septiembre 01, 2006

Breve nota a "La mascara de la muerte roja"


Esta es una pequeña interpretación de uno de los cuentos arquetípicos de la narrativa contemporánea: La mascara de la muerte roja, de Edgar Allan Poe de quien se dice renovó el cuento y la novela del siglo pasado; este cuento se puede encontrar en las innumerables ediciones de sus Narraciones extraordinarias o en las colecciones de cuentos completos, de dicho autor, del cual recomiendo la versión de Alianza en dos tomos; si acaso no se conatara con ninguna edición disponible en este párrafo pongo una liga a una versión del cuento en cuestión.

Aunque sea pretensiosa la idea de interpretar, me disculpo con el pretexto de que este cortisimo análisis esta fincado en las ideas que en este blog se han venido repitiendo, que por lo menos a mi no me han parecido del todo satisfactorias y por lo que son necesarias tantas apologías.



Hay en la mente humana una seguridad, tristemente implícita, de que el destino nos atrae a su flujo desde las más verdes vaguedades de un paisaje que no seremos capaces de comprender.

Un hombre sencillo sabe que la muerte le espera al final de una tumultuosa senda. Pero hay quien se resiste, quien no concibe o no quiere concebir, que el trayecto de los seres es finito; quiere ser Prospero de por vida, igual que el príncipe, y se encierra en las catacumbas artificiales que nos ofrece la mente humana.

Poe llama a su príncipe: “intrépido y sagaz”, milenios antes el titán Prometeo había sido llamado “sagaz y astuto” en el relato de un supuesto Hesiodo. Prometeo era un dios tramposo, generoso eso sí, pero rebelde, comparte con el personaje del príncipe estas características; sin embargo, este príncipe no se revela contra los dioses, se revela contra el mismo destino, contra la muerte y el mal que son sus formas originales; se revela contra la vieja Ananke y contra Chronos, rebate la sustancia de su propia existencia y se obliga a ser feliz en contra de todas las reglas que rigen el universo.

El escape del príncipe es acaso curioso mas no original, en general existen dos formas para escapar de lo que sea si hay la oportunidad, una es alejarse lo mas posible del lugar no deseado y otra es insertarse lo más profundamente en los remotos laberintos de uno mismo; los dos recursos son arduos y los dos son ilusorios.

El príncipe se encierra en su castillo, que es otra forma de él mismo, y la comitiva de cortesanos lo acompaña a cerrar las puertas y soldarlas de manera que nadie pueda entrar o escapar. A pesar de la beatitud aparente, el miedo no deja de rondar a los que ahí concurren, y el gastado reloj de ébano les recuerda a todos, con cada campanada nueva, algo que es de por si sabido: el tiempo es imparable.

El castillo se configura como un laberinto, ya se insinuó esto, y las siete cámaras distintas dan la impresión de algo infinito; por otro lado, los corredores de todo laberinto contienen algún peligro insospechado, todo laberinto contiene su Minotauro, y tarde o temprano se nos confronta. Ese es el destino que nadie puede eludir, la muerte roja que nos acecha en cada rincón.

Y por eso la alegría dura siempre muy poco, unos instantes solamente y ya sabemos que un invitado no deseado en nuestra inútil mascarada ha de hacer acto de aparición. Por más que se trate de escapar nadie podrá recorrer el camino suficiente para eludir a la tragedia, esta ésta siempre un paso delante de cualquiera, y las trampas que los hombres idean para detenerla no son sino formas que ella misma les proporciona para poder continuar con su cruel juego.

Así, el príncipe se confronta con ese destino del que creyó haber escapado, y una especie de vértigo, tal como dice Poe que es un síntoma de la enfermedad, se apodera del personaje y lo impulsa a correr hacia su propia muerte, pues la muerte es seductora, pervierte las formas y las atrae a su vacío, así maquina el plan de vida de cada ser. Por eso mientras más se huye, más se acerca uno a su propia muerte.

Esta es una de las tantas interpretaciones que alguien podría hacer del cuento de Poe, no descarto la posible denuncia o apología del socialismo, o la rememoración del pasado real de una tierra que sufrió una interminable peste. Pero la tragedia cobra su lugar en la mente de quien la busca y abarca los pensamientos que otrora pertenecieron a innumerables temas.

El destino tiene incontables formas y es posible que Poe hablara de otra cosa, tal vez del inconciente que puede ser representado por ese cuarto negro con vitrales rojizos, tal vez de su miedo a ser enterrado vivo. Lo más probable es que solo quisiera escribir una historia, y es factible que este deseo represente todas las contingencias que alguien haya imaginado, al fin Poe fue un talentoso escritor pero también fue un hombre atormentado y los hombres así tienen sueños como este del que se acaba de hablar.




1 comentario:

  1. muy buenas las interpretaciones !
    sólo me quedó la duda de qué represantaban cada habitación y los colores tienen algo que ver seguramente y que sean 7?

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