septiembre 12, 2007

Azazel, el primer redentor



Los ángeles de Dios, bajo el mando de Semjaza, desposaron a las hijas de los hombres, engendrando una especie monstruosa llamada Nephilim, gigantes todos ellos. Además enseñaron las artes divinas a los hijos de los hombres, suscitando y recreando con ello el caos y la escisión que expulso al hombre del paraíso, pero que, curiosamente, también fue el origen del universo creado por Dios.

El uso de las armas y de los cosméticos fue transmitido por Azazel, nombre que se ha interpretado de diversas maneras, una de ellas seriá “El macho cabrio que se retira”, otra es “El poderoso de Dios”. En el Levítico se nombra Azazel a una ceremonia en que un cabrio es mandado al desierto, como señal de sacrificio. Por causa de este acto se tiende a pensar, también, que el nombre Azazel se refiere al chivo expiatorio. Una parte del pecado es absorbida por la sustancia de Dios y otra por el chivo expiatorio. Las connotaciones a partir de este punto son muy interesantes, pero ese es un tema que no se tratará ahora mismo. Por el momento veamos como es descrito el inicio del martirio de nuestro primer redentor.

Nuevamente hablo el Señor a Rafael y le dijo: “Encadena a Azazel de manos y pies y arrójalo a las tinieblas; abre una hoya, que está en Dudael, y lánzalo dentro. Coloca sobre él rocas quebradas y melladas, cúbrelo con la oscuridad, déjalo vivir allí para siempre y cubre su rostro para que no pueda ver la luz. El día del gran juicio será arrojado al fuego. Cura la tierra que los ángeles han corrompido y proclama la salvación de esta, de forma que puedan recobrarse de la plaga, para que todos los hijos de los hombres no perezcan por culpa de todas las cosas secretas que los Custodios les han desvelado y han enseñado a sus hijos. Toda la tierra ha sido corrompida por culpa de las obras que Azazel ha enseñado: impútale a él todo el pecado”.

Enoc X, 4-8



LinkWithin

Related Posts with Thumbnails