septiembre 17, 2007

La ira de Dios




"El arco de la ira de Dios está tenso, y la flecha preparada en su cuerda. Y la justicia apunta la flecha hacia tu corazón y tira de la cuerda; y eso no es más que un puro placer de Dios, de un dios enfurecido, sin ninguna promesa u obligación, y hace esperar a la flecha un momento antes de que se embriague de tu sangre…"

"La ira, la ira de Dios es como las grandes aguas que se represan ahora: crecen más y más, y se levantan más y más alto hasta que encuentran un desaguadero; y mientras más se detiene su corriente, más rápido y poderoso es su curso cuando encuentra salida. Es verdad que el juicio contra vuestras acciones malvadas no ha sido ejecutado todavía; las corrientes de la venganza de Dios se han detenido; pero vuestra culpa crece mientras tanto, y cada día atesoráis más ira; las aguas crecen continuamente y corren con más y más fuerza; y es sólo el puro placer de Dios el que detiene esas aguas, que luchan por correr, y quieren seguir adelante. Si Dios retirara su mano de la puerta que las sostiene, inmediatamente se abriría y las feroces corrientes de la ferocidad de la ira de Dios se abalanzarían con una furia inconmensurable, y caerían sobre vosotros con fuerza omnipotente, y aunque vuestra fuerza fuera diez mil veces mayor de lo que es, o diez mil veces más grande que las del más robusto y grande diablo del infierno, no habría nada que pudiera resistirla o soportarla…"

"El Dios que os sostiene sobre el pozo del infierno, así como se sostiene una araña o algún insecto despreciable sobre el fuego, os aborrece y ha sido provocado tremendamente; su ira hacia vosotros arde como el fuego; os mira como si fuerais merecedores de consumiros en el fuego; tiene los ojos demasiado puros para teneros ante su vista; vosotros sois diez mil veces más abominables a sus ojos, que la más horrible serpiente venenosa es a los vuestros. Lo habéis ofendido infinitamente más que rebelde contumaz alguno a su príncipe; y sin embargo, no hay nada sino su mano para impediros caer en el infierno en cualquier momento…"

"Oh pecadores… colgáis de un hilo delgado, con las llamas de la ira divina cercándolo cada vez más, y preparadas para deshacerlo y quemarlo, y no tenéis interés en hallar un interventor, y nada que mostrar para salvaros, nada para guardaros de las llamas de la ira, nada vuestro, nada que hubierais hecho, nada que pudierais hacer para inducir a Dios a que os perdone por un momento más…"


Así empezaba su sermón Jonathan Edwards (según cita Joseph Campbell), en su congregación de Nueva Inglaterra, exhibiendo con ello la faceta cruel del dios todopoderoso, y al mismo tiempo exponiendo una de las más grandes muestras de magnificencia y esplendor que se le hayan atribuido a este dios. Si Dios debe existir que sea cruel y despiadado, si no puede evitarse la molestia de condescender a la existencia.



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