mayo 15, 2006

Ernesto Sabato y la noche del mundo


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Hace algunos meses escuche de alguien una frase muy hermosa y contundente, quien la cito dijo que era de Ernesto Sabato, la frase es esta:

La noche no es menos maravillosa que el día, no es menos de Dios, y el resplandor de las estrellas la ilumina, y la noche tiene revelaciones que el día ignora. La noche tiene más afinidad con los orígenes que el día. El abismo no se abre más que con la noche.

Dicha frase contiene muchas implicaciones, pues nos hace recordar que la utopía del bien, como única forma del universo, es un concepto incompleto, ya que el mal también tiene un lugar propio y es tan importante como el bien. El mal es la sustancia del universo, lo que le da movimiento.

Así también en nosotros el mal es una parte importante que no debemos olvidar, en ella se encuentran los misterios del hombre, los mensajes que nuestro ser verdadero nos depara. Del mal provienen los mitos y los sueños, pues la sombra escondida en nosotros no tiene otra forma de comunicarse que los símbolos, que la proyección de la misma en los cuerpos de afuera, en los espejos en lo que nos vemos reflejados y en los que con frecuencia no nos reconocemos.

“Dicen que Dios se odiaba en acto, que se odiaba con la fuerza de los infinitos leones azules del cosmos; que se odiaba para existir”, así lo menciona Eduardo Lizalde en uno de sus poemas, y también nuestro propio odio es creador de mundos, es generador del movimiento de las cosas, sin odio no hay vida ni transformación, es decir muerte.

Pero el odio debe ser comprendido, así como el mal, pues una manifestación inconciente del mismo es tan dañina para el hombre como inútil para el mundo. Para que el odio funcione en su magnifico esplendor requiere ser asumido como el creador y constructor de universos.

Volviendo a la frase citada, resulta que no es de Ernesto Sabato, es de un filosofó Ruso de apellido Berdiéiev, Nikolái Alexándrovich Berdiáiev, no se mucho de él así que solo queda como una aclaración.

Sabato cita a Berdiáiev, en un libro que acabo de leer llamado La Resistencia, un conjunto de cinco epístolas y un epilogo, en los que habla de la condición actual del hombre, de su decadencia y aflicción, pero también de su posible resistencia y de un futuro esperanzador. Me ha gustado mucho porque tiene varias ideas que yo mismo he ido siguiendo por un tiempo, por ejemplo sobre el mito lo refiere como algo importante como una dimensión humana que hay que rescatar, pues la sociedad moderna se ha empeñado en zanjar la esfera mítica y la ha relegado a la condición de superchería y Sabato dice “Hoy no tenemos una narración, un relato que nos una como pueblo, como humanidad, y nos permita trazar las huellas de la historia de la que somos responsables". Esta es de la carta “Los antiguos valores”.

Y en este tono, las cartas son un llamado a los lectores a que resistan a la devoradora modernidad, posmodernidad, y que se preparen para un tiempo oscuro. Pero, y por eso la cita de Berdiáiev, la oscuridad no tiene por que inmovilizarnos, seria mejor que aprendiéramos a cerrar lo ojos y ver de una manera diferente. En este tiempo del ocaso los parpados se cierran y la vida exige que sin ver veamos, que sin obrar hagamos (por parafrasear el Tao te king) y que nuestro artificial día se convierta a la natural noche, pues la noche tiene más afinidad con los orígenes que el día y justamente en el origen esta la fuente de nuestro futuro.

Si el mundo es oscuro celebrémoslo pues la muerte es una cosa maravillosa y terrible que hay que venerar, así como la vida. Y ahora que la penumbra adviene, también con ella llega un tiempo de tribulaciones y de transformación. Agradezcámoslo y preparémonos para el final.

mayo 10, 2006

Alquimia (parte II)


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La siguiente afirmación confirma la importancia del trabajo de Jung en el desciframiento de los símbolos alquímicos:

Fue el logro de Carl Jung, quien primero descifro los símbolos de la alquimia por medio del material clínico suministrado por el análisis de los sueños, y luego sobre esta base formuló el argumento de que la alquimia era, en esencia, un mapa del inconciente humano (Berman)

El trabajo de Jung se enfoca, en el caso de la alquimia, a mostrar un matiz de los conocimientos alquímicos el cual, de alguna forma, se perdió en la vorágine de la sociedad moderna. Jung propuso que la alquimia no solo no había sido una ciencia con, únicamente, propósitos materiales, como el oro y la lapis filosofal, sino que su verdadera búsqueda era el conocimiento del “si mismo” a través de los procedimientos que el ejercicio de la alquimia ofrecía a sus practicantes.

Jung ofrece en su trabajo un panorama en donde los sueños son de máxima importancia, porque a través de ellos el inconciente se manifiesta y muestra al soñador significados ocultos que necesita o necesitará para conseguir la armonía psíquica. Lo mismo que en los sueños, en la alquimia las imágenes no deben ser tomadas literales, sino que hay que desentrañar de sus formas significados mas profundos, ya que ocultan entre sus líneas información que solo se revela al que indaga con avidez en los significantes arquetípicos.

Berman ejemplifica lo anteriormente dicho y menciona: “el oro del cual ellos hablaban, no era realmente oro, sino que un estado “áureo” de la mente, el estado alterado de la conciencia que supera a la persona…”.

Sobre esto Federmann también pone varios ejemplos tal como éste: “La cuadratura del circulo simboliza la gran obra, toda vez que descompone en los cuatro elementos la caótica unidad inicial, que luego integrara a su vez a estos cuatro elementos en una unidad superior”.

Tal como lo exponen los ejemplos anteriores la alquimia esta llena de simbolismos y problemas a resolver que poco tenían que ver con los que la ciencia moderna les atribuye, y que implicaban un alto nivel de discernimiento espiritual, los problemas de los que se ocupaba esta protociencia estaban ligados al conocimiento del hombre por el hombre, tal como lo hacia la escolástica y tal como lo hacia la brujería, solo que su método era diferente, oscuro para el lego, pero de gran riqueza.

Se debe también resaltar un aspecto que Berman observa en la practica de la alquimia: “La alquimia era en primer lugar y antes que nada, un oficio, “un misterio”… [y] Como nos dice el Génesis, la creación o modificación de la materia, el meollo de todos los oficios, es la primerisima función de Dios”.

De esta idea Berman deriva que la alquimia, como otros oficios, tenia la función de ayudar a la tierra a dar los frutos que de ella, naturalmente, emanaban, como un obstetra el alquimista recibía el don de la tierra y lo ayudaba a crecer y desarrollarse, así “todos lo metales están en el proceso de convertirse en oro, […] ellos son oro en potencia” (Berman)

Si la afirmación hecha de que todo material viene de la madre tierra y puede convertirse en oro se traduce a un lenguaje psicológico, se amplia la visión del campo de acción de la alquimia a una forma, aunque vedada, de comprensión del fenómeno humano.

El trabajo de Jung es reconocido por estos autores (Berman y Federmann) como una revolucionaria manera de concebir el viejo mundo del oficio tratado, sin embargo Berman va más allá de la visión psicológica de la alquimia y afirma la naturaleza real del trabajo de los alquimistas.

Berman arguye:

La literatura de la alquimia registra que realmente se llegó a producir oro, y el testimonio no se puede descartar tan fácilmente. En un caso, Helvetius (Johann Friedrich Schweitzer), medico del Príncipe de Orange, fue testigo, en 1666, de una transmutación.

Así Berman dice que la transmutación en realidad sucedió porque “El mundo en que se practicaba la alquimia no reconoció grandes diferencias entre los acontecimientos mentales y materiales”

Por ultimo Berman afirma, y esto suena contundente, “Debido a que la materia poseía conciencia, la habilidad para transformar la primera [la materia] automáticamente significaba que uno era hábil para trabajar con la ultima [la mente].

La alquimia como proceso, se ha podido advertir, implicó la visión moderna que se tiene de ella, es decir la búsqueda de la transmutación pero también, y mas profundamente, significó una oportunidad, para los alquimistas, de investigar en las inmensidades del inconciente, y en esto las destilación de sustancias y sus efectos de alterar la conciencia ayudaron de sobremanera. Además la alquimia pertenecía a un mundo diferente, un mundo que como la brujería sabia, estaba vivo y quizás la forma de ese mundo era diferente al actual, y se podía transformar de cierta forma, los comentarios que Berman hace al respecto dejan abierta la posibilidad de que la realidad del alquimista le haya posibilitado llegar a un resultado doble, tanto en lo psíquico como en lo material, ya que la edad media se caracterizaba por una cosmovisión holista del universo en donde estos dos campos eran capaces de converger y de ser uno mismo.

mayo 08, 2006

Alquimia (parte I)


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El antiquisimo arte de la Khemeia, de acuerdo a Asimov, tiene sus orígenes en el antiguo Egipto y tiene que ver, en un principio, con cuestiones prácticas religiosas, en este caso el embalsamamiento y conservación de los cuerpos. Después su uso es adoptado en la Grecia antigua y combinada con nociones aceptadas sobre la composición de la materia, se deduce que es posible transmutar los metales a otros si las cantidades de sus componentes son alteradas para semejar el material al que se pretende llegar.

Durante la edad media los árabes se ocuparon de rescatar una parte significativa de las enseñanzas griegas, y así como revivieron los diferentes saberes acumulados por esta civilización, también rescataron del olvido la antigua practica mística y fue así como según Asimov “khemeia se convirtió en al-kimiya, siendo al, el prefijo correspondiente a “la”. Finalmente la palabra se adoptó en Europa como alquimia, y los que trabajaban en este campo eran llamados alquimistas”.

¿Pero que es lo que hacia la alquimia?, existe una respuesta fácil para esta pregunta tan extensa: “es la ciencia del pretendido arte de fabricar oro” (Federmann)

Efectivamente, los alquimistas eran conocidos por su afán por conseguir la transmutación de ciertos metales en otros más valiosos, el principio era el anteriormente explicado y el problema más grande era saber la proporción exacta de materiales que se debían mezclar para obtener derivados.

El oro en la cultura occidental, a causa de su escasez, ha sido un metal muy preciado, y aunque no tenga una utilidad precisa, su uso suntuario lo convierte en un símbolo de riquezas y, por lo tanto, de poder. Aunque una mas profunda revisión del significado del oro, puede llevar al interesado a consideraciones tales como las que Federmann hace: “Cuando fue extraído de la tierra por primera vez, hace ya mas de cinco mil años (hacia el año 3500 a. C. en Nubia) era algo sagrado; era el sol sobre la tierra, y el sol era Dios”.

El oro cobra así dos significados totalmente opuestos, pero convergentes a un nivel superior. Primero el oro como fuente de riqueza y poder, como instrumento mundano de la torpe avidez humana. Y segundo, como símbolo de lo divino, del sol que alimenta con su vida a los seres vivientes en esta tierra, del dios omnipotente que desde el cielo observa a sus servidores, pero también como un origen al que el ser humano deber ser capaz de regresar.

En cuanto al primer significado, los alquimistas usaron sin duda su conocimiento para tratar de encontrar la forma de trasmutar los metales, en especial el plomo, en oro, esta era una pretensión difícil de rechazar debido a los grandes beneficios que conllevaría el poder hacerlo, la fortuna, la fama, el poder y todo lo que viene acompañado con estos grandilocuentes sueños.

A pesar de haber usado un conocimiento y método que podría considerase herético la alquimia no fue prohibida, por causa de su fachada de objetivo, fue esta razón la que le permitió a los alquimistas seguir sus “experimentos” sin el temor de ser perseguidos. Aunque lo último no fue siempre cierto, por ejemplo Asimov menciona que el emperador Diocleciano, de Roma, temía un desmoronamiento de la economía, el cual ocurriría sin duda si el oro fuera fácil de fabricar, así que en la época de Zosimio, ordeno la incineración de todos los materiales que trataran la khemeia.

Muchos siglos duro el ejercicio de la alquimia y seria excesivo tratar de reducir la historia de esta disciplina, con todos sus autores y personajes, anécdotas, que van más allá de los límites de este pequeño texto. Se tratara, a causa de esta limitante, de mostrar solamente un aspecto pocas veces tomado en cuenta en la alquimia, su valor simbólico.

Berman habla así sobre la visión occidental moderna de la antigua alquimia:

Si han de creerse los textos convencionales de historia, la alquimia fue un intento de encontrar una sustancia que, cuando se agregara al plomo, transformaría este en oro. Alternativamente, era el intento de preparar un líquido, el elixir vital, que prolongaría indefinidamente la vida.

Después de esta afirmación Berman alude a la insensatez de estos objetivos comparados con los objetivos planteados por la ciencia que actualmente se conoce.

Se reconoce a la alquimia como la disciplina predecesora de la química (igual que a la astrología la predecesora de la astronomía) y que en la búsqueda de nuevas sustancias se llegaron a resultados prácticos que fueron de gran importancia, por ejemplo Asimov en su descripción de la alquimia cita varios de estos descubrimientos:

Alberto Magno describió el arsénico con tanta claridad en el transcurso de sus experimentos de alquimia, que en ocasiones se le considera como el descubridor de esta sustancia [y] [Geber] Fue el primero en describir el ácido sulfúrico, la sustancia simple mas importante de las utilizadas por la industria química en la actualidad.

Por mucho se trata a la alquimia como un pensamiento primitivo, algunas veces afortunado, perfil de lo que mas tarde sería la química formal, y por lo tanto se le ha relegado a la categoría de misticismos que tanto fastidian a los hombres de ciencia.

Berman admite la existencia de charlatanería por parte de algunos alquimistas, pero dice que “una detenida observación de los grabados sobre la alquimia de la Edad Media y del Renacimiento, tales como los coleccionados por Carl Jung, es suficiente para convencernos que esa charlatanería apenas si era la historia completa”.

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