diciembre 09, 2005

El caballero y el dragon de tres cabezas (o sobre el id, ego y superego)


Al terminar el recorrido por ese bosque lleno de pureza pudo ver a lo lejos una entrada oscura, una cueva seguramente, pero su trote fue cortado furtivamente por la visión estremecíente de una criatura milenaria, del rey de los cielos y mares, vio ante sus ojos al terrible dragón. El dragón era una bestia magnifica, bella como las nubes y majestuoso como la aurora de las mañanas. Era un ser de monstruosas proporciones, media decenas de metros de la cabeza a la cola, y las alas alcanzaban a eclipsar el día con solo un batir pequeño de estas. Al caminar la roca mas dura se desmoronaba a su paso y al iniciar el vuelo el mar se separaba y el cielo habría sus puertas para rendirle pleitesías, no cabía duda que era el señor del tártaro antiguo. Pero una de las características mas importantes de este ser virtuoso, era que tenia tres cabezas, una saliendo de la primera y la otra de la segunda, como una enramada tricefalica que parecía cumplir un propósito muy complejo y ordenado. Y así era, cada cabeza tenia una función en específico y jugaba un papel irremplazable por las otras. La primera cabeza era guiada por sus impulsos, buscaba solamente su autosatisfacción y la pronta obtención de gratificaciones, era una criatura casi incontrolable regida por la necesidad de satisfacción, por el saciar su apetito voraz. La segunda cabeza, que surgía de la primera, eran en cambio la que le permitía al dragón conocer su realidad; con esto las oportunidades y limites que tenia en su entorno, así que esta cabeza limitaba las gratificaciones de la primera solo a situaciones oportunas en donde su integridad no fuera a estar comprometida. La ultima cabeza, surgía de la segunda, era una cabeza dominante, que estaba atento de las reglas sociales de la manada de dragones, parecía tiránica y malvada, porque reprimía a la primera cabeza y dominaba sobre la segunda, pero su función era tan importante que sin ella la convivencia de los dragones hubiera sido imposible y hace tiempo se habrían matado unos a otros en su instinto voraz.

El dragón parecía invencible como si ningún acero pudiera traspasar esa piel forjada al calor de los infiernos, tan dura que aparentaba haber sido templada durante cientos de años, ¿que espada podría vencer tan fiera bestia? tanto pesaban las leyendas que el caballero dio un paso hacia atrás y mantuvo su escudo en alto. Entonces una idea le vino a la cabeza y asintió con gran seguridad. Fue a donde el dragón y llego sigilosamente hasta la primera cabeza, y le murmuro al oído todos los placeres que el mundo le ofrecía y como las demás cabezas le impedían su propósito, le incito a seguir sus instintos y devorar todo a su paso. Inmediatamente llego hasta la tercera cabeza y también le hablo bajo al oído, esta vez expreso a esta lo grande que era, al poder controlar a las otras dos cabezas, y que era inminente que mantuviera un control autoritario sobre las otras. Entonces comenzó una discusión entre las cabezas, que desencadeno en una feroz pelea entre estas. La segunda cabeza, no pudiendo controlar a las otras dos, se desplomo y se dejo devorar, al morir la segunda cabeza; las otras dos también murieron y ese fue el fin de esa gran criatura.

El no poder controlar sus impulsos y el ser altamente reprimido no le permitió al dragón el control sobre si mismo y esa fue la causa de que pereciera de tal forma.


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