marzo 26, 2009

Otra espera


El hospital tiene su propia textura y hay un calor insomne en el lugar en que, ateridas, ciertas camillas esperan ser vaciadas y quedar libres del peso de una existencia. Los doctores, ajenos a la escena, deambulan recitando en ese lenguaje mendaz e inexplicable lo que sucede a los objetos, a los contenidos, a los hombres que dormitan, lloran o gritan. Hay una conjunción de frialdad y sofoco en los lugares en que moran los enfermos.

No hay sino espera y aburrimiento, caras doloridas, lagrimas, arrepentimiento. Tú, sin embargo, transformas ese infierno en algo soportable. Me acompañas, y junto a mi aguardas la continuación o la despedida. No me exiges fuerza. Me sostienes.

El hospital es una mancha azul sobre las paredes blancas, la silla es incomoda y todo huele siempre a sustancias indecibles, pero tu olor es dulce y tu tacto suave. El hospital, en cambio, es áspero, el tiempo corre lento y el dolor se acerca a cada momento.


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