febrero 08, 2008

Doble vinculo, esquizofrenia y sociedad (3/3)




En cuanto la persona ha interiorizado la secuencia programática del doble vinculo, basta con que cualquier elemento de la misma aparezca para que la angustia y el terror surjan en el sujeto. Estas formas de interacción, son, sin embargo, comunes y constantes en las relaciones humanas.

Un ejemplo que da Laing sobre la posición insostenible, es de gran ayuda para dilucidar este tipo de situaciones:

Una madre va a visitar a su hijo que acaba de recuperarse de un colapso mental. A medida que él avanza hacia ella

a) la madre abre los brazos para que él la abrace y/o

b) para abrazarlo.

c) A medida que el hijo se acerca, ella se hiela y se pone tensa.

d) Él se detiene indeciso.

e) Ella le dice: “¿No quieres darle un beso a mamita?” Y viendo que permanece sin decidirse

f) Agrega: “Pero, cariño, no debes temer a tus sentimientos”.

No importa aquí la intención que una persona tenga hacia otra, el modo en que esta actúa, si lleva inmerso el principio de un doble vínculo, terminará por hundir en la confusión al otro. Si se recuerda la teoría del apego se observa que la primera persona a la que el niño ve como medio para resguardarse de los peligros que lo acechan es la madre. Pero, y como en el ejemplo de Laing, si la madre es la que representa el peligro ¿a dónde huirá el niño?

Las madres que muestran rechazo hacia sus hijos, producen en ellos un apego elusivo, en el cual el niño no cuenta con la convicción de poder obtener abrigo, ni siquiera tiene la certeza de la supervivencia. El apego elusivo es cuna de los trastornos psicóticos y explica muy bien la intromisión de la doble atadura en la interacción madre-hijo en etapas tempranas del crecimiento.

La sociedad moderna no fue menos rechazante y agreste con el hombre de la época, y en la posmodernidad el ambiente paradójico y heteróclito se ha vuelto el contexto común. Acontece esto que Gergen recalca: “La saturación social nos proporciona una multiplicidad de lenguajes del yo incoherentes y desvinculados entre sí. […] Esa fragmentación de las concepciones del yo es consecuencia de la multiplicidad de relaciones también incoherentes y desconectadas, que nos impulsan en mil direcciones distintas”.

Y es que ante la saturación los lenguajes misceláneos proliferan e inundan al hombre como una miríada de opciones ambiguas; la construcción social debería brindarle cobijo e intimidad, sin embargo, como se ha revisado, el sistema social es el principal responsable de los peligros que amenazan al hombre posmoderno. El único escape de la fragmentación externa es el interior de la psique, en donde se ha de construir una nueva realidad imaginaria.

“El “esquizofrenés”, entonces es un lenguaje que obliga al interlocutor a elegir entre muchos significados posibles que no sólo son distintos, sino que incluso pueden resultar incompatibles entre sí” (Watzlawick). Dicho lenguaje responde a una necesidad de comunicación plena y con significado. Es debido mencionar que lo incoherente del lenguaje esquizofrénico ha de ser situado en un medio adecuado, pues ningún lenguaje surge descontextualizado.

En la posmodernidad el lenguaje se vuelve cada vez más lioso y las consecuencias son evidentes en la desestructuración yoica de la sociedad. El lenguaje social es oscuro y lleno de incongruencias, quizá el problema no sea sólo que el lenguaje esquizoide sea enmarañado, también es posible que el esquizofrénico sea incapaz de percibir las trabas y laberintos propios del lenguaje común.

Dice Bateson: “La peculiaridad del esquizofrénico no consiste en que emplee metáforas sino en que emplea metáforas no rotuladas”. Y además menciona: “Los esquizofrénicos también confunden lo literal y lo metafórico en sus propias verbalizaciones cuando se sienten atrapados en un doble vínculo”. El lenguaje de tal persona no es patológico en sí, lo perturbador es que es inservible en el medio social, sin embargo, en el medio familiar es posible que todas estas metáforas no rotuladas obtengan un significado coherente.

En la sociedad sucede algo similar, pues las personas se adaptan cada vez más al ambiente, no obstante el ambiente está lleno de fuentes psicopatológicas, así que con el tiempo el lenguaje de los individuos se hace también extraño. Si alguien pasa un largo lapso en situaciones de doble atadura terminará por adaptarse al sistema de interacción del doble vinculo, es decir, a una estructura relacional psicotizante. La sociedad satura al hombre de mensajes ambivalentes y confusos, no es de extrañar que al ser humano occidental contemporáneo se le pueda categorizar dentro del marco de la esquizofrenia.

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