La dama en el agua y El protegido, de M. Night Shyamalan (parte 2 y última)
La otra película es El protegido, de nuevo un film sencillo, que en este caso inicia con un terrible accidente ferroviario. Únicamente dos personas sobreviven al incidente y una de ellas no vivirá por mucho tiempo. El único sobreviviente, el protagonista, se encuentra ajeno y desolado, pero no es la tristeza por la muerte lo que le aqueja, es una tristeza más honda y más persistente.
El protagonista vive una vida opaca, en donde todo está en declive, su matrimonio, la relación con su hijo y sobre todo su apreciación del vaivén de lo cotidiano. Por la mañana despierta y algo siempre falta, un objeto indecible que se escapa sin que él sepa nunca que es y sin que tenga un rastro que seguir.
Retrato apegado de la angustia existencial, en donde la vida no es lo suficientemente emocionante para acelerar el corazón de los hombres y donde la actitud que prevalece es la de una fría serenidad, casi una sensación nauseabunda, solitaria, desértica.
Sin embargo, en esta ocasión singular, algo significativo sucede, otro hombre contacta al sobreviviente. Ese hombre le explica que siempre ha sido sumamente frágil, nació con una enfermedad que provoca que sus huesos se rompan como el cristal (osteogénesis imperfecta). Cree que si él es un ser tan débil por tanto debe haber en el mundo alguien que sea su contrario, el espejo que lo refleja y que en el fondo se le parece, un hombre invulnerable, irrompible. Como el inmortal de Borges que sabe que el río que lo doto de la maldición tiene un contrario que le sanará de la vida. Esta es aproximadamente la trama de la película, un hombre que descubre que es casi invencible al tiempo que tropieza con su opuesto.
Algo sumamente curioso es la teoría por la cual el hombre de cristal descubre al inquebrantable. En un dialogo, el enfermo buscador, confiesa que su interés por los cómics es lo que lo ha llevado a tal aventura, ya que en ellos ha apreciado una nueva forma de la mitología, la continuación de las antiguas costumbres, en una condición habitual y que pasa casi desapercibida.
Una intuición bastante interesante, los cómics revelan parte de la mitología de nuestro tiempo, en ellos los hombres proyectan lo que los pueblos antiguos hacían en sus historias y ritos. El aspecto mitológico en los últimos siglos ha sido degradado y reducido a meras curiosidades primitivas, pero sus funciones superan el entendimiento de la ciencia racional que ve en ellos sólo juegos y supersticiones.
El cómic personifica también una cosmovisión más o menos precisa de lo que acontece en su tiempo, en él los valores, los hechos, la aventuras van evolucionando de acuerdo a la ideología de su tiempo; un héroe no se enfrenta a sus némesis de la misma manera década tras década, su modo de acción, sus angustias, la critica implícita que hace del mundo, van trasformándose conforme al cosmos que lo crea.
Se equivocan los que piensan que la edad del mito ha terminado, sucede únicamente que ya no somos sensibles a él, pero su auge es mayor que nunca, pues el mito encierra en sí la visión de la época, y no sólo eso, también es participe de las experiencias pasadas de toda la humanidad. En cierto modo el mito, como genero, es más fuerte actualmente que en cualquier tiempo anterior porque envuelve la herencia de un pasado de costumbres; quizá el problema real es que hoy se desvía la mirada ante él, se desoyen sus consejos y se le relega a los lugares que la razón utiliza para ocultar lo que no es capaz de comprender.
El mito no es ya algo importante para los hombres, pero surge en todos los lugares con o sin importancia, en las religiones y los cultos, en la ciencia, en el arte, en el cine y la televisión, en las leyendas actuales, en las celebridades, en la música, en la literatura. Está inmerso en todo y nadie le reconoce, por eso tiende a surgir deformado e incluso terrible. Cuando la mitología es infamada el mundo pierde una brújula esencial y comienza entonces la tiranía de los relatos incompletos.
El protegido, demuestra la primacía del mito en el cómic y llevando a cabo un ejercicio de imitación se desarrolla a la manera de este recurso. Pronto el protagonista recobra su vigor al comprender que su vida está dotada de significado, lo cual llega, sorpresivamente, justo al mismo tiempo que su opuesto, lo cual es otro modo de decir que el mundo se mueve primordialmente a través de la unión y lucha de contrarios, parafraseando a Heráclito. Además ello es una tendencia psíquica e invariablemente nada existe sin que lo antitético esté cerca.
El bien no tiene sentido sin el mal, son dos caras de una misma sustancia y se necesitan mutuamente para ser completos, para superar la inútil división que un día los condeno. Por eso ambos, el protagonista y su némesis, se ven al final satisfechos, ya que han encontrado en su antagónico al único ser que les da significación, no es la vida heroica la que impele al héroe, sino la presencia de su contrario, idea muy bien tratada también en El caballero de la noche de Nolan.
Al final, luego de la confrontación, viene el destino, dictado en paginas incorrompibles, antes incluso del origen mismo. Y las varias estructuras que imitan estas formas inasibles luchan por compartir con ellas la sustancia que las modela, el infinito que las envuelve; ya sea una vieja tablilla o un cómic recientísimo, no hacemos más que intentar alcanzar un trozo de lo eterno.
Así, ambos trabajos, La dama en el agua y El protegido, son fabulas de la condición humana, y rescatan a su vez medios denostados, uno el cuento y otro el cómic, vehículos de la mitología de nuestro tiempo que nos dan indicios de su gran prevalencia y enseñan que su voz nunca ha cesado, y que es necesario prestarle atención.
El protagonista vive una vida opaca, en donde todo está en declive, su matrimonio, la relación con su hijo y sobre todo su apreciación del vaivén de lo cotidiano. Por la mañana despierta y algo siempre falta, un objeto indecible que se escapa sin que él sepa nunca que es y sin que tenga un rastro que seguir.
Retrato apegado de la angustia existencial, en donde la vida no es lo suficientemente emocionante para acelerar el corazón de los hombres y donde la actitud que prevalece es la de una fría serenidad, casi una sensación nauseabunda, solitaria, desértica.
Sin embargo, en esta ocasión singular, algo significativo sucede, otro hombre contacta al sobreviviente. Ese hombre le explica que siempre ha sido sumamente frágil, nació con una enfermedad que provoca que sus huesos se rompan como el cristal (osteogénesis imperfecta). Cree que si él es un ser tan débil por tanto debe haber en el mundo alguien que sea su contrario, el espejo que lo refleja y que en el fondo se le parece, un hombre invulnerable, irrompible. Como el inmortal de Borges que sabe que el río que lo doto de la maldición tiene un contrario que le sanará de la vida. Esta es aproximadamente la trama de la película, un hombre que descubre que es casi invencible al tiempo que tropieza con su opuesto.
Algo sumamente curioso es la teoría por la cual el hombre de cristal descubre al inquebrantable. En un dialogo, el enfermo buscador, confiesa que su interés por los cómics es lo que lo ha llevado a tal aventura, ya que en ellos ha apreciado una nueva forma de la mitología, la continuación de las antiguas costumbres, en una condición habitual y que pasa casi desapercibida.
Una intuición bastante interesante, los cómics revelan parte de la mitología de nuestro tiempo, en ellos los hombres proyectan lo que los pueblos antiguos hacían en sus historias y ritos. El aspecto mitológico en los últimos siglos ha sido degradado y reducido a meras curiosidades primitivas, pero sus funciones superan el entendimiento de la ciencia racional que ve en ellos sólo juegos y supersticiones.
El cómic personifica también una cosmovisión más o menos precisa de lo que acontece en su tiempo, en él los valores, los hechos, la aventuras van evolucionando de acuerdo a la ideología de su tiempo; un héroe no se enfrenta a sus némesis de la misma manera década tras década, su modo de acción, sus angustias, la critica implícita que hace del mundo, van trasformándose conforme al cosmos que lo crea.
Se equivocan los que piensan que la edad del mito ha terminado, sucede únicamente que ya no somos sensibles a él, pero su auge es mayor que nunca, pues el mito encierra en sí la visión de la época, y no sólo eso, también es participe de las experiencias pasadas de toda la humanidad. En cierto modo el mito, como genero, es más fuerte actualmente que en cualquier tiempo anterior porque envuelve la herencia de un pasado de costumbres; quizá el problema real es que hoy se desvía la mirada ante él, se desoyen sus consejos y se le relega a los lugares que la razón utiliza para ocultar lo que no es capaz de comprender.
El mito no es ya algo importante para los hombres, pero surge en todos los lugares con o sin importancia, en las religiones y los cultos, en la ciencia, en el arte, en el cine y la televisión, en las leyendas actuales, en las celebridades, en la música, en la literatura. Está inmerso en todo y nadie le reconoce, por eso tiende a surgir deformado e incluso terrible. Cuando la mitología es infamada el mundo pierde una brújula esencial y comienza entonces la tiranía de los relatos incompletos.
El protegido, demuestra la primacía del mito en el cómic y llevando a cabo un ejercicio de imitación se desarrolla a la manera de este recurso. Pronto el protagonista recobra su vigor al comprender que su vida está dotada de significado, lo cual llega, sorpresivamente, justo al mismo tiempo que su opuesto, lo cual es otro modo de decir que el mundo se mueve primordialmente a través de la unión y lucha de contrarios, parafraseando a Heráclito. Además ello es una tendencia psíquica e invariablemente nada existe sin que lo antitético esté cerca.
El bien no tiene sentido sin el mal, son dos caras de una misma sustancia y se necesitan mutuamente para ser completos, para superar la inútil división que un día los condeno. Por eso ambos, el protagonista y su némesis, se ven al final satisfechos, ya que han encontrado en su antagónico al único ser que les da significación, no es la vida heroica la que impele al héroe, sino la presencia de su contrario, idea muy bien tratada también en El caballero de la noche de Nolan.
Al final, luego de la confrontación, viene el destino, dictado en paginas incorrompibles, antes incluso del origen mismo. Y las varias estructuras que imitan estas formas inasibles luchan por compartir con ellas la sustancia que las modela, el infinito que las envuelve; ya sea una vieja tablilla o un cómic recientísimo, no hacemos más que intentar alcanzar un trozo de lo eterno.
Así, ambos trabajos, La dama en el agua y El protegido, son fabulas de la condición humana, y rescatan a su vez medios denostados, uno el cuento y otro el cómic, vehículos de la mitología de nuestro tiempo que nos dan indicios de su gran prevalencia y enseñan que su voz nunca ha cesado, y que es necesario prestarle atención.







