Apunte sobre la psicoterapia
La psicoterapia, es en principio y como la etimología lo sugiere, el arte de sanar el alma. A través del tiempo esta alma o psyche, ha cobrado nuevas configuraciones teóricas hasta asentarse en el actual concepto de mente. Así, la psicoterapia es el tratamiento que ayuda a la mente a equilibrarse y a remediar los males que le aquejan.
Sin embargo, el concepto de mente es limitado pues el marco que lo precede es la dualidad representada por el cartesianismo. Tal división entre la mente y el cuerpo, ha sido bastante útil para el estudio y vivisección de este último, sin embargo ha fallado en encontrar una respuesta a problemas que requieren de un nivel mayor de complejidad, es decir a los problemas del alma.
Mente y cuerpo son una misma cosa, y no hay fronteras que delimiten su coexistencia, por ello la psicoterapia no sólo se encarga de sanar lo problemas de la mente desde el punto de vista cartesiano, sino de intervenir en los desequilibrios del organismo en conjunto, del ser humano como totalidad.
El psicoterapeuta es un profesional entrenado en una o varias escuelas de esta disciplina. Dependiendo de su marco teórico, utilizará diversas metodologías para afrontar los problemas que el paciente le presente. La formación del psicoterapeuta es básicamente en psicología y debiera estar apoyada en la psicología de la conducta, del desarrollo, la sicopatología y en el estudio de varias técnicas dinámicas. Fundamentalmente un buen psicoterapeuta debe haberse sometido al menos a un tratamiento propio, haber discernido ampliamente entre las motivaciones de su conducta, ser capaz de analizar concienzudamente sus propios patrones de comportamiento y tener un vasto conocimiento de su personalidad.
El psicoterapeuta debe haberse analizado profundamente en el papel de paciente, y estar avocado a un ejercicio de autoconocimiento constante, de otra manera correría el riesgo de proyectar su problemática en el paciente por medio de la transferencia y la contratransferencia.
El proceso terapéutico es llevado a cabo en un ambiente agradable en el que paciente y terapeuta experimentan un dialogo profundo; este dialogo se basa en la premisa de que el paciente habla constantemente, y sin darse cuenta, en un nivel secundario de comunicación, nivel en el que transmite un mensaje diferente a su discurso conciente. El terapeuta entrenado y sensibilizado en la recepción de este segundo lenguaje, actúa como escucha activo y haciendo uso de herramientas metodologicas, devuelve, de forma clara, los mensajes ocultos al paciente, ayudándolo así a darse cuenta de instancias que, dentro de sí, previamente le eran desconocidas.
Ampliada la conciencia del paciente, éste es capaz de recobrar herramientas olvidadas y potenciarlas con el fin de actuar acorde al nuevo paradigma dictado por su inconciente. Hallando un nuevo estado de equilibrio y un nivel existencial en el cual desenvolverse de manera lucida y responsable.
La psicoterapia es un excelente apoyo para corregir cualquier desequilibrio al que se enfrente la persona. Su campo de acción va desde la simple toma de decisiones hasta el tratamiento de trastornos mentales graves, como la psicosis o trastornos físicos agudos tales como una enfermedad terminal. Prácticamente ninguna suceso traumático está fuera del ámbito psicoterapéutico.
En resumen, la psicoterapia interviene en la vida del sujeto cuando éste se haya frente a una situación que rebasa las herramientas de su aparato psíquico, este trauma es atendido por un profesional entrenado en alguna escuela psicoterapéutica y resuelto a través de un proceso que implica a la comunicación activa en todos su niveles. Tal proceso impele a la persona a acceder a nuevas formas de autoconocimiento, ampliando así sus posibilidades de acción y fortaleciendo sus herramientas psicológicas.
Vivir no mejor, sino más conciente es la premisa de una buena psicoterapia, entendiendo que la persona, en el proceso, ha de llegar a ser lo que ya, profundamente, es.








3 Comentarios:
Sí. Vivir más consciente. Pero hoy por hoy, en esta época de profundo oscurantismo que nos ha tocado vivir, el mejor psicoterapéuta no puede ser mucho más autoconsciente que la media de la población, y esta media es desesperantemente baja...
Y luego, amigo Alejandro, está el problema de la relación con el terapeuta. Evolutivamente estamos preparados para que una tan intensa comunicación a tan turbador nivel de profunda intimidad vaya acompañada de un correlato físico, tactorial, emotivo, empático, y en definitiva de "condolencia". Y en cambio la psicoterapia obvía este necesario y natural intercambio de emociones con la irritante impasibilidad del terapeuta...
No es de extrañar que tanto paciente rehuse curar mediante método tan inhumano, aunque la psicoterapia haya puesto al descubierto el mal que le aquejaba y aunque el terapeuta haya señalado inequívocamente con el dedo la herida sangrante.
Tienes razón eso sucede con muchas escuelas psicoterapéuticas y terapeutas en sí, pero no en todas y no a todos. Algunos pensamos en lo que tú dices, por ello en el consultorio, el terapeuta debe saber que el paciente no es ajeno a él mismo, y que su problema de alguna manera también lo aqueja a él, sino no le hubiera correspondido tal ocasión.
El terapeuta sin embargo, supone haber recorrido un camino que el paciente está por empezar, por ello el terapeuta debe haber sido antes paciente, como Virgilio que acompaña a Dante en el infierno. Y para acompañarlo necesita de todo lo que haya podido recoger en su propio camino, que por cierto nunca termina.
En este punto de transito la emociones juegan un papel importantísimo, un terapeuta deja que sus emociones hablen por él ante el paciente, no puede permanecer imperturbable, porque seria una falsa mascara. Sale del anonimato en que las viejas escuelas lo hundieron y se insta ha formar un lazo afectivo con el paciente. Llora, grita, teme, se enoja, se sorprende, se alegra, bromea, juega, abraza. Sabe que la manera esencial del aprendizaje es la mimesis.
En el trabajo terapéutico las emociones juegan el papel de ser el motor de la acción y también los limites que evitan que terapeuta y paciente se confundan. Sin emociones el consultorio seria un lugar frío, infructuoso y confuso.
La conciencia sólo es la capa más superflua del proceso, lo profundo es la acción: del terapeuta ante el problema del paciente y ante su propia problemática, y del paciente que ha de traducir, con ayuda al principio, su insight en emociones y éstas en acciones en su vida cotidiana. Sin emoción no hay acción, y sin acción la conciencia es una plaga.
Dos personas caminando para vivir más concientes, haciendo uso ambos de las herramientas que su interior provee, eso también es la psicoterapia.
Bravo! algo de sensatez en una ciencia con tanta responsabilidad, Ya era hora...
Gracias por la rapidísima respuesta, parece que me he quedado anclado en el pasado. Interesantes estos nuevos principios de la psicoterapia. Voy a intentar informarme algo más...
Dar publicidad a lo bueno, hacer el vacío a lo malo.
Saludos
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