enero 11, 2006

Divagaciones (El Dios que sueña)


Posted by Picasa

El conocimiento que tengo del mundo, como Kant lo hiciera notar, es solo una interpretación que hago del mismo. Mi fenomenologia conforma unos espejuelos por los que la realidad se filtra y me muestra un mundo ya no real sino enriquecido, o empobrecido, por ese sustrato ilusorio que son mis pensamientos.

El mundo es más o menos lo que pensamos de él, como hombre no tengo una certeza del mundo que me rodea, solo de mi propio mundo, el que me habita. A diferencia de los dioses y las cosas, yo soy un ser inacabado, con forma cambiante, mientras el mundo, perfecto y magnánimo como es, resulta un lugar irreconocible para mis pobres percepciones.

Dios creo el mundo, pero no fuera de él, lo hizo dentro de si mismo, de alguna forma divina deformo el interior que lo imbuía y lo transformo para volverlo algo diferente, pero solo en apariencia, porque solo la apariencia es potencialmente deformable.

Y nosotros, pobres criaturas no podemos presenciar a Dios, porque el mundo es un atributo de Dios, y por lo tanto cada intento de ver al mundo como tal, culminara o con la desesperanza o con la disolución. Ver a Dios es ser Dios, y con ello viene la difuminacion del ego, de la individualidad, de la conciencia.

Así como la eternidad se presenta en forma de tiempo para que el hombre pueda ser testigo de ella, el universo entero se nos presenta en un estado alterado y nunca natural, todo lo existente es ilusión, pero una ilusión necesaria para desenvolvernos con nuestra precaria humanidad.

Si el mundo existe yo no lo se, el que algo además de mi exista es una hipótesis entre muchas, yo creo que hay un mundo en el que vivo, escribo y me desarrollo, y creo que hay otros que están viviendo vidas semejantes a la mía, por ser de mi misma especie, pero esas son solo suposiciones que nunca podré comprobar con certeza.

Me queda la fe, y la esperanza de que si el mundo es ilusión, yo también lo sea, y estos pensamiento pronto se esparzan como el viento sobre las copas de los árboles y una noche alguien despierte, quizás Dios, y recuerde vagamente que existió un universo y dentro de él algunos hombres que escribían sobre las dudas de su existencia y sobre un Dios que una noche despertó y recordó un universo en el que…

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