marzo 09, 2006

Las aguas superiores y las aguas inferiores


Posted by Picasa

Decía Jacinto Benavente, aquel dramaturgo, que “una hora de alegría es algo que robamos al dolor y a la muerte, y el cielo nos recuerda pronto nuestro destino”. También Robert Browning expresaba algo parecido en un fragmento de su poema llamado Bishop Blougram's Apology:

Just when we are safest, there's a sunset-touch,

A fancy from a flower-bell, some one's death,

A chorus-ending from Euripides,-

De todos lo sucesos que Browning enumera el mas impactante es aquel que hace alusión a ese final de un coro de Euripides, es aterrador.

Borges recuerda que su maestro Rafael Cansinos-Asséns había escrito una plegaria que decía: “Oh, Señor, que no haya tanta belleza”. En otro lugar Borges, ante un tema parecido, habla sobre la posibilidad de que el mal este justificado, y en ese mismo lugar (no pienso decir donde) expone una reflexión sobre un poema, seguramente apócrifo, que versa sobre las aguas de un rió secreto, que mientras fluyen justifican el horror que cometen los hombres.

Alguna secta herética contemplaba la virtud como una infamia contra Dios, por eso preferían hacer el mal, pues esa era su forma de ascetismo.

¿Acaso la alegría de vivir no es un robo, la felicidad no es algo arrebatado? ¿y acaso no el bien que se hace se compensa con su opuesto en algún lugar del universo? no lo se, pero me queda la sospecha de que al hacer bien producimos mal y viceversa, pues no sabemos en donde terminan las consecuencias de nuestras acciones, y un pequeño acto de virtud (o maldad) puede convertirse en un inmenso bien (o mal), casi infinito, que acabe por devorar el universo.

O tal vez el universo este exento de esas interpretaciones que hacemos los humanos, con esta endeble conciencia, y todo acto sea premeditado por un orden implícito, entonces no habrá que preocuparse por el mal o el bien, porque significarían solo ilusiones, ilusiones aunadas a la otra gran ilusión que es la libertad.

El mundo es perfecto porque no es conciente, y me refiero a la conciencia como la concibe el propio hombre, es decir, la conciencia humana; y al final bien y mal se reúnen en su superficie y no son diferentes, así como yo antes no era yo y mañana tampoco lo sere, el mal (el bien) que ahora observamos es un sueño que pronto se desvanecerá en la eternidad, ese lugar en donde todo es igual a todo.

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