noviembre 14, 2005

Ante el fin de las instituciones (Segunda parte)


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Las instituciones funcionan como el vínculo del individuo con lo social, de cierta forma las instituciones son la representación física del poder, por lo tanto sus limitantes son muchas, pero sus alcances también, el miedo que engendran, el repudio, son necesarios para el cumplimiento de las leyes, de los acuerdos y de los edictos por los que transita la socialización.

Pero nunca existirá un acatamiento total de las fuerzas institucionales, el hombre en su interior busca eso que la ley restringe, eso que la iglesia niega, eso que el estado oculta. Busca el poder de ser el mismo, mientras que las instituciones lo que buscan es su normalización, su apariencia, nunca su esencia.

La rebelión contra el padre, que desembocara en el parricidio puede que no sea una constante en el curso de las civilizaciones, aunque podemos observar que si las instituciones están imbuidas de todo ese poder falico representativo de lo masculino, del padre, entonces puede que nuestro destino no sea otro que el de Edipo.

No podemos negar que nuestra civilización occidental se encuentra en un transito peligroso hacia una etapa histórica ulterior al modernismo, y como se dijo anteriormente, la historia esta limitada por el desmoronamiento de sus instituciones, y esto es claro en la historia de nuestra cultura.

Lipovestky observa que:

Aquí como en otras partes el desierto crece: el saber, el poder, el trabajo, el ejercito, la familia, la iglesia, los partidos, etc. ya han dejado globalmente de funcionar como principios absolutos e intangibles y en distintos grados ya nadie cree en ellos, en ellos ya nadie invierte nada.

Cuando nos enfrentamos a un tiempo en donde el paro es la situación laboral de muchos, en donde la iglesia ha perdido toda credibilidad, en donde la institución de la familia es difusa, en donde el poder es corrupto, en donde el estado es negligente, la credibilidad en las instituciones se ve tremendamente mermada, la generación de jóvenes que actualmente conviven con el organismo institucional desconfían gravemente de él. Siempre han desconfiado pero ahora se revelan abiertamente.

En el 68 se pudo asistir a una singular rebelión de los jóvenes contra “el sistema”. Los temas eran principalmente la discriminación racial, los derechos de las mujeres, el fin de la guerra (de Vietnam). La rebelión término, después de todo no era más que un espectáculo, sin fundamentos firmes, pero dejo atrás una inquietud que aun pervierte a las mentes jóvenes de esta época, las pervierte en el sentido que Baudrillard le da a este término, la perversión de los términos.

Esta inquietud perversa consiste en el quebrantamiento del poder de las instituciones, antes omnipotentes. Ahora se sabe que no son invulnerables, que pueden ser presa de miedo y de destrucción y que deben ser exterminadas, porque nos han fallado, porque no han cumplido con el sueño que prometieron. La paradoja con la que Laplantine antepone la “aculturacion” es que después de esta represión violenta, la cultura promete la felicidad al individuo, sabiendo que esto es imposible.

La modernidad prometió la felicidad y no pudo cumplirla, como era de esperarse. La modernidad solo pudo sustentarse por su oposición al antiguo régimen teocratico, como lo refiere Touraine “La idea de modernidad no obtiene su fuerza de su utopía positiva, la de la construcción de un mundo racional, sino que la obtiene de su función crítica y por consiguiente, solo la conserva mientras persista la resistencia al pasado.”

La idea de modernidad se funda en la descomposición de la antigua organización social basada en Dios, la era medieval basaba sus funciones en la fuerza de lo divino. La modernidad sustituye esta coerción divina por una coerción terrenal, aunque no menos numinosa, que es la ciencia fundada en la racionalidad.

La racionalidad auguraba un futuro utópico, en donde el hombre seria vuelto al paraíso por medio de los avances técnicos, imaginaba un reino de jauja en donde la tecnología dominaría y resolvería los problemas del ser humano. El comunismo, por ejemplo, es esa fase en donde las maquinas harían el trabajo, permitiendo al hombre enfrascarse en problemas puramente espirituales, esta era la respuesta al capitalismo que Marx soñaba.

Como ya se menciono este sueño fallido constituyo una gran depresión para aquellos que habían abdicado su voluntad a un sistema racional en aras de un paraíso prometido. La humanidad vivió una etapa en donde lo que se buscaba era el ascetismo, el compromiso y el sacrificio, una era prometeica que se suponía traería cosas mejores para todos.

El padre que prometía recompensas, a cambio de la obediencia, no cumplió con su parte del trato y los hijos ahora se vuelven contra el, lo desprecian, lo odian hasta la muerte. El sentimiento de parricidio aflora, sobre todo porque el padre solo fue represor, nunca dador. Y es que la única figura que puede ser dadivosa es la madre, pero en este lapso histórico que supone la modernidad, la madre estuvo fuera del juego, aparentemente.

Lo femenino es lo único omnipotente, lo masculino tiene el poder, pero lo femenino imprime la potencia necesaria para el funcionamiento del universo. La época de la razón, que es un atributo masculino, no hubiera podido salir avante, aunque fuera un mínimo tiempo, sino es por su resistencia (inútil) a lo femenino.

Dice Bettelheim: “los hombres han erigido su poder y sus instituciones solo para contrarrestar los poderes originales muy superiores de la mujer” continua diciendo Baudrillard “El motor no es la envidia del pene, al contrario son los celos del hombre de la fecundación de la mujer”, diríamos que de la capacidad creadora de la mujer.

El hombre trato de crear a través de la producción y fallo, y los hombres que resultaron de este intento fallido de creación están intensamente contrariados, no entienden, se encuentran confundidos, llenos de odio, pero sin dirección. Esto pasa desde hace algunas generaciones a la nuestra, y puesto que el padre (las instituciones) sucumbe, los jóvenes maduran sin ejemplo, sin un símbolo masculino que les proporcione una guía apropiada.

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