octubre 17, 2009

La dama en el agua y El protegido, de M. Night Shyamalan (parte 1)


M. Night Shyamalan cuenta como su obra más conocida a la película Sexto sentido, una alegoría sobre el acercamiento al mundo interior y sobre el miedo del hombre moderno a las potestades desconocidas de su alma. Pero en su carrera, Shyamalan, tiene otras tantas películas que son verdaderamente valiosas, de éstas destaco dos que, me parece, tratan de una manera similar un par temas que en sus entresijos se confrontan y se separan constantemente.

La primera de ellas es La dama en el agua, de la cual hay una miríada de comentarios disímiles que la califican desde preciosa hasta terrible. Comparto por supuesto la opinión del primer adjetivo.

La dama en el agua es un excelente film, sencillo y directo, que revitaliza magistralmente el tema de las criaturas feéricas en la forma de una fabula, de un cuento simple acerca del encuentro de un hombre con una habitante del reino del agua. En los mitos, los espíritus femeninos del agua encuentran nombres variados: Náyades, Nereidas y Oceanidas para los griegos, Ondina para los escandinavos, Rusalka en el mito eslavo, Ixzaluoh para los mayas. En todas las formas se encuentra implícito un tabú que acompaña la historia de estas criaturas, éste refiere que su encuentro y su unión con un hombre mortal conllevan siempre la desgracia para ambos.

La unión de la que hablan las restricciones, claro está, es de tipo sexual, lo cual a su vez es una representación de la confusión entre dos categorías que no deberían interactuar de tal modo. Lo sexual, en el cuento, implica siempre un acercamiento y una vinculación; sin embargo cuando existe un tabú acerca de ello, limites predestinados y protegidos por augurios catastróficos, se torna éste en un matiz que advierte que los elementos implicados han de tener cierta distancia, pues su unión literal es imposible.

Ésta es la relación del hombre con su alma, que Jung denomino primeramente: el ánima. En el film, la ninfa, que el director nombra Narf, llega desde un lugar remoto para buscar a un hombre al cual conmoverá de alguna manera lo que en una cadena de sucesos cambiará el aspecto del mundo futuro. Por supuesto ésta es la función primaria del alma, poner en contacto al ser humano con las criaturas que le componen y que moran en la profundidad de su estructura.

Ella es la guía que muestra la senda, pero también es la senda y la protectora. En palabras de Gabriel Zaid ella “es el altar, la diosa y el cuerpo de la ofrenda”. Protege además al hombre de su encuentro con la sustancia amorfa del interior, lo inicia en los ritos de oscurecimiento, para que éste pueda desplegar sus capacidades. Lo conmueve pues lo enlaza con el sentimiento, germen de la acción.

Quien no se deja tocar por la narf está condenado a vivir un papel rígido y exterior, lo que en la película se retrata con la figura del critico de cine, que, y se intuye cierto espíritu vengativo del director, despliega todas las características de alguien que vive poseído por su rol social.

El alma no sólo acerca al hombre con su mundo interior también lo sensibiliza a su mundo exterior, por ello le es posible buscar ayuda, formar un grupo, compartir su descubrimiento y hacer participe a otros del rito, de la ceremonia que vive en dicho transito. Sucede así porque la división entre interior y exterior es presumiblemente un delirio y ambos espacios confabulan y discrepan, se reflejan, porque que son lo mismo.

La película retrata bellamente la reunión del hombre con el alma, y la guía coherente que ella proporciona cuando es bien recibida por su anfitrión, y cuando éste toma cartas en su propio viaje, aproximándose voluntariamente, a pesar del temor, al paraje oscuro y peligroso de su inconciente. Es una representación del aspecto constructivo del encuentro, por ello el tabú ni siquiera es mencionado, pues la trama supone una diferenciación tacita, los personajes siempre saben que la narf no pertenece a su mundo y que su lugar es otro.

Shyamalan basa su guión en un cuento que inventó él mismo para sus hijos, pero este cuento rescata la secuencia y la función mimética de los antiguos cuentos de hadas, formas breves del mito y del ritual. Ningún cuento de hadas es gratuito, su función es iniciar al sujeto la vida profunda de su dimensión inconciente. De tal modo La dama en el agua vivifica el importante papel que los cuentos tienen en la existencia de los hombres y por este medio narra la aventura del individuo que da un lugar adecuado al alma guía; hecho de sobremanera importante en estos tiempos, en que, tal como lo describe la obra, el ser humano se ha alejado demasiado de los mundo ocultos e irracionales.

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