿Qué quiere olvidar?

Bueno la respuesta es tal vez más sencilla de lo que parece. Veamos, otro aspecto de nuestra cultura es la obsesión por lo corporal, por la belleza física, por la prolongación de la vida y por el detrimento de la muerte, ya que esto es, en nuestro medio, un signo de desgaste, la misma decadencia que se eleva en el plano del consumo, nuestra vejez nos recuerda que somos mortales y que estamos desperdiciando nuestra condición, por eso la ocultamos.

Pero el tratar de rechazar a la muerte y prolongar la vida es una aberración propia de nuestro tiempo, no es algo natural, ni adecuado. La muerte es el sentido de la vida y su duración es la forma tacita en la cual todo obtiene un fin concreto, inescrutable claro, pero útil en un sentido trascendente. El rechazar la muerte es también rechazar la esencia de la vida, olvidar la vida y cada momento, cada instante, es un recordatorio de que somos mortales y finitos, por supuesto para la lógica del consumo esto es inaceptable. El hombre que consume, consume para la inmortalidad (ilusoria por supuesto).

Y el hombre que escribe para el olvido no hace más que consumir, porque también lee para el olvido, y en cada palabra escrita piensa que puede vencer a la muerte, escribe para no vivir, para no morir, para desechar toda esa información que lo corroe, pero que aun así sigue consumiendo, porque más allá de él existe algo que lo obliga a informar e informarse aunque sea en el vació, aunque sea sobre el vació, mientras otra parte de él lo impele a no morir por medio de la trascendencia efímera de la palabra.

Me pregunto si habrá que volver a los esfuerzo de los simbolistas franceses, si habrá que oír el llamado de Mallarmé a volver la información (ya no tan sólo la poesía) un monopolio, antes que el conocimiento decaiga y con el la sabiduría, tal vez lo veamos pronto, tal vez no.

Pero ante estas fuerzas el hombre no puede ganar, al fin este fenómeno implica no una energía externa sino la energía humana utilizada para su propio control y la destrucción. Yo por mi parte escribo para el olvido, por supuesto, porque soy humano y mi alma es sencilla, por no decir débil, y a la manera de los antiguos espero que el olvido me conduzaca a un objetivo perseguido por cada hombre desde su nacimiento, y corro, junto a toda mi especie, hacia la disolución.

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