noviembre 09, 2006

Luvina, la ciudad de los muertos (primera parte)














Estamos en noviembre y, por lo menos aquí, es tiempo de festejar a la muerte, esa promesa que el hombre recibe desde el día de su nacimiento. Algo que nos hace diferentes a otras especies es nuestra conciencia de la finitud, por eso somos mortales. Otra característica que nos distingue es nuestra capacidad para crear mundos imaginarios y he aquí uno de los mas intrincados y oscuros que conozco, de la mano de Juan Rulfo esta es una pequeña nota sobre Luvina, un pueblo en que se llega a reconocer algo que la tradición católica ha llamado “el purgatorio” y que ha sido motivo de tantas reflexiones más a afortunadas que esta.


El llano en llamas es uno de los trabajos más reconocidos de Juan Rulfo, al igual que Pedro Paramo, en él, Rulfo retrata la vida de un México antiguo, adusto, llenos de hombres solitarios, enmarcado todo en un paisaje desolador y desgarbado. Cuando digo antiguo no me refiero a que este México ya haya desaparecido, quiero decir que la vida rural ahí tratada es una vida heredada a través de los siglos, como si el tiempo pasara, pero no hiciera mella en la cotidianidad de los habitantes. Hablo de un México estático, inmemorial, que parece haberse detenido en un instante de dolor. Este país que todavía existe, y que parece que ha existido siempre, resuena ampliamente en los cuentos evocados en el texto en cuestión.

En especial, Luvina plasma y magnifica la vida de los pueblos imaginarios que Rulfo invento, se dice que poco tiene que ver la geografía real y la literaria en este caso, si así es entonces nos encontramos ante un ejercicio de ficción en el que el autor ha dotado a lugares, con referencias reales, de un sentido subjetivo que clarifica el mundo interior de quien escribe. Esto se comprueba cuando se nota que la parsimonia con la que el narrador describe el pueblo de San Juan Luvina es comparable a la dinámica del pueblo en sí, la desoladora tristeza del lugar concuerda con la melancólica diégesis con que el relato se desarrolla.

Entre cerveza y cerveza, uno de los narradores, el maestro rural que habla en primera persona, a modo de flash back relata, a un personaje secundario, su estancia en Luvina, en la cual vivió durante un tiempo indeterminado; el espanto incluido en su narración previene al oyente de la insufrible comarca. Mientras tanto un narrador omnipresente observa y transmite la acción de aquellos comensales y nos hace notar la continuidad del desgaste personal del narrador anterior.

El maestro rural, el narrador en primera persona, al contar su desgraciada aventura también da cuenta de su deformación personal, él, otrora un hombre con sueños, ahora sólo se presenta como un objeto lánguido en aquella tienda ínfima, como si nunca hubiera salido del pueblo fantasmal, o como si a fuerza de costumbre se hubiera convertido el mismo en el lugar que le inspiraba tanto desprecio.

En esta historia, precisamente el lugar es el principal personaje. Rulfo construye en Luvina un arquetipo geográfico en el cual se desarrollarán otras historias, cada vez cambiarán de nombre, pero el clima general ha de permanecer. Comala nace de la continuidad de dicho clima, aunque con sus debidas diferencias. Al igual que Macondo en la obra de Márquez, el lugar derivado de Luvina constituye un eje importantísimo de la narración, sin embargo Rulfo es mas preciso en caracterizar a su lugar arquetípico como un personaje, o como “el personaje”, que impávido contempla las diversas historias. En Macondo, en cambio, lo más importante es la psicologia de los personajes, el papel de cada uno dentro del sistema referencial, ahí el lugar es el marco preestablecido, Macondo es una representación del mundo entero.

Luvina no es el mundo, o si lo es, es un mundo muy estrecho, cambia de nombre, de cara, incluso el clima varia, pero la gente parece ser siempre la misma. Hay lugares fuera de Luvina y por más parcos que se retraten son paraísos comparados con el pueblo maldito. El poblado tiene gran importancia porque es un reflejo del mundo individual de sus habitantes, todos los personajes en Luvina sufren las mismas inclemencias, como si no hubiera diferencia entre ellos, pues los oriundos no son sino una prolongación del propio terreno, secos y distantes como el lugar mismo.

Comala, se llega a saber, es un pueblo de muertos, el personaje con el que comienza la historia también esta muerto. Luvina, por ser la antesala de aquel pueblo mítico, impele a la sospecha de que también representa a un pueblo fantasmal.

Hay una canción del cantautor español Joan Manuel Serrat llamada “Pueblo blanco” que habla sobre un pueblo muy parecido a este que Rulfo relata, con un clima abrasador y lleno de personas desamparadas a las manos de algún hado infausto. Al final de la canción se revela que quien habla del pueblo ya ha sido, también, victima de la muerte.

Conocemos ampliamente ciudades extrañas, lugares indómitos en donde el pie del hombre ha pisado apenas el terreno, los sabemos gracias a la literatura, que con sus magnificas herramientas nos da la oportunidad de experimentar sueños que de otra forma no conoceríamos. El mundo real, aun siendo inmenso, no es tan grande como el mundo de la ficción, o mejor dicho el mundo en el que vivimos es una sombra del que imaginamos.

Y los seres humanos han construido, durante su breve historia, algunos pocos lugares míticos que sobresalen de la imaginería popular, las ciudades de los muertos pertenecen a este selecto grupo.

9 comentarios:

  1. "El mundo en que vivimos es una sombra del que imaginamos" me encanto esta reflexion, pero me pregunto ?lo que imaginamos no va creando finalmente el mundo en que vivimos?

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  2. Estoy de acuerdo, y es más, no podemos interactuar mas que con el mundo que imaginamos, nuestra propia vida es una ficción, un mito.

    Saludos!

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  3. Anónimo6:23 p.m.

    Hola Alejandro. Gracias por compartir tu lectura de "Luvina". Sólo quiero introducir una divergencia de lectura. Creo que en ese cuento no hay 2 comensales, sino que el maestro rural es un personaje solitario que cuenta para nadie su propia vivencia. Eso, en principio, plantea una situación de mucha potencia poética, luego sólo viene ese lenguaje rulfiano que copa la desolación sin alterarla. Nunca interviene un interlocutor, nadie toma cerveza más que el único personaje que habla fantasmagóricamente en el rincón de la tienda. Creo que eso pasa en ese bello cuento.

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  4. Gracias a ti por compartirme esa reflexión. Ahora, se que tu idea es muy hermosa pero no se si es verdadera, si así lo fuera este cuento seria espantoso, tanta perfección no podría ser producto de algo humano.

    Saludos.

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  5. P.D. Para que no haya malentendidos quiero aclarar que no se si sea verdadero tu argumento porque hay suficientes razones para pensar que es falso (tantos como para lo contrario), pero realmente espero que se verdadero lo que dices, tengo fe en tu argumento.

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  6. Al contrario del anónimo y tuyo, en Luvina el que narra es un personaje sin nombre ni rostro pero que evidentemente se encuentra tomando con el maestro. Es este narrador el que señala que el maestro sale a callar a los niños o que se queda ebrio y dormido sobre la mesa, y es al mismo que se dirige el maestro, al que cuenta su historia, el que en unas horas partirá hacia Luvina...

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  7. Tengo mañana una prueba de esto, y la verdad qu me sirvio bastante, muchas gracias, esta genial :)

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  8. es una cvagada esa reflexion hagan una mierda mejor cagones

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  9. ¿“Cvagada”?, quizá quisiste decir: cagada. En todo caso, si dices que esto es una cagada, o sea una excreción o mierda, es un tanto ilógico que pidas se haga algo que, de acuerdo a tu criterio, ya se hizo.

    No cabe duda, eres lo que escribes.

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