octubre 20, 2006

Y el amor... (primera parte)















En la entrada anterior dije que al amor no interesaba, me refería por supuesto a que su trascendencia es menor en cuanto a ese otro tema que es la tragedia. Pero el amor es de suma importancia, conversaba con una amiga sobre ese tema, y en breves momentos llegamos a la conclusión de que por más que sepamos sobre el transcurso de la relaciones, los estadios del idilio, la psicodinamia de las parejas, el amor es un concepto que supera todo intento de conceptualización, pues atañe a una parte no racional del ser humano, su campo principal se encuentra en la sensación, la intuición, y sólo después del sentimiento y de la razón.

Pero para mi mala fortuna yo únicamente cuento con la razón para hacer frente al mundo. Así que rememorando lo que algunos han dicho sobre el amor, pensé en dejar algunas anotaciones que me han parecido interesantes.


Dice Krishnamurti:

Una experiencia de placer nos exige más de esa experiencia, y el “más” es el impulso de estar seguros en nuestros placeres. Si amamos a alguien, queremos estar seguros que ese amor es retribuido, y buscamos establecer una relación con la esperanza de que por lo menos tenga permanencia. Toda nuestra sociedad se basa en esas relaciones. Pero ¿existe algo que sea permanente? ¿Existe? ¿Es permanente el amor? Nuestro constante deseo es hacer que la sensación se vuelva permanente, ¿no es así? Y aquello que no puede volverse permanente, o sea, el amor, hace caso omiso de nosotros.

Lo dice en un libro llamado Amor, sexo y castidad, en donde se compilan varios diálogos y entrevistas que Krishnamurti ofrece en cuanto al tema del amor. Sabio y profundo Krishnamurti advierte algo que los eleatas ya conocían: nada es estático, por lo tanto quien quiera prolongar la fortuna de ser amado sufrirá la consecuencia del desencanto amoroso, ese final que nadie espera pero que siempre esta latente. El hombre ha de asumir al amor en sus múltiples transformaciones. Amar en el presente es lo más adecuado, pues el amor pasado es una ilusión y el amor futuro es una utopía.


Dice Marx:

Si suponemos al hombre como hombre y a su relación con el mundo como una relación humana, sólo se puede cambiar amor por amor, confianza por confianza, etc. Si se quiere gozar del arte hasta ser un hombre artísticamente adecuado; si se quiere ejercer influjo sobre otro hombre, hay que ser un hombre que actúe sobre los otros de modo realmente estimulante e incitante. Cada una de las relaciones con el hombre –y con la naturaleza- ha de ser una exteriorización determinada de la vida individual real que se corresponde con el objeto de la voluntad. Si amas sin despertar amor, esto es, si tu amor, en cuanto amor, no produce amor recíproco, si mediante una exteriorización vital como hombre amante no te conviertes en hombre amado, tu amor es impotente, una desgracia.

A Karl Marx se le ha juzgado como un pensador frío, calculador, únicamente interesado en los hechos concretos y objetivos. Pero quien ha leído a Marx sabe que dentro de su teoría social se encuentra implícito un fortísimo sentido humanista, su crítica a la economía y a la política del capitalismo implica la idea de que el hombre debe superar la alienación de un sistema mecanizado y recuperar de esta manera su dignidad humana, con el trabajo y con la revolución. Este fragmento se encuentra en el tercer manuscrito de sus Manuscritos económico-filosóficos, y fue usado para confrontar el concepto del dinero y el mercado como único fin de intercambio, Marx mostró que mas allá de lo económico, las cualidades humanas no son intercambiables por nada más que algo semejante a ellas misma, y nos dice que el amor es algo que ha de ser compartido, lo cual requiere que, antes que nada, el proceso amoroso se resuelva dentro del propio individuo.


Dice Khalil Gibran:

Cuando el amor los llame, síganlo.
Y cuando su camino sea duro y difícil.
Y cuando sus alas los envuelvan, entréguense.
Aunque la espada entre ellas escondida los hiera.
Y cuando les hable, crean en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños, tal como el viento norte devasta los jardines.

Pero si, en su miedo, ustedes buscan solamente la paz y el placer del amor, entonces es mejor que cubran su desnudez y se alejen de sus umbrales.

Hacia un mundo sin primaveras donde reirán, pero no con toda su risa, y llorarán, pero no con todas sus lagrimas.

El poeta Khalil Gibran alcanza alturas insospechadas en ese libro tan famoso llamado El profeta, al cual pertenecen este par de fragmentos. El libro relata el último discurso del profeta Almustafá, antes de partir hacia tierras extrañas. Almitra, la sacerdotisa, le pregunta sobre el amor, y Almustafa, sereno, les habla a todos sobre el placer de amar, pero también le habla del riesgo y les enseña que ambos sentidos van entremezclados en el acto amoroso. No se puede vivir el amor sin asumir el sufrimiento, pues el placer y el dolor van juntos, son gemelos, como lo dijera Sócrates. Aquel que pretenda vivir solo el placer del amor se vera condenado a padecer un amor incompleto e irremediablemente angustiante.

(Esperaba escribir una entrada corta, pero como no es así, este post habrá de continuar en pocos días.)

2 comentarios:

  1. "Pero para mi mala fortuna yo solo cuento con la razón para hacer frente al mundo"...No es mala fortuna tener solo la razón para entender el amor -es extraño que no encontre otra palabra más que "entender", vinclada ésta con la razón-, el amor en una forma razonada, es una elección, dónde los sentimientos no son la totalidad, como muchos diccionarios suelen definirlo...Desafortunadamente, dices, tienes solo la razón..y sí, eres desafortunado, la razón es solo la parte con la cual el alma entiende la realidad haciendo uso del cuerpo -sentidos, cerebro y demás- pero hace falta que tengas esa otra parte..

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  2. Es cierto que el componente de la razón juega un papel importante, pero también es cierto que no es el único. Las maneras de vivir el mundo son variadas, y la razón es tal vez la más sacralizada en nuestros tiempos. A mi me falta fe, me es difícil percibir con el cuerpo y los sentimientos son algo que me juega malas pasadas, y que evito por lo consiguiente, todo eso constituye una gran carencia que la razón trata de compensar, pero a la larga, lo se, a ese esfuerzo le esta destinado el fracaso.

    Saludos

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