enero 18, 2007

Until the morning






















Hoy estaba en una cafetería, con mi novia y mis amigos, tomaba un te de limón, además de mordisquear un trozo de pay de zarzamoras con queso, no sin culpa, pues rompía un ayuno que mi cuerpo había estado solicitando desde hace varios días. Hablábamos de cualquier tema, cuando, repentinamente, de fondo alcanzo a escuchar una canción muy hermosa, no la reconozco de inmediato, de hecho solamente es hasta varias canciones después que puedo identificar de que grupo era el disco.

En una entrevista, que después supe era falsa, leí la declaración de un hombre que decía haber leído tres mil libros en su vida, me sorprendió, pues cuando uno tiene la ilusión de haber leído bastante, la realidad, esa otra ilusión, lo confronta y se llega a la cuenta de que apenas se ha tomado un puño de arena.

Tres mil libros son muchos libros, yo he hecho algunos cálculos muy a la ligera, y considero que si mi vida se prolongará seis décadas más, a pesar de la agonía, habré leído alrededor de dos mil libros, quizás muchos menos, pues me interesa más que la lectura la constante relectura.

Para quien, patéticamente, la lectura es una necesidad, o más bien una costumbre, es preocupante entonces saber que leer, pues si acaso no se puede leer todo, lo mejor seria leer lo de mayor calidad. Pero esto no es tan fácil, porque no hay un estándar fijo para considerar la calidad de un libro.

Nervioso como estaba, la mire a los ojos y cierta ternura me embargaba, aspire un poco de su delicada textura, la bese discretamente y recordé que estaba escuchando “Until the morning” del disco The Richest Man In Babylon de Thievery Corporation

enero 15, 2007

La noche


Esa noche te invitaron a una reunión imprevista, no sabias que decir, era muy tarde y estabas cansado, dijiste que si. En el camino, que no era corto, pensabas detenidamente en una mujer que tus ojos habían dejado de atender, a tu mente llegaron conceptos efímeros, que aludían a un corpus teórico del que ya estabas francamente fastidiado. Es tiempo de cambiar de autores, te decías ti mismo, creías, ingenuamente, que la culpa de tu miseria era obra de las páginas leídas, que no hacían otra cosa sino reflejarte de manera nítida.

Viste como los árboles pasaban uno a uno y tú, y el automóvil, permanecían estáticos en la carretera, el umbrío panorama era veloz. La luna gibosa, alta y solitaria, pendía sobre ti, pero nunca lo notaste.

Cuando diste con la dirección ya todos habían llegado, eso siempre sucedía. Entraste a la reunión, saludaste a algunos conocidos, juzgaste, sin percatarte, el contenido de la casa y también a las personas. Viste, y te alegraste de ver, a aquellos viejos amigos que antes habías oído hablar por teléfono, todos eran justo como los recordabas, aunque no había razón para que no fuera de esa forma.

Transcurría así la noche, con el viento moviendo las hojas de algunos arbustos, lo podías observar porque estabas en el balcón, un poco aburrido. La música, en el interior, cambio de un ritmo pausado a uno más vigoroso, se oyeron risas, algo dentro de ti sabia que todo era irreal. Así que con la voluntad alimentada del poco alcohol que consumiste, cerraste los ojos y despertaste.

enero 11, 2007

La ilusión de soñar





















El sueño es una de las funciones humanas más misteriosas sobre las que se pueda conjeturar. Por supuesto, tenemos toda esa gama de explicaciones fisiológicas que nos exponen, o al menos tratan de hacerlo, los procesos fisiológicos que suceden antes, durante y después del sueño. Pero la ciencia es ingenua al querer reducir todo fenómeno a su explicación material, se encierra a sí misma y se convierte en cientifismo. El sueño, es muy posible, puede que sea mejor material para la especulación que para el esclarecimiento que, por otro lado, siempre es relativo.

Y la conjetura sobre el sueño es compleja por el hecho sutil de que el concepto parece contraponerse a esa otra ilusión que llamamos realidad. Tal distinción, antinómica, es más bien un artificio, pues ambos fenómenos perceptivos son improbables.

Entre las múltiples escuelas del psicoanálisis, por lo menos la rama ortodoxa y la analítica han querido conformar como parte de sus herramientas el análisis de los sueños, la terapia Gestalt lo ha intentado otro tanto. El principal problema de la interpretación ortodoxa es que los signos son descifrados por el psicoanalista, éste ofrece a su paciente una exégesis que supone el mismo no puede alcanzar, en la comprensión, se presume, está ya implícita la cura. Sin embargo, esta forma de afrontar los sueños es demasiado directiva y se corre el riesgo de proyectar parte de los conflictos propios en la vivencia del paciente.

Por otra parte, la psicología analítica ofrece una comprensión diferente del fenómeno. Tomando en cuenta la fenomenología del sujeto, esta corriente se aventura a descubrir junto al sujeto lo que los sueños están buscando transmitir al conciente. Aquí la interpretación valida es sobre todo la del paciente, mientras que el terapeuta es un mero acompañante en el proceso, del cual él también se sabe participe.

Los sueños tienen origen en ese lugar abstracto que denominamos inconciente, por lo tanto, su significación es, muchas veces, exclusivamente de carácter personal, pero de vez en cuando los símbolos que los forman cobran una carácter mítico. Lo que se denomina “Sueño grande” es una especie de mensaje de suma importancia que proviene del inconciente colectivo y que incumbe, por ende, a la especie entera.

Sobre esta materia el Eclesiástico dice: “Espejo y sueño son cosas semejantes, frente a un rostro, la imagen de un rostro”, líneas después menciona: “A menos que vengan del Altísimo, no abras tu corazón a estas cosas”. Considerando que el Altísimo corresponde al imago dei, sabemos que ciertos sueños provienen de Dios y que a su camino nos impelen, los reconoceremos por la profusión de símbolos arquetípicos.

Hay mucho más que hablar sobre los sueños y su interpretación. Empero esta vez más que una apología me propongo plantear una suerte de vacilación.

También el Eclesiástico dice: “Adivinaciones, augurios, sueños, son vanas ilusiones”. En un ensayo, antes conferencia, sobre “La pesadilla” Borges disgrega un poco el tema de los sueños y expone con probidad algunas reflexiones suyas y de otros. Entre ellas figuran dos que me gustaría retomar, una es de Boecio y otra es de Dunne.

Boecio habla sobre la eternidad, ese tiempo que sin ser tiempo es la conjunción de todos los momentos, como un instante primigenio en donde no existe lo sucesivo y en donde la dimensión temporal se pliega sobre sí misma. Este filosofo representa a la eternidad aludiendo a una carrera (el mundo percibido) en el que un espectador (cada uno de nosotros) contempla el inicio, transcurso y fin de ella; luego imagina a otro espectador que puede ver al primer testigo y a la carrera, y todo lo observa al mismo tiempo, para él principio y fin son lo mismo, no hay sucesos. Por supuesto este concurrente es Dios, quien es capaz de contemplar lo eterno.

Por otra parte, Dunne teoriza que en cada uno de nosotros hay un frágil resquicio de eternidad y que únicamente nos es posible acceder a el en sueños. En el acto de soñar seremos participes de aquel pedazo de eternidad que nos forma. “Dunne, asombrosamente, supone que ya es nuestra la eternidad y que los sueños de cada noche lo corroboran”.

Hablar de un trozo de eternidad es una incoherencia, pues lo eterno no puede ser fragmentado, es el arquetipo de la totalidad por excelencia. Pero hay algo de verdad en la afirmación de Dunne, ya que los sueños contactan al hombre con el matiz inconciente de su psique, y esta misma dimensión se caracteriza por ser atemporal e indeterminada en el espacio. Es decir, el mundo tal como lo conocemos no rige el fundamento de los sueños, en ellos reina una lógica diferente que nadie ha sido capaz de captar en su conjunto.

El inconciente forma la mayor parte de la estructura psíquica, de él emanan los sueños, y si hay algo en nosotros que se pueda equiparar con lo eterno es este mismo concepto, ambiguo y paradójico.

Si las imágenes oníricas nos parecen incoherentes es porque no somos capaces de comprender esa antigua forma de lenguaje, que está casi desprovisto de signos y se compone mayormente de símbolos. Empero, cierto orden rige la disposición de los sueños, únicamente es menester indagar en él.

Así que el hombre sueña y en ese momento, libre de las ataduras del ego, contacta con la eternidad que le pertenece desde aquel olvidado primer día de existencia. Pero, suponiendo que la eternidad pudiera ser contemplada, la vivencia de la misma sería terriblemente diferente a como se concibe el mundo común, ahí todo habría de ser vislumbrado de manera simultanea.

Sin embargo, cuando despertamos, recordamos una historia, o los fragmentos de una historia, de manera sucesiva, soñamos que de forma intempestiva los sucesos nos acarrearon venturas y desventuras. No obstante esta narración es un relato fragmentado, no tiene que ver con el contenido eterno, es un estado temporal el que recordamos y la división de sus componentes nos hace sospechar que su estructura explicita es irreal.

Cuando hablamos de un sueño y procedemos al relato del mismo, contamos una historia, justo como cuando hablamos de nuestro pasado, es decir, hacemos uso de una diégesis determinada. De alguna manera lo eterno que hemos vislumbrado en sueños se nos escapa al despertar, la vigilia borra toda conciencia divina.

Los sueños lucidos desde este punto de vista son imposibles, pues la lucidez implica conciencia y ésta, a su vez, envuelve un sentido fragmentario; el mundo de los sueños no puede ser alcanzado de forma sucesiva, que es como se recuerda un sueño. Toda memoria es una invención. La interpretación de los sueños corre el mismo riesgo.

Si de alguna manera los sueños moran en el reino de lo eterno, no lo sabemos, ni lo llegaremos a saber, lo que se filtra a través de nuestra conciencia es tan real como el mundo que percibimos, es decir, es completamente falaz. Si los sueños en realidad nos suceden, tenemos únicamente la certeza de que lo latente es, paradójicamente, incierto, mientras que lo manifiesto, en cambio, sufre tal transformación que se convierte en realidad, en pobre, llana y ficticia realidad.

enero 07, 2007

Hierro 3














Tae-suk vive una vida efímera, mientras reparte publicidad da cuenta de las residencias que han sido abandonadas momentáneamente, en la mayor parte de los casos porque sus habitantes han salido en algún viaje. Ya dentro de las casas, consume las pequeñas comodidades que ofrecen estos recintos ajenos, sin embargo Tae-suk cuida de no dejar sin arreglo lo que este a su alcance reparar e incluso hace alguna que otra labor de limpieza, es quizás su forma de agradecer la hospitalidad brindada.

Empero, y sin premeditarlo, cierta vez su modus vivendi se cruza con el triste rostro de Sun-kwa, que existe en una desigual relación con un marido adinerado para el cual ella tiene un mero valor fastuoso, es decir, como objeto.

Al principio esta película recuerda ciertos pretextos del Following de Nolan, el hombre sin hogar que hace de cualquier lugar su morada, al anonimato, el misterio, pero hasta ahí acaban las coincidencias. Lo que sigue es una historia de amor, bastante original, que desgasta hasta algún límite el recurso de la metáfora, no sin hacerlo de manera maravillosa.

Tae-suk y Sun-kwa experimentan un corto idilio, casi imperceptible, hasta que un incidente desafortunado los obliga a interrumpir su ligera aventura. Tae-suk comprende que para volver a ver a Sun-kwa tendrá que convertirse en un fantasma y se obliga a desaparecer su imagen del mundo real, y de alguna forma se convierte en un espíritu.

Cuando Kim Ki-duk presento su trabajo Primavera, verano, otoño, invierno…primavera, dejo claro que podía manejar la parsimonia y la delicadeza de una manera muy completa, sin embargo la dificultad se reducía al configurarse en un ambiente que de por si no podía transmitir otro contexto más afín. Esta vez una sencillez semejante inunda el sentido de esta película, lejos de los amores tórridos y las pasiones salvajes, sólo la tranquilidad envuelve este mágico romance.

Hierro 3 es un palo de golf que es pocas veces utilizado, casi imperceptible para el jugador. Así esta película deja una sensación de fantasmagoría que pocas veces se percibe. Es difícil entender esta levedad en el amor para quienes acostumbran a vislumbrar la llama intensa en sus relaciones, pero la herencia oriental enseña que así la vida fluye, despacio y asombrosa. Porque el amor también puede ser un lago quieto, una música fácil.

Al final queda una sensación de nostalgia y liviandad, como si no hubiera otra realidad que el sueño, y como si la tristeza pudiera contener de manera inexplicable un resquicio suficiente para ciertas alegrías, que no siempre se poseen ni se llegan a entender.

La casa vacía

"Salgo de mi casa. Mientras estoy fuera, alguien entra en mi casa vacía y se instala en ella. Come la comida de mi frigorífico, duerme en mi cama, mira mi televisor. Quizá porque se siente culpable, arregla mi despertador roto, lava la ropa, lo ordena todo y luego desaparece. Como si nadie hubiera estado allí…

Un día entro en una casa vacía. Parece que nunca haya estado nadie, así que me desnudo, me baño, preparo la comida, lavo la ropa, arreglo una báscula de baño y juego al golf en el jardín de la casa. En la casa hay una mujer desanimada, asustada y herida, que no sale nunca y que llora. Le muestro mi soledad. Nos entendemos sin decir ni una palabra, nos vamos sin decir ni una palabra.

Mientras elegimos una casa en que vivir, nos sentimos cada vez más libres. En el momento en que parece que nuestra sed de libertad se ha aplacado, nos quedamos atrapados en una casa oscura. Uno de los dos se queda en una casa hecha de nostalgia. El otro aprende a convertirse en un fantasma para esconderse en el mundo de la nostalgia.

Ahora que soy un fantasma, ya no siento deseos de buscar una casa vacía. Ahora me siento libre de ir a la casa en la que vive mi amada y besarla. Nadie sabe que estoy allí. Excepto la persona que me espera… Siempre llega alguien para la persona que espera… Llega, seguro… hasta para la persona que espera…

Este día del año 2004, alguien abrirá el candado que bloquea mi puerta y me liberará. Confiaré ciegamente en esa persona y la seguiré a donde sea sin que me importe lo que pueda suceder… Hacia un nuevo destino…

Es difícil saber si el mundo en que vivimos es sueño o realidad."

Kim Ki-duk

enero 01, 2007

Alunece


















Grande incandescente duerme rojo, mientras triangular deforme oculta redondo iridiscente. Abajo la verde llana guarda, entre sus largos enhiestos, pequeñas frágiles perfumadas y cortas planas flexibles. Gruesas manchadas rumian desconfiadas bajo altas humeantes multiformes, y furiosos alados flotan en la extensa carmesí. Un suave eufónico parece menguar cuando la occidua linear emerge de los brunos piramidales.

Mientras tanto, nimios redondos brillan desde ahuecados profundos, se han visto acuosos tumultos salir intempestivos de hollados sibilinos, pero esta oscura y hermosa evanescente, no mirará hoy la amarga, y lívida, facial dolorida.

Una lejana reluciente nace de la infinita negritud del inefable escalonar celeste, humosos traspasan las móviles rectas de los circulares medidores de instilantes sucesivos, y entonces fluye la argéntea probidad flagrante, mansamente alunece.


Silas Haslam, Historia de una tierra llamada Uqbar


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