septiembre 13, 2006

Chejov y la objetividad

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El triangulo de Fritag, como nos dice Zavala, representa la estructura arquetípica del cuento en general, tanto clásico como moderno, con una exposición introductoria, seguida de un desarrollo del conflicto y culminada en un apoteótico desenlace. Todo esto combinado con una brevedad del relato fijado en un efecto claramente definido, componían el cuento desde que Poe lo reestructurara con su famosa unidad de impresión.

Pero parece ser que la tradición occidental del cuento moderno no cobro la suficiente influencia sobre los artistas dedicados a este arte en la antigua Rusia. Antón Chejov es un claro ejemplo.

Si algo caracterizaba la narrativa de Chejov fue su profunda creencia en la austeridad del lenguaje, es decir, para Chejov era más importante la brevedad que las descripciones prolijas. El autor decía: “…en los cuentos es mucho mejor quedarse corto que decir demasiado.”

Cuando se leen cuentos como “Una mujer sin prejuicios”, lo primero que se nota es la total falta de adornos, no hay un encadenamiento de adjetivos tras un sujeto que queda abigarrado por la profusión de los mismos. En el momento en que describe a su personaje dice de él: “es alto, fornido, corpulento, sin temor a exagerar, puede decirse que es de complexión atlética”, luego viene una exposición de los curiosos atributos de dicho personaje, pero prevalece la abreviación.

También es de notar que en este cuento los personajes son solo dos, Maxim como el principal y Elena como el objeto amoroso. “El centro de gravedad debe caer en dos personas: él y ella, como recomendaba Chejov en otra epístola.

Sin embargo, un punto importante que me gustaría resaltar es el de la terrible objetividad de la que algunos acusan a sus cuentos.

En una carta a A. S. Souvorin, Chejov se lamenta diciendo: “Me reclamas mi objetividad, llamándola indiferencia hacia el bien y el mal, falto de ideales y de ideas y quien sabe qué cosas más” y ciertamente esto no era nuevo para él, Maugham refiere que esta meta de objetividad le trajo a Chejov muchas injurias por parte de algunos escritores contemporáneos que tenían como convicción que el escritor debía comprometerse con los temas sociales.

Pero Chejov prefería apartar toda subjetividad de su trabajo, para él lo importante era describir la acción de los personajes, no tanto su psicologia, pretendía que lo narrado expusiera por sí mismo las condiciones del drama tratado, importaba el tono más que la anécdota.

“Cuando escribo confío plenamente en que el lector añadirá los elementos subjetivos que estén faltando en el cuento”, así la impresión objetiva que al parecer rodea al cuento no es más que un recurso del autor para obligar al sujeto a participar del texto, dando su punto de vista, tomando partido por la causa del protagonista o repudiándola, según sea el caso, pero nunca quedando impávido ante el vértigo de la obra.

El ejercicio de la medicina seguramente proporciono a Chejov una gran capacidad de observación y sobre todo de empatia con el fenómeno humano, cualidad que caracterizo a los buenos médicos de antaño. El conocer al hombre le dio una gran herramienta para no tener que explicarse a si mismo que pasaba con sus personajes, pues de antemano conocía el camino por los que la historia los llevaría, tanto en lo exterior como en lo interior.

De cualquier forma, la objetividad era más una característica del escritor que un criterio prefigurado y estudiado, quizá primero apareció en escena la dote narrativa y luego surgió la explicación racional.

Koteliansky dice: “Chejov, en su maravillosa objetividad, pasando por encima de dolores y alegrías personales, lo sabia y lo veía todo; podía ser cariñoso y tierno sin amar, generoso y simpático sin tener afectos, benefactor sin esperar recompensa”

También Alejandro Kuprin observa algo parecido: “Creo que no abrió ni entrego su corazón a nadie. Pero miraba a todo mundo con cariño, aunque no como lo exige la amistad y, al mismo tiempo, con una gran interés, aunque tal vez inconciente”

Es la clara objetividad de un hombre que comprende a los demás como cosas, maravillosos objetos eso si, pero siempre desalmados, esto que pudiera ser un grave complejo en una persona normal, en el artista se convierte en una virtud.

A todo esto hay que aclarar algo, la objetividad es imposible, no existe más que como concepto y aun así es rebatible, el mundo siempre es subjetivo, por lo menos tal como el hombre lo concibe. La búsqueda de la objetividad siempre fracasa y también lo hace en Chejov, de tal manera que juzga sin juzgar y emite juicios a pesar de que sus palabras carezcan de adjetivos vanos.

En los cuentos de Chejov se pueden vislumbrar los brotes de una revolución que llevará a una tierra a la completa reestructuración, se pueden ver los vicios de una aristocracia voraz, y el sufrimiento de un pueblo victima de la carencia. Bataille pensó que la única forma de cambio posible en la Rusia antigua era a través del terror, tal como sucedió. Esto es más nítido en cuentos como “Tristeza” en donde se nota ampliamente el punto tratado, en la narrativa de Chejov esta implica la subjetividad de la que huye, y esta se conjuga con la vivencia del lector para crear una atmósfera compleja.

De cualquier forma esta búsqueda de simpleza y objetividad hizo de Chejov el gran escritor que fue, lo llevó del texto humorístico a los temas “serios”, y los trato como ningún otro, pues su falta de juicio se transformo en el juicio mas mordaz que alguien pudiera hacer sobre la condición humana.

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