diciembre 17, 2008

Ostrov, Exorcismo



Hace aproximadamente un año se presento, de forma demasiado breve, la película "Ostrov" (La isla, nombre trasladado a estos lugares como "Exorcismo"), en La Cinética Nacional, el argumento se leía interesante y sin embargo el tiempo no fue generoso y me fue imposible verla. El fin de semana, me entere que se exhibía en unas pocas salas de algunas de las cadenas de cines comerciales y no dude en ir a verla. Temía, no obstante, el asistir con expectativas demasiado altas. Ahora, creo felizmente que todas mis expectativas fueron ampliamente rebasadas.

Ostrov cuenta dos episodios en la existencia de Anatoly, en uno de ellos él es un marinero ruso, asignado a un carguero, durante la segunda guerra mundial. El avistamiento de un buque alemán hace que Anatoly y su capitán, Tikhon, se escondan en uno de los montículos de carbón que el barco transportaba. Sin embargo, Anatoly es descubierto y delata a su capitán, y si no hay pecado más grande que la delación verdaderamente éste siempre va acompañado de la cobardía; Anatoly mata a su capitán por ordenes de los nazis, para conservar su vida, pues teme a la muerte.

El segundo episodio narra la vida del padre Anatoly, un monje de la iglesia ortodoxa rusa, que es considerado casi un santo por las personas que han acudido en busca de su ayuda. La opinión sobre la condición de su santidad no es, a pesar de los hechos, compartida por toda la congregación de sacerdotes, algunos lo miran con recelo, como el padre Job, otros con desconcierto, como a un ser al que se le sabe extraordinario pero del que se teme su sabiduría.

El padre Anatoly carga un pecado y lo lleva siempre frente a él. Símbolos de su dolor son el mar que nunca lo abandona, que lo oprime hasta el desconcierto, y el carbón, signo de su cobardía. El protagonista duerme en una cama de carbón, se encarga de las calderas, trabaja sobre este material, todo lo que hace le recuerda su falta. Acaso no hay otra forma de saldar algún pecado que hundiéndonos en el, conociendo el mal que hemos cometido, aun sin darnos cuenta de ello. Saciándose del pecado es como se alcanza la santidad.

Su rezo es caótico, no hay orden en su liturgia, pues no reza al dios que todos sus congeneres adoran, reza a la fuerza superior que no tiene templo ni una forma especifica de comunicarse, pues su terreno pertenece a lo onírico, a lo realmente sagrado.

Pero en esencia, el padre Anatoly es un conocedor del mundo, y en eso consisten sus milagros, que al profano le parecerán simples, sin prodigio, pero es que en la sencillez es donde se encuentra la maravilla. Actos simples, pero de gran valor simbólico son los milagros que este santo realiza.

Por ejemplo, una madre llega con un hijo al que le es imposible caminar. Anatoly sabe que el drama del niño es una parálisis más profunda que la que su cuerpo muestra, y que este no se ha de curar hasta que en la raíz del conflicto no sea arreglada. El niño no camina porque la movilidad de sus piernas ha sido obstaculizada por la protección excesiva de la madre, que necesita a este niño para cuidarlo y para expresar su agresión, disfrazando su odio de amor. El niño se encuentra preso de la necesidad de su madre, no toca el suelo firmemente, tiene que ser cargado, el ámbito del padre también está pervertido. Así, el protagonista separa al niño de su propia madre y lo hace tomar comunión en la casa del padre divino, acto que nos remite a ancestrales ritos de iniciación.

Todo en Anatoly es un rito. Casi al final de la película, una joven enferma llega a la isla, y ante el diagnostico de locura el padre Anatoly alega: “Esta joven no está loca, está poseída por un demonio que atormenta su corazón”, y alejándola de su padre, la lleva a una isla en donde realiza un acto tremendamente significativo. Para curarla, este santo, une el cielo y la tierra, lo masculino y lo femenino; comienza orando, invocando al Logos y termina besando el suelo, a la tierra, invocando a la Sapientia. Solo a través de este símil de hierogamia, a través de la conjunción, la chica se ve libre de su oscuro demonio.

Por ello la conducta del protagonista es constantemente puesta en duda, y es que su experiencia no pertenece al mundo conciente al que la mayoría de nosotros estamos habituados. Esa es la gran disputa del padre Job, quien envidia los favores que Dios le permite a Anatoly.

¿Por qué Caín mato a Abel?, le pregunta Anatoly al padre Job. Muchas respuestas hay para ello, recuerdo la contestación de Hesse y me parece inadecuada, así que ensayaré una posible solución, acorde al contexto. Caín y Abel ofrendan al dios el resultado de su labor, pero Dios únicamente favorece a Abel, que entrega una ofrenda de sangre, a diferencia de Caín. Dice Girard que el hecho de que Caín no ofrezca un sacrificio de sangre es lo mismo que decir que él mata a su hermano, pues no desvía la violencia primaria, que es la función del rito sacrificial. De cualquier forma Caín envidia a Abel, envidia su forma natural de ofrendar, distinta a la suya que busca el aprecio de Dios. Mientras que Caín tienen un objetivo, y se esfuerza por lograrlo, Abel no lo tiene, pues su acto es ya en sí un sacrifico; sin objetivo, sin meta, Abel se convierte a sí mismo en la meta de su acción. Por ello Caín lo asesina, por envidia, pero también porque una fuerza superior a él, lo impele a confundir a Abel con el sacrificio que él nunca ha podido otorgar.

Abel se torna el sacrifico inconciente de Caín, pero por ser inconciente Caín tiene que pagar la consecuencia de su ignorancia, es decir, la petrificación del flujo de vida. Antes, en su rito miserable, el detenía la fuerza de Dios, después él mismo habrá de sufrir en carne viva el simbolismo de su acto, por ello no puede morir, ha perdido esa bendición, y el cambio y la constante dinámica hacen caso omiso de su pobre existencia.

La diferencia entre el padre Anatoly y los otros monjes es exactamente la misma. Los monjes creen en Dios porque son pobres internamente, temen a la muerte, y no tienen fe, su creencia es una comodidad. Anatoly tiene fe en Dios porque permite que la fuerza de éste ilumine cada momento de su vida y el dios lo irradia con esa luz oscura que únicamente la divinidad puede irradiar. La santidad del monje consiste en ser un vehiculo atento del elan vital.

Al final, Anatoly alcanza la redención y por fin su naturaleza cambiante hace de él, como lo hizo con Abel, parte de la dinámica a la que su vida se entrego. Ostrov trata de esto y algunas cosas más que quizá estén incluidas en lo ya dicho, es así una película que no dudo en recomendar. Tristemente la sala de cine se vaciaba continuamente, antes incluso de terminar el filme, la gente se aburría; yo insisto, sin embargo, en que es una gran película. Con sencillez, sin parafernalia, Ostrov transmite un mensaje importante para el mundo actual: de las cenizas, de lo más oscuro, surgen la verdad y la redención, del mal emerge el bien, y viceversa.


1 comentario:

  1. Anónimo8:51 p.m.

    me gusto la pelicula , la vi en un momento q necesitaba de un consuelo llamese asi od "eso" q dios da a ccada uno de nosotros,es una invitacion a ver la vida ,de otra manera,a reflexionar, de que dios escucha, y siempre te responde cuando lo necesitas,y si se da el milagro de su respuesta esta en nosotros no confortarnos y de esperar a ver que sigue?cuando la madre del niño pide con fe q su hijo sane ,junto al padre anatoly,el pide q sigua q no lo dejen solo,se da el milagro q el niño sane y pueda caminar,al poco rato de pasada la maravilla ,mundanos como somos y superficiales la señora enseguida se acuerda de"otros problemas "como lo es su trabajo,al pedirle y hacerla reflexionar q se necesita quedar para q el niño sea completamente sanado, ella se enterca y no ve mas alla, de lo q ha sido testigo ,de lo maravilloso q ha pasado,y q un hombre santo le este hablando..cuantas veces no hacemos lo mismo? pedimos y pedimos ,si es una lana y se nos concede por q realmente lo necesitamos, y dios sabemos estubo ahi..al darse..seguimos pidiendo y prometiendo aq dios, q vamos a ser su mas fiel y agradecido siervo?.o solo decimos gracias" ya veces ya ni nos acordamos,al fin humanos EGOISTAS como somos nOS OLVIDAMOS SIMPLEMENTE..q EL q DIOS estuvo presente hay q dejar a unlado y responder cuando una gracia de parte de dios se nos de, hay q en este mundo dar para seguir recibiendo..y hacer aun lado el egoismo o los obstaculos q al fin al cabo nosotros mismos nos ponemos.q dios los bendiga sigan dando al q sed tiene y al hambre de dios tambien de su palabra..y seamos humildes para vivir en santa paz..como dijo el padre anatoly ..."vivir lo mejor q se pueda" "al fin y al cabo somos pecadores.." pero "TRATEMOS DE PECAR LO MENOS POSIBLE".Q DIOS LOS BENDIGA...

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