febrero 25, 2007

Dos mitos


Nacimiento del Buda.

En el segundo mes de la primavera la reina atraviesa un jardín; un árbol cuyas hojas resplandecen como el plumaje del pavo real le tiende una rama; la reina la acepta con naturalidad; el Bodhisattva se levanta en aquel momento y nace por el flanco derecho sin lastimarla. El recién nacido da siete pasos, mira a derecha e izquierda, arriba, abajo, atrás y adelante; ve que en él universo no hay otro igual a él y anuncia con voz de león: “Soy el primero y el mejor; éste es mi último nacimiento; vengo a dar término al dolor, a la enfermedad y a la muerte”. […] El niño recibe el nombre de Siddharta; también es conocido por el de Gautama, que fue adoptado por su familia, los Sakyas.

Un visionario, Asita, oye el jubilo de estas divinidades, baja de la montaña, toma al niño en sus brazos y dice: “Es el incomparable”. Comprueba en él las marcas del elegido: una especie de alta corona orgánica en mitad del cráneo, pestañas de buey, cuarenta dientes muy unidos y blancos, quijada de león, altura igual a la extensión de los brazos abiertos, color dorado, membranas interdigitales y un centenar de formas dibujadas en la planta del pie, entre las que figuran el tigre, el elefante, la flor de loto, el monte piramidal de Meru, la rueda y la esvástica.

Qué es el Budismo, Borges y Jurado


Nacimiento de Noe

Al cabo de unos días, mi hijo Matusalén tomó una esposa para su hijo Lamec, y ella se quedó embarazada de él y dio a luz un hijo. Su cuerpo era tan blanco como la nieve y tan rojo como el florecer de una rosa, y los cabellos de su cabeza y sus largos mechones eran tan blancos como la lana, y sus ojos eran bellos. Y cuando abrió estos, iluminó toda la casa como el Sol, y toda ella brillaba. Luego, se levanto en las manos de la comadrona, abrió la boca y converso con el Señor de la justicia. Su padre Lamec tuvo miedo de él, huyo y fue a ver a su padre Matusalén. Y le dijo: “He engendrado un hijo extraño, diferente y nada parecido al hombre, que recuerda a los hijos del Dios de los cielos; su naturaleza es distinta, no es como nosotros, y sus ojos son como los rayos del Sol y su semblante es de gloria. Me parece que no ha brotado de mí, sino de los ángeles, y temo que en sus días acaezca una maravilla sobre la tierra.”

Libro de Noe, CVI: 1-6


febrero 09, 2007

El carácter social


La esencia del hombre, es decir aquello inherente a su naturaleza, que no ha cambiado a través de su evolución, es esa capacidad y necesidad por formar sociedades, regidas por instituciones siempre orientadas al mejoramiento de las relaciones entre sus miembros. “El hombre implícito en la sociedad, por el hecho de su génesis y su carácter, es social, aunque no obstante siga siendo, en cierto sentido, un ser autónomo” (Roguinski)

Es conveniente hacer hincapié en otras dos anotaciones que Adam Schaff (en Roguinski) hace con referencia al elemento social en el individuo:

1) “…las relaciones sociales, debido a la interpretación de la conciencia social predominante, forman al individuo que nace y vive dentro de una sociedad dada […] las relaciones sociales crean al individuo.”

2) “…la personalidad de hombre, justamente porque posee un carácter social, no es dada, sino que se hace: es un proceso.”

De acuerdo a estas ideas, que se aceptan casi sin replica, el ser humano es un ser social en esencia. Pero si esto es aceptado, habría que consentir también una hipótesis complementaria, es decir, que la sociedad es por esencia humana.

La sociedad como producto de lo humano podría ser, entonces, susceptible a ciertos trastornos en la relación que forma con su medio, que esta integrado por las estructuras institucionales que la sustentan, por las personas que la reflejan y por el medio natural que la contiene. Trastornos semejantes a los acontecidos en el medio humano individual, que son de por si formas de comportamiento, y que dependiendo de las normas sociales se les ha de denominar como normales o anormales.

Estas formas de comportamiento a las que se hace referencia incluyen lo que en la civilización occidental se nombra como enfermedades mentales, al respecto Thomas Szasz dice:

Lo que la gente llama en la actualidad enfermedad mental, especialmente en su contexto legal, no es un hecho sino una estrategia; no es una condición sino una política; en resumen, no es una enfermedad que posee el supuesto paciente, sino una decisión que toman aquellos que le llaman enfermo mental acerca de cómo actuar con respecto a él, le guste o no.

Si la sociedad es en esencia humana, y esta formada por acuerdos y relaciones que son característicamente humanos, es probable que pueda presentar, en su estructura interna, signos semejantes a los observados en comportamientos individuales e incluso se podría hablar de una personalidad social y por consecuencia de una patología social, por usar algún termino.

Un ejemplo claro de esto se encuentra en el trabajo de Erich Fromm, el habla sobre el concepto de carácter social y dice:

¿Que se entiende por carácter social? me refiero, con ese concepto, al núcleo de la estructura de carácter compartida por la mayoría de los individuos de la misma cultura, a diferencia de carácter individual, que es diferente en cada uno de los individuos pertenecientes a la misma cultura.

El carácter social, tal como lo plantea Fromm se refiere a un conjunto de actitudes y comportamientos que trazan formas de socialización y que sirven para el mejor funcionamiento de una sociedad cualquiera, estos comportamientos estarían mediados por los medios de producción adyacentes a la situación económica, y dichos comportamientos serían introyectados de alguna forma por los sujetos pertenecientes a la sociedad en cuestión.

Así que Fromm se pregunta ¿Puede estar enferma una sociedad? y esta pregunta tal vez fue respondida en un trabajo anterior del mismo autor al hablar acerca del síndrome de decadencia. En su libro traducido con el titulo El corazón del hombre Fromm expone tres tipos de comportamientos que él cree son inherentes a la cultura contemporánea, éstos son la necrofilia, el narcisismo y la simbiosis, es decir, la búsqueda de la muerte, la inversión libidinal hacia el yo y la dependencia desmedida o apego.

Existe una relación dialéctica entre el hombre y la sociedad, así como la sociedad penetra al hombre a través de la introyección de la cultura, el hombre imprime su mácula en el aparato social. De esta forma la correspondencia de la llamada enfermedad mental termina por convertirse en una manifestación tanto del carácter individual como del carácter social.




febrero 05, 2007

Sabado


Esa mañana, previsiblemente fría, él abordo como siempre el camión que lo habría de llevar a la estación más cercana del metro, la calle solitaria le pareció demasiado cómoda, lo cual se compensaba por la incomodidad del transporte publico, los sucios olores de las calles y los rostros toscos de las personas que junto a él transcurrían. Un transporte lo llevo a otro y el fastidioso andén le deparaba la rutina cotidiana que semejaba a un breve, pero salvaje, enfrentamiento. Como siempre, camino al domicilio donde se impartiría cierta clase, de algún tema curioso, que de antemano lo había aburrido. Sin embargo, en aquella senda, rodeada por negocios cerrados y una avenida amplia, pudo ver que ella caminaba junto a varios de sus compañeros, él escuchaba una canción en su reproductor portátil, le agradaba de manera inmoderada; apresuro el paso hasta que por fin pudo alcanzarla, saludo sin muchas ganas y la beso en la mejilla, pronto llegaron al domicilio previsto.

La clase transcurrió lenta y sin sobresaltos, nada nuevo, únicamente algún fastidioso comentario, luego el acostumbrado mutismo; él soslayaba una mirada que dirigía hacia ella y casi sin pensarlo le murmuro, muy bajo, una frase que nadie pudo escuchar. La clase termino. Salieron juntos.

Con una sonrisa nerviosa él buscaba, afanosamente, un palabra, alguna frase ingeniosa que la hiciera reír de alguna forma, quizás lo logro y el ambiente entre ellos comenzó a parecer más templado, casi sereno, como si un lenguaje secreto hubiera reemplazado el común lenguaje dispuesto en palabras. Decidieron ir a comer, y no se demoraron mucho.

Caminaron hasta la estación más próxima a su destino, abordaron el tren, los besos se habían tornado recurrentes y las miradas dulces, él la observaba como si fuera la mujer más hermosa que había visto, seguramente lo era, recordemos que el mundo no es sino una magia de quien percibe, nada impide que esa maravilla se inserte en un único sujeto. Ella le indico que habían llegado, los pasajeros fueron saliendo en tumulto y ellos junto a la informe masa de personas…



febrero 02, 2007

Cthulhu

Navegando (que rara palabra) me he encontrado con algunas cosas interesantes, lo primero es una pseudo entrevista escrita por Neil Gaiman al gran Antiguo conocido como Cthulhu, en la mitología creada por el gran Lovecraft. El cuento-entrevista se llama “Yo Cthulhu” y esta llena de referencias que los seguidores de Lovecraft encontraran agradables y hasta graciosas en muchos casos.

Yo Cthulhu I
Yo Cthulhu II
Yo Cthulhu III


Ahora mismo tengo en mis manos un libro que había buscado por mucho tiempo: El ciclo de Nyarlathotep, libro que reúne algunos de los relatos más escalofriantes sobre el mensajero de los Antiguos, único de los dioses que se transfiguro alguna vez en ser humano. Desde Lord Dunsany y su prosa poética hasta Lin Carter y Robert Bloch. De ese mismo libro transcribo un poema de Yeats, que en verdad me parece fascinante.


La segunda venida

Gira y gira en creciente espiral
El halcón que no puede oír el cetrero;
Todo se desmorona; no resiste el pilar;
La anarquía se adueña del mundo entero,
Sube la marea teñida de sangre, y por doquier
Sucumbe la ceremonia de la inocencia;
Los píos carecen de convicción, y los descreídos
Se consumen por la intensidad de su pasión.
Sin duda se aproxima una revelación;
Sin duda la Segunda Venida ha venido.
¡La Segunda Venida! Apenas pronuncio esas palabras
Cuando una vasta imagen salida de Spiritus Mundi
Turba mi vista: en algún lugar de las arenas del desierto
Una forma con cabeza de león y cabeza de hombre,
De mirada ciega e inmisericorde como el sol,
Balancea sus caderas, mientras a su alrededor
Huyen las sombras de las indignadas aves del desierto.
Cae de nuevo la oscuridad; pero ahora sé
Que veinte siglos de sueño pétreo
Se han interrumpido en pesadillas por el balanceo de una cuna,
¿Y qué tosca bestia, llegada al fin de su hora,
Es la que se cierne sobre Belén aguardando nacer?


La segunda curiosidad que encontré en la red fue esta figura, muy tierna, que no descarto algún día conseguir.


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