septiembre 19, 2006

Sueño antes de cualquier suceso



Sueño que estoy vivo, que soy amado y amante, que aun las horas de la desgana no han caído sobre mis hombros; sueño que una voz me llama, y que la descubro. Hay una hoja sobre mi mano, y el pasado ya no existe, sueño que un silencio me envuelve mientras regreso de un lugar que aun no he conocido; luego me doy cuenta: yo no soy yo, soy otro, y un ruido seco me arrebata de mis pensamientos y me obliga a mirar hacia la sombra, hacia el vació de unos ojos que no me pertenecen.

septiembre 13, 2006

Chejov y la objetividad

Posted by Picasa



El triangulo de Fritag, como nos dice Zavala, representa la estructura arquetípica del cuento en general, tanto clásico como moderno, con una exposición introductoria, seguida de un desarrollo del conflicto y culminada en un apoteótico desenlace. Todo esto combinado con una brevedad del relato fijado en un efecto claramente definido, componían el cuento desde que Poe lo reestructurara con su famosa unidad de impresión.

Pero parece ser que la tradición occidental del cuento moderno no cobro la suficiente influencia sobre los artistas dedicados a este arte en la antigua Rusia. Antón Chejov es un claro ejemplo.

Si algo caracterizaba la narrativa de Chejov fue su profunda creencia en la austeridad del lenguaje, es decir, para Chejov era más importante la brevedad que las descripciones prolijas. El autor decía: “…en los cuentos es mucho mejor quedarse corto que decir demasiado.”

Cuando se leen cuentos como “Una mujer sin prejuicios”, lo primero que se nota es la total falta de adornos, no hay un encadenamiento de adjetivos tras un sujeto que queda abigarrado por la profusión de los mismos. En el momento en que describe a su personaje dice de él: “es alto, fornido, corpulento, sin temor a exagerar, puede decirse que es de complexión atlética”, luego viene una exposición de los curiosos atributos de dicho personaje, pero prevalece la abreviación.

También es de notar que en este cuento los personajes son solo dos, Maxim como el principal y Elena como el objeto amoroso. “El centro de gravedad debe caer en dos personas: él y ella, como recomendaba Chejov en otra epístola.

Sin embargo, un punto importante que me gustaría resaltar es el de la terrible objetividad de la que algunos acusan a sus cuentos.

En una carta a A. S. Souvorin, Chejov se lamenta diciendo: “Me reclamas mi objetividad, llamándola indiferencia hacia el bien y el mal, falto de ideales y de ideas y quien sabe qué cosas más” y ciertamente esto no era nuevo para él, Maugham refiere que esta meta de objetividad le trajo a Chejov muchas injurias por parte de algunos escritores contemporáneos que tenían como convicción que el escritor debía comprometerse con los temas sociales.

Pero Chejov prefería apartar toda subjetividad de su trabajo, para él lo importante era describir la acción de los personajes, no tanto su psicologia, pretendía que lo narrado expusiera por sí mismo las condiciones del drama tratado, importaba el tono más que la anécdota.

“Cuando escribo confío plenamente en que el lector añadirá los elementos subjetivos que estén faltando en el cuento”, así la impresión objetiva que al parecer rodea al cuento no es más que un recurso del autor para obligar al sujeto a participar del texto, dando su punto de vista, tomando partido por la causa del protagonista o repudiándola, según sea el caso, pero nunca quedando impávido ante el vértigo de la obra.

El ejercicio de la medicina seguramente proporciono a Chejov una gran capacidad de observación y sobre todo de empatia con el fenómeno humano, cualidad que caracterizo a los buenos médicos de antaño. El conocer al hombre le dio una gran herramienta para no tener que explicarse a si mismo que pasaba con sus personajes, pues de antemano conocía el camino por los que la historia los llevaría, tanto en lo exterior como en lo interior.

De cualquier forma, la objetividad era más una característica del escritor que un criterio prefigurado y estudiado, quizá primero apareció en escena la dote narrativa y luego surgió la explicación racional.

Koteliansky dice: “Chejov, en su maravillosa objetividad, pasando por encima de dolores y alegrías personales, lo sabia y lo veía todo; podía ser cariñoso y tierno sin amar, generoso y simpático sin tener afectos, benefactor sin esperar recompensa”

También Alejandro Kuprin observa algo parecido: “Creo que no abrió ni entrego su corazón a nadie. Pero miraba a todo mundo con cariño, aunque no como lo exige la amistad y, al mismo tiempo, con una gran interés, aunque tal vez inconciente”

Es la clara objetividad de un hombre que comprende a los demás como cosas, maravillosos objetos eso si, pero siempre desalmados, esto que pudiera ser un grave complejo en una persona normal, en el artista se convierte en una virtud.

A todo esto hay que aclarar algo, la objetividad es imposible, no existe más que como concepto y aun así es rebatible, el mundo siempre es subjetivo, por lo menos tal como el hombre lo concibe. La búsqueda de la objetividad siempre fracasa y también lo hace en Chejov, de tal manera que juzga sin juzgar y emite juicios a pesar de que sus palabras carezcan de adjetivos vanos.

En los cuentos de Chejov se pueden vislumbrar los brotes de una revolución que llevará a una tierra a la completa reestructuración, se pueden ver los vicios de una aristocracia voraz, y el sufrimiento de un pueblo victima de la carencia. Bataille pensó que la única forma de cambio posible en la Rusia antigua era a través del terror, tal como sucedió. Esto es más nítido en cuentos como “Tristeza” en donde se nota ampliamente el punto tratado, en la narrativa de Chejov esta implica la subjetividad de la que huye, y esta se conjuga con la vivencia del lector para crear una atmósfera compleja.

De cualquier forma esta búsqueda de simpleza y objetividad hizo de Chejov el gran escritor que fue, lo llevó del texto humorístico a los temas “serios”, y los trato como ningún otro, pues su falta de juicio se transformo en el juicio mas mordaz que alguien pudiera hacer sobre la condición humana.

septiembre 10, 2006

Sobre algunos inconvenientes de leer

Posted by Picasa


El estudio es el cuarto en donde paso más tiempo cuando estoy en mi casa, ahí están la mayoría de los libros, pero en mi cuarto tengo un pequeño librero en donde hay poesía y algunos ensayos, en el closet, en dos estantes que deberían ser para ropa, están apilados, en varias torres, más libros, en cajas algunos, otros sólo amontonados al azar.

En el estudió, en el espacio que debería ser para leer, acomodar el libro y abrirlo, hay otros tantos libros esparcidos, se pueden ver temas varios, sociología en su mayoría, filosofía y psicología, incluso hay algunos cuentos que ya no caben en los estantes. Este mes acabo de agregar una nueva torre compuesta de los títulos que utilizaré para el tercer y último capitulo de mi tesis.

Además hay otros tantos libros desperdigados por aquí y por haya, algunas fotocopias y documentos con importancia sólo institucional.

Dice un profesor: ¡Lean!, y lo dice con tono imperativo, luego suplicante, y nos insta a sumergirnos en el “vicio” de la lectura, ¡lean lo que sea!, esto me asusta un poco, yo que me he cuidado siempre, torpemente, de no caer en la lectura de fast books.

Nunca lo he dicho a nadie, pero en realidad no me gusta leer, y no puedo imaginar a alguien al que le guste tan nimia actividad. En cambio soy curioso y me gusta conocer, podría acudir al paroxismo y decir ¡amo conocer!, y entonces ya seria una exageración; aunado a esto me gusta sentir la lentitud del tiempo, la suave y pausada brisa del tiempo, lo sucesivo. Y por mal que me parezca, la lectura, el acto de leer, contiene ambos atributos: la parsimonia y el asombro.

En el Fedro Platón cuenta (que Sócrates hablaba) sobre un dios egipcio llamado Teut que, junto al dios Thamos, estaba encargado de repartir arte y sabiduría a los egipcios, pero antes tenían que discutir sobre el valor de cada arte frente al rey. Al llegar al punto de la escritura (y se sobreentiende la lectura) Teut arguye que este arte es "una enseñanza que hará a los egipcios mas sabios y memoriosos". El rey entonces rebate a Teut y le dice que su invento provocara que se descuide la memoria por confiar sobradamente en las improntas exteriores y no en lo que se encuentra en el interior y le dice: "Inventaste, pues, no un remedio para la memoria sino para la reminiscencia". En cuanto a la sabiduría, dice el rey: "proporcionas a los discípulos su apariencia, no su realidad de verdad" luego entonces parecerán grandes conocedores pero serán grandes ignorantes. Y yo me pregunto ¿ignorantes de qué? y creo que es de ellos mismos.

En alguna parte Krishnamurti habla en contra de los hombres que han leído muchos libros y dice "El hombre ignorante no es el iletrado, sino el que no se conoce a si mismo; y el hombre instruido es ignorante cuando pone toda su confianza en los libros, en el conocimiento y en la autoridad externa para derivar de ellos la comprensión." De lo mismo ha hablado Alejandro Jodorowsky, y Carlos Castaneda también lo ha tratado en sus libros.

Leer no hace mejor a nadie, tal vez sea como George Perros dice: “retrasa el progreso de una mediocridad que nos es natural.”, pero nada más. Incluso es posible que la lectura acelere este destino mediocre en algunos de nosotros, de ahí la soberbia, la egolatría y la hybris que envuelven a algunos que se autodenominan intelectuales.

Siguiendo la cita de Krisnhmurti creo que es un riesgo hablar sobre el vicio de la lectura, ya que la desmedida fe en la razón y en los libros, su instrumento básico, nos hace olvidar otras esferas de nuestra experiencia vital, lo emocional y lo espiritual por ejemplo. Cualquier desequilibrio es peligroso porque la compensación que resulta es siempre caótica. La lectura como medio de autoconocimiento es un instrumento inestimable, pero como medio de evasión (ante la vida, ante uno mismo) resulta muy comprometido. Su defensa a ultranza se me hace que es desmedida.

Dije que no me gusta leer, sin embargo me gustan las consecuencias de la lectura: la emoción casi extática de encontrar una cita hermosa, una frase sabia, un renglón que nadie hubiera dicho mejor, o también y simplemente una palabra nueva flotando entre otras tantas quizá menos hermosas. También hay momentos en que la lectura fue un ambiente, leer en voz alta es un placer, leer en voz alta para la persona que alguna vez amaste es una mezcla de felicidad y nostalgia, la verdadera lectura se vive con otros.

Veo de nuevo el cúmulo de libros que han estado a mi alrededor por algunos años, aunque siempre estén en movimiento, y no puedo dejar de dudar sobre el valor de los mismos, ¿acaso habré desperdiciado mi tiempo, acaso habré perdido algo irrecuperable?

septiembre 01, 2006

Breve nota a "La mascara de la muerte roja"


Esta es una pequeña interpretación de uno de los cuentos arquetípicos de la narrativa contemporánea: La mascara de la muerte roja, de Edgar Allan Poe de quien se dice renovó el cuento y la novela del siglo pasado; este cuento se puede encontrar en las innumerables ediciones de sus Narraciones extraordinarias o en las colecciones de cuentos completos, de dicho autor, del cual recomiendo la versión de Alianza en dos tomos; si acaso no se conatara con ninguna edición disponible en este párrafo pongo una liga a una versión del cuento en cuestión.

Aunque sea pretensiosa la idea de interpretar, me disculpo con el pretexto de que este cortisimo análisis esta fincado en las ideas que en este blog se han venido repitiendo, que por lo menos a mi no me han parecido del todo satisfactorias y por lo que son necesarias tantas apologías.



Hay en la mente humana una seguridad, tristemente implícita, de que el destino nos atrae a su flujo desde las más verdes vaguedades de un paisaje que no seremos capaces de comprender.

Un hombre sencillo sabe que la muerte le espera al final de una tumultuosa senda. Pero hay quien se resiste, quien no concibe o no quiere concebir, que el trayecto de los seres es finito; quiere ser Prospero de por vida, igual que el príncipe, y se encierra en las catacumbas artificiales que nos ofrece la mente humana.

Poe llama a su príncipe: “intrépido y sagaz”, milenios antes el titán Prometeo había sido llamado “sagaz y astuto” en el relato de un supuesto Hesiodo. Prometeo era un dios tramposo, generoso eso sí, pero rebelde, comparte con el personaje del príncipe estas características; sin embargo, este príncipe no se revela contra los dioses, se revela contra el mismo destino, contra la muerte y el mal que son sus formas originales; se revela contra la vieja Ananke y contra Chronos, rebate la sustancia de su propia existencia y se obliga a ser feliz en contra de todas las reglas que rigen el universo.

El escape del príncipe es acaso curioso mas no original, en general existen dos formas para escapar de lo que sea si hay la oportunidad, una es alejarse lo mas posible del lugar no deseado y otra es insertarse lo más profundamente en los remotos laberintos de uno mismo; los dos recursos son arduos y los dos son ilusorios.

El príncipe se encierra en su castillo, que es otra forma de él mismo, y la comitiva de cortesanos lo acompaña a cerrar las puertas y soldarlas de manera que nadie pueda entrar o escapar. A pesar de la beatitud aparente, el miedo no deja de rondar a los que ahí concurren, y el gastado reloj de ébano les recuerda a todos, con cada campanada nueva, algo que es de por si sabido: el tiempo es imparable.

El castillo se configura como un laberinto, ya se insinuó esto, y las siete cámaras distintas dan la impresión de algo infinito; por otro lado, los corredores de todo laberinto contienen algún peligro insospechado, todo laberinto contiene su Minotauro, y tarde o temprano se nos confronta. Ese es el destino que nadie puede eludir, la muerte roja que nos acecha en cada rincón.

Y por eso la alegría dura siempre muy poco, unos instantes solamente y ya sabemos que un invitado no deseado en nuestra inútil mascarada ha de hacer acto de aparición. Por más que se trate de escapar nadie podrá recorrer el camino suficiente para eludir a la tragedia, esta ésta siempre un paso delante de cualquiera, y las trampas que los hombres idean para detenerla no son sino formas que ella misma les proporciona para poder continuar con su cruel juego.

Así, el príncipe se confronta con ese destino del que creyó haber escapado, y una especie de vértigo, tal como dice Poe que es un síntoma de la enfermedad, se apodera del personaje y lo impulsa a correr hacia su propia muerte, pues la muerte es seductora, pervierte las formas y las atrae a su vacío, así maquina el plan de vida de cada ser. Por eso mientras más se huye, más se acerca uno a su propia muerte.

Esta es una de las tantas interpretaciones que alguien podría hacer del cuento de Poe, no descarto la posible denuncia o apología del socialismo, o la rememoración del pasado real de una tierra que sufrió una interminable peste. Pero la tragedia cobra su lugar en la mente de quien la busca y abarca los pensamientos que otrora pertenecieron a innumerables temas.

El destino tiene incontables formas y es posible que Poe hablara de otra cosa, tal vez del inconciente que puede ser representado por ese cuarto negro con vitrales rojizos, tal vez de su miedo a ser enterrado vivo. Lo más probable es que solo quisiera escribir una historia, y es factible que este deseo represente todas las contingencias que alguien haya imaginado, al fin Poe fue un talentoso escritor pero también fue un hombre atormentado y los hombres así tienen sueños como este del que se acaba de hablar.




LinkWithin

Related Posts with Thumbnails