enero 16, 2006

Terramar


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El mes pasado recibí por motivo de mi cumpleaños 22 varios libros muy interesantes, dentro de esta plétora destacaban dos que hicieron mis delicias este fin de año, y aun este año que empieza. Me refiero a Historias de Terramar I y II de Ursula K. Le Guin, ambos a su vez contienen, cada uno, dos libros que también existen en ediciones por separado, así que de acuerdo a la cronología estos son los libros que compilan: Un mago de Terramar, Las tumbas de Atuan, La costa más lejana y Tehanu.

Estas historias comienzan a publicarse en 1968 y desde ese primer libro el mundo de Terramar se ha hecho cada vez más intrincado y, por ende, rico.

El primer libro, Un mago de Terramar, comienza con la historia del héroe del mundo en cuestión, Duny, un chico solitario, hijo de un herrero, que vive en la isla de Gont, en un poblado pobre y sin gran comunicación con el exterior, su madre ha muerto hace años y él ayuda a su tía, además de ser responsable de un rebaño. La tía de Duny ejerce el arte de la brujería y el chico, interesado, decide aprender lo que puede de este oscuro oficio. Un día hombres del imperio de Kargad llegan a la isla y todos saben que los días del pueblo están contados. Mal preparados para la batalla, los hombres de la aldea se disponen a luchar una batalla perdida, entonces Duny armado de algunos sortilegios, manda a llamar una niebla que cae sobre el camino de los Kardos y los desvía hasta un precipicio en donde todos mueren. Sin embargo la acción heroica y el uso desmedido de poder hacen que Duny caiga en un letargo del que, al parecer, es imposible sacarlo.

Enterado de las hazañas del chico, un viejo hechicero decide pasar por esta pequeña aldea olvidada. Al llegar cura a Duny y se presenta como Ogion, del que dicen las leyendas fue capaz de detener un terremoto. Previendo el potencial de nuestro protagonista, Ogion decide tomar a su cargo a Duny, al cual le revelara su verdadero nombre, porque en ese mundo todo tiene un nombre velado por el tiempo y este nombre constituye el verdadero poder de los magos, así que lo nombra Ged y lo lleva donde será su primer lugar de entrenamiento.

Mientras Ogion instruye a Ged en tareas simples, el espíritu joven del pequeño mago no puede dejar de sentir curiosidad, misma que lo lleva a desatar una magia oscura de la cual no podrá escapar y a la que tendrá que vencer de alguna manera o ella se encargara de destruirlo por completo.

Así comienza la leyenda de Ged, también conocido como Gavilan, el señor de dragones, el archimago que devolverá la paz a Terramar, pero en esta primera aventura se tendrá antes que enfrentar a la sombra que el mismo ha desatado y de la que, de siempre, ha sido responsable.

A Terramar se le puede comparar con el universo de la tierra media que describe El señor de los anillos de Tolkien, pero se cometería un error, porque la diferencia es mucha. Ambas historia fantásticas tratan temas parecidos, el mal contra el bien, magos, guerreros, dragones pero el tono de sus discursos es abismalmente distinto.

Mientras Tolkien, en su obra, se enfrasca, de manera maravillosa, en describir una tierra media llena de paisajes extraños y hermosos, y batallas que son de lo mas vividas e impresionantes; Le Guin por su parte trata estas hazañas como un mero agregado a su principal preocupación, esto es, tratar de narrar con una inmensa riqueza el contexto interior de su personajes.

La lectura de la saga de Terramar supone adentrarse en el problema psicológico del mal, de donde surge, a donde va, cual es la mejor manera de resolverlo, son cuestiones con las que Ged se enfrentara durante toda su travesía (no estoy seguro, leo actualmente La costa mas lejana y me faltan aun dos libros mas). Para los conocedores de la psicologia profunda de Jung, esta saga supone una fuente de varias lecturas doctrinales sobre el mundo psíquico humano, pero aunque no se conozca esta corriente de pensamiento supongo que debe haber una fuerte identificación con los tema tratados en estos libros.

Una saga fantástica no es siempre fácil de digerir, y menos aun de encontrar, he tratado mucho tiempo de comprar los libros por separado y no lo he logrado, solo encontré el primer libro. Se de algunas fuentes que en España tampoco es fácil encontrarlos, y es que Ursula K. Le Guin no es tan reconocida por sus obras como lo es Tolkien, o como la pobre narrativa de Rowling o el mediano Lewis. Todas estas son historias que están en boga, pero de Le Guin solo he podido recibir estas dos grandes compilaciones y ver una miniserie llamada Terramar que lamentablemente era un monstruo insano creado a partir de este mundo increíble y deformado hasta tal punto que resultaba abominable.

Terramar merece un lugar muy alto en las obras de ficción, aunque no tan popular como las obras de Tolkien, es tan bueno y tan particularmente diferente que merece una revisión exhaustiva de todas las formas que aparecen a lo largo de las novelas, a lo largo de la saga, cuyas continuaciones: Cuentos de Terramar y En el otro viento completan esta aventura a la que Le Guin nos invita y, por supuesto, en la que yo me he embarcado.

enero 11, 2006

Divagaciones (El Dios que sueña)


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El conocimiento que tengo del mundo, como Kant lo hiciera notar, es solo una interpretación que hago del mismo. Mi fenomenologia conforma unos espejuelos por los que la realidad se filtra y me muestra un mundo ya no real sino enriquecido, o empobrecido, por ese sustrato ilusorio que son mis pensamientos.

El mundo es más o menos lo que pensamos de él, como hombre no tengo una certeza del mundo que me rodea, solo de mi propio mundo, el que me habita. A diferencia de los dioses y las cosas, yo soy un ser inacabado, con forma cambiante, mientras el mundo, perfecto y magnánimo como es, resulta un lugar irreconocible para mis pobres percepciones.

Dios creo el mundo, pero no fuera de él, lo hizo dentro de si mismo, de alguna forma divina deformo el interior que lo imbuía y lo transformo para volverlo algo diferente, pero solo en apariencia, porque solo la apariencia es potencialmente deformable.

Y nosotros, pobres criaturas no podemos presenciar a Dios, porque el mundo es un atributo de Dios, y por lo tanto cada intento de ver al mundo como tal, culminara o con la desesperanza o con la disolución. Ver a Dios es ser Dios, y con ello viene la difuminacion del ego, de la individualidad, de la conciencia.

Así como la eternidad se presenta en forma de tiempo para que el hombre pueda ser testigo de ella, el universo entero se nos presenta en un estado alterado y nunca natural, todo lo existente es ilusión, pero una ilusión necesaria para desenvolvernos con nuestra precaria humanidad.

Si el mundo existe yo no lo se, el que algo además de mi exista es una hipótesis entre muchas, yo creo que hay un mundo en el que vivo, escribo y me desarrollo, y creo que hay otros que están viviendo vidas semejantes a la mía, por ser de mi misma especie, pero esas son solo suposiciones que nunca podré comprobar con certeza.

Me queda la fe, y la esperanza de que si el mundo es ilusión, yo también lo sea, y estos pensamiento pronto se esparzan como el viento sobre las copas de los árboles y una noche alguien despierte, quizás Dios, y recuerde vagamente que existió un universo y dentro de él algunos hombres que escribían sobre las dudas de su existencia y sobre un Dios que una noche despertó y recordó un universo en el que…

enero 06, 2006

El día de silencio

Este vaso y esta barca
y estas ilusiones volantes,
soñadoras de amaneceres impíos
y auroras lentificadas.

Rotas, rotas en desgracias
navegan las flores,
horrificas desde dentro,
silenciadas con metralla,
con ruidos de la noche nimia.

Los papeles del amor blanco
vuelan como gaviotas
al son del viento alto
aves, nubes de paso,
la costa de espuma fértil
las llamara pronto a su abrazo.

Marfil que es la costa,
la barca que pesa,
los hombros que cargan,
también el vaso se quiebra
¿a donde, a donde?
pues en mis ojos,
se rompe al fumar el tiempo,
al coger las venas
de esas albas salinas
y de esos lunes amargos.

En este puerto proscrito
caen corsarios de fuego,
desembarcan inermes
a comerciar el castigo,
perjuicio de esta barca,
pureza de este vaso
y el sol los mira lejos
como amenizando el paso.

Hay de mi, soledad terca,
esta playa refractaria
no dejara que me vaya,
porque su pleonasmo de arena,
sus argucias de cielo,
se jactan de estas
mis tibias penas,
que al toque del mar, monopétalo,
se convierten en tristezas,
marinas semblanzas de los ojos recios
ensueño de olas,
órficas algas,
el mar viene lento
en gritos verdosos,
el vaso y la barca naufragan temibles
y entonces los veo
y escapo con ellos.

¿A donde he llegado?
¿que aguas, que soles,
que estruendos felinos?
los amaneceres lentos,
a morir se han ido.

Tristeza salina,
aire envenenado
se unen maltrechos
en cuerpos tendidos,
me pierdo, me pierdo
cual rojos ocasos
y llega el saliente
crepúsculo serio,
la vida se acaba
y vuelve a empezar,
pero el día de silencio
no acaba jamás.

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