noviembre 11, 2005

Ante el fin de las instituciones (Primera parte)


Posted by Picasa

Cuando la desconfianza del publico, de las nuevas generaciones, en las instituciones que sustentan los procesos de socialización, llega a tan altos niveles como los actuales, cuando el malestar general amenaza los organismos de control político-económico, cuando toda institución, incluso la familia, es puesta en evidencia negativa por la comunidad en general, resulta erróneo indagar acerca de la confianza de las personas en dichas instituciones, es mas conveniente hacer un recuento y aceptar la naturaleza de todo lo imaginario, es decir, su disolución ante la realidad.

Para este propósito es debido pensar que nuestra época solo es una sucesión de aconteceres en un periodo histórico limitado, hay que centrar el problema que trataremos en un momento histórico determinado, pero no sin olvidar sus orígenes, su génesis a través de las imbricaciones fabularías que constituyen lo que llamamos La Historia.

El punto de comparación de nuestra sociedad actual es el periodo inmediato al que esta sucedió, la edad media. El periodo Medieval se conoce por su aludida inclinación a la ignorancia, es un periodo que recordamos por la falta de sensatez, de ideas, de razón. Lo llamamos peyorativamente Oscurantismo e imaginamos su existencia en el tiempo como un velo negro sobre las luces de la razón, que a su término resplandecieron con fuerza.

Nada más falso. El Medioevo debe ser visto como una época en que tal vez el racionalismo no imperaba, pero que era compensado por una imagen orgánica del mundo. Fenómenos como la brujería, lo hacen notar, el ser humano no era un ser fragmentado, sino parte de una unidad que lo sobrepasaba, parte de un todo natural que le daba sentido a su existencia.

Las instituciones que daban peso a esta forma de vida fueron la monarquía, los feudos y la iglesia. Lamentablemente, como ocurre casualmente con el poder, este corrompe lo que este a su alcance, a lo que sea débil de espíritu, y que criatura mas débil de espíritu que el hombre. Las instituciones de alguna manera no pudieron sustentarse de forma correcta y colapsaron, lo cual no significo su fin sino más bien una mutación en sus órdenes previos.

Pero esto no es nuevo, las instituciones van y vienen, esa es su dinámica, podemos conocer los límites de una época por el tiempo entre el auge y el desmoronamiento de sus aparatos públicos. La historia de una cultura es la historia del principio y fin de sus instituciones.

Veamos la importancia de estos organismos. Si aceptamos la hipótesis de Freud que indica que el hombre es en esencia un conjunto de pulsiones que esperan ser satisfechos, entonces debemos admitir que el yo es un medio represor de la esencia humana, al anteponer el principio de realidad al principio de placer también reprime las exigencias inconcientes del sujeto social.

Admitamos que, como dijo Hobbes, homo homini lupus. El hombre es un ser autocomplaciente por naturaleza y necesita para sus supervivencia ciertos medios que pongan limites a su despreciable ambición de narcisismo y de deseo de dominación sobre los objetos.

Dice Laplantine que “toda cultura nace de una paradoja inaudita […] la cultura nos “acultura”, es decir, no enseña a renunciar [y] nos promete lo imposible: la felicidad absoluta y la reconciliación total”

La cultura nace como una herramienta que despoja al individuo de su demanda de amor infinito, de tranquilidad, de paz, de ese sentimiento oceánico del que también hablo Freud, nos despoja de la unión con el símbolo al que siempre trataremos de regresar, la madre. Nos quita todo ese placer con el propósito de poder funcionar correctamente en un medio social preestablecido, nos moldea hasta el punto en que somos capaces de desenvolvernos con semejantes y aportar algo a la supervivencia del sistema institucional.

En esta parte resuena aquella ideación freudiana referente a la “horda primitiva”. Lamento no tener para consulta el libro así que me valdré de un texto de Herbert Marcuse, en cuyo brevísimo estudio previo se hace referencia a esta hipótesis.

Este individuo, el padre, se impuso a los otros, y a fin de garantizar la cohesión de la horda, organizada en la dominación, impuso una serie de restricciones: monopolizo a las mujeres –es decir, el placer- y establecían en consecuencia unos tabúes y unos deberes hacia la comunidad –fundamentalmente el deber del trabajo a fin de satisfacer las necesidades del grupo-. Pero los hijos se rebelaron contra los tabúes que impedían la obtención del placer y contra los deberes penosos; la rebelión culmino con el asesinato del padre, que fue sustituido por el clan fraterno, pero este, a fin de asegurar la cohesión del grupo, mantuvo las prohibiciones, los tabúes que el padre había implantado.

De esta forma nace el super ego y con ello la civilización tal como la conocemos. Marcuse agrega que: “El recuerdo de los impulsos y las acciones prehistóricas sigue persiguiendo a la civilización”.

Así que el conjunto de hermanos comete el ansiado parricidio, pero al ver que no hay control en su horda establece de nuevo los preceptos que el padre había usado para el control social. La culpa es doble, matar a quien se ama, porque ellos amaban al padre después de todo, y después inmortalizar al tirano, porque el padre también era un tirano, de acuerdo con Freud así nace el Tótem.

Vemos entonces que las instituciones son esa continuación del poder tiránico que el padre ejercía, son la imagen simbólica de un padre omnipotente y omnisapiente, que impone reglas para que la sociedad funcione como un órgano coercitivo en un estilo eficiente. Esta es por lo menos la base de todo patriarcado, como lo es nuestra cultura.

2 comentarios:

  1. Honestamente no logro recordar donde leí una vez una idea que hablaba de lo mismo, y... no sé si tu postura ante las instituciones sea la misma que la de tu escrito, personalmente estoy a favor de ellas. Quizá hay algo de tirana en mí.

    Me parecen un buen modo de repartir labores, es como cuando en casa a cada quien se le asigna una tarea. Llevadas de modo correcto, las tareas se optimizan y se llevan a cabo más rápido.

    Aunque bueno... creo que ese no es el punto de tu escrito, así que mejor le paro.

    saludos! :)

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  2. Aunque no lo parezca :) yo tambien apoyo a las instituciones, por lo tanto comparto tu opinion, pero tambien creo que las instituciones tienen un desarrollo en el cual la decadencia y la muerte estan presentes. El que sean tiranicas y represoras es necesario para que el individuo crezca, sin embargo en nuestra epoca hemos llegado a un punto en que nuestras instituciones deben de dar paso a otras nuevas, con nuevas formas de organzizacion y nuevos sitemas represores. Asi que no hay problema pensamos muy parecido.

    Saludos para ti, nos vemos.

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