mayo 08, 2006

Alquimia (parte I)


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El antiquisimo arte de la Khemeia, de acuerdo a Asimov, tiene sus orígenes en el antiguo Egipto y tiene que ver, en un principio, con cuestiones prácticas religiosas, en este caso el embalsamamiento y conservación de los cuerpos. Después su uso es adoptado en la Grecia antigua y combinada con nociones aceptadas sobre la composición de la materia, se deduce que es posible transmutar los metales a otros si las cantidades de sus componentes son alteradas para semejar el material al que se pretende llegar.

Durante la edad media los árabes se ocuparon de rescatar una parte significativa de las enseñanzas griegas, y así como revivieron los diferentes saberes acumulados por esta civilización, también rescataron del olvido la antigua practica mística y fue así como según Asimov “khemeia se convirtió en al-kimiya, siendo al, el prefijo correspondiente a “la”. Finalmente la palabra se adoptó en Europa como alquimia, y los que trabajaban en este campo eran llamados alquimistas”.

¿Pero que es lo que hacia la alquimia?, existe una respuesta fácil para esta pregunta tan extensa: “es la ciencia del pretendido arte de fabricar oro” (Federmann)

Efectivamente, los alquimistas eran conocidos por su afán por conseguir la transmutación de ciertos metales en otros más valiosos, el principio era el anteriormente explicado y el problema más grande era saber la proporción exacta de materiales que se debían mezclar para obtener derivados.

El oro en la cultura occidental, a causa de su escasez, ha sido un metal muy preciado, y aunque no tenga una utilidad precisa, su uso suntuario lo convierte en un símbolo de riquezas y, por lo tanto, de poder. Aunque una mas profunda revisión del significado del oro, puede llevar al interesado a consideraciones tales como las que Federmann hace: “Cuando fue extraído de la tierra por primera vez, hace ya mas de cinco mil años (hacia el año 3500 a. C. en Nubia) era algo sagrado; era el sol sobre la tierra, y el sol era Dios”.

El oro cobra así dos significados totalmente opuestos, pero convergentes a un nivel superior. Primero el oro como fuente de riqueza y poder, como instrumento mundano de la torpe avidez humana. Y segundo, como símbolo de lo divino, del sol que alimenta con su vida a los seres vivientes en esta tierra, del dios omnipotente que desde el cielo observa a sus servidores, pero también como un origen al que el ser humano deber ser capaz de regresar.

En cuanto al primer significado, los alquimistas usaron sin duda su conocimiento para tratar de encontrar la forma de trasmutar los metales, en especial el plomo, en oro, esta era una pretensión difícil de rechazar debido a los grandes beneficios que conllevaría el poder hacerlo, la fortuna, la fama, el poder y todo lo que viene acompañado con estos grandilocuentes sueños.

A pesar de haber usado un conocimiento y método que podría considerase herético la alquimia no fue prohibida, por causa de su fachada de objetivo, fue esta razón la que le permitió a los alquimistas seguir sus “experimentos” sin el temor de ser perseguidos. Aunque lo último no fue siempre cierto, por ejemplo Asimov menciona que el emperador Diocleciano, de Roma, temía un desmoronamiento de la economía, el cual ocurriría sin duda si el oro fuera fácil de fabricar, así que en la época de Zosimio, ordeno la incineración de todos los materiales que trataran la khemeia.

Muchos siglos duro el ejercicio de la alquimia y seria excesivo tratar de reducir la historia de esta disciplina, con todos sus autores y personajes, anécdotas, que van más allá de los límites de este pequeño texto. Se tratara, a causa de esta limitante, de mostrar solamente un aspecto pocas veces tomado en cuenta en la alquimia, su valor simbólico.

Berman habla así sobre la visión occidental moderna de la antigua alquimia:

Si han de creerse los textos convencionales de historia, la alquimia fue un intento de encontrar una sustancia que, cuando se agregara al plomo, transformaría este en oro. Alternativamente, era el intento de preparar un líquido, el elixir vital, que prolongaría indefinidamente la vida.

Después de esta afirmación Berman alude a la insensatez de estos objetivos comparados con los objetivos planteados por la ciencia que actualmente se conoce.

Se reconoce a la alquimia como la disciplina predecesora de la química (igual que a la astrología la predecesora de la astronomía) y que en la búsqueda de nuevas sustancias se llegaron a resultados prácticos que fueron de gran importancia, por ejemplo Asimov en su descripción de la alquimia cita varios de estos descubrimientos:

Alberto Magno describió el arsénico con tanta claridad en el transcurso de sus experimentos de alquimia, que en ocasiones se le considera como el descubridor de esta sustancia [y] [Geber] Fue el primero en describir el ácido sulfúrico, la sustancia simple mas importante de las utilizadas por la industria química en la actualidad.

Por mucho se trata a la alquimia como un pensamiento primitivo, algunas veces afortunado, perfil de lo que mas tarde sería la química formal, y por lo tanto se le ha relegado a la categoría de misticismos que tanto fastidian a los hombres de ciencia.

Berman admite la existencia de charlatanería por parte de algunos alquimistas, pero dice que “una detenida observación de los grabados sobre la alquimia de la Edad Media y del Renacimiento, tales como los coleccionados por Carl Jung, es suficiente para convencernos que esa charlatanería apenas si era la historia completa”.

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