marzo 30, 2007

Fragmentos de un evangelio apócrifo


Los deberes me traen últimamente pies de cabeza, final del modulo en el diplomado, último capitulo de la tesis, plan de trabajo en el trabajo, por lo que me disculpo, ante mi mismo y ante quien lea este blog, si el contenido mengua en frecuencia, espero que no sea así. Actualmente leo un libro muy interesante se llama “El retorno de los brujos” es de Louis Pauwels y Jacques Bergier, ellos tratan hipótesis extrañísimas sobre diversos fenómenos ubicados en el campo de estudio de las pseudociencias. Me agrada mucho el enfoque de estos investigadores, pues no pretenden imponer estas ideas como dogma sino que se esfuerzan en que dichas hipótesis malditas no se pierdan y algún día puedan ser estudiadas con seriedad para desentrañar el resquicio de utilidad que pudieran contener. Las referencias son también muy ricas, desde Machen hasta Borges, en fin es un libro muy ameno y ya hablaré de él en un futuro próximo.

Por lo pronto, y ya que ando escaso de ideas, dejo un decálogo escrito por Borges, con puntos controversiales e incluso contradictorios, pero que son parte de la riqueza de este gran autor.


3. Desdichado el pobre en espíritu, porque bajo la tierra será lo que ahora es en la tierra.
4. Desdichado el que llora, porque ya tiene el hábito miserable del llanto.
5. Dichosos los que saben que el sufrimiento no es una corona de gloria.
6. No basta ser el último para ser alguna vez el primero.
7. Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.
8. Feliz el que perdona a los otros y el que se perdona a si mismo. Bienaventurados los mansos, porque no condescienden a la discordia.
10. Bienaventurados los que no tienen hambre de justicia, porque saben que nuestra suerte, adversa o piadosa, es obra del azar, que es inescrutable.
11. Bienaventurados los misericordiosos, porque su dicha esta en el ejercicio de la misericordia y no en la esperanza de un premio.
12. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ven a Dios.
13. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque les importa más la justicia que su destino humano.
14. Nadie es la sal de la tierra, nadie, en algún momento de su vida, no lo es.
15. Que la luz de una lámpara se encienda, aunque ningún hombre la vea. Dios la verá.
16. No hay mandamiento que no pueda ser infringido, y también los que digo y los que los profetas dijeron.
17. El que matare por la causa de la justicia, o por la causa que el cree justa, no tiene culpa.
18. Los actos de los hombres no merecen ni el fuego ni los cielos.
19. No odies a tu enemigo, porque si lo haces, eres de algún modo su esclavo. Tu odio nunca será mejor que tu paz.
20. Si te ofendiere tu mano derecha, perdónala; eres tu cuerpo y eres tu alma y es arduo, o imposible, fijar la frontera que los divide.
24. No exageres el culto de la verdad; no hay hombre que al cabo de un día, no haya mentido con razón muchas veces.
25. No jures, porque todo juramento es un énfasis.
26. Resiste al mal, pero sin asombro y sin ira. A quien te hiriere en la mejilla derecha, puedes volverle la otra, siempre que no te mueva el temor.
27. Yo no hablo de venganzas ni de perdones; el olvido es la única venganza y el único perdón.
28. Hacer el bien a tu enemigo puede ser obra de justicia y no es arduo; amarlo, tarea de ángeles y no de hombres.
29. Hacer el bien a tu enemigo es el mejor modo de complacer tu vanidad.
30. No acumules oro en la tierra, porque el oro es padre del ocio, y este, de la tristeza y del tedio.
31. Piensa que los otros son justos o lo serán, y si no es así, no es tuyo el error.
32. Dios es mas generoso que los hombres y los medirá con otra medida.
33. Da lo santo a los perros, echa tus perlas a los puercos; lo que importa es dar.
34. Busca por el agrado de buscar, no por el de encontrar . . .
39. La puerta es la que elige, no el hombre.
40. No juzgues al árbol por sus frutos ni al hombre por sus obras; pueden ser peores o mejores.
41. Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena...
47. Feliz el pobre sin amargura o el rico sin soberbia.
48. Felices los valientes, los que aceptan con animo parejo la derrota o las palmas.
49. Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque éstas darán luz a sus días.
50. Felices los amados y los amantes y los que pueden prescindir del amor.
51. Felices los felices.


Jorge Luis Borges


marzo 13, 2007

Dos años después





















Cuando comencé este blog quería un lugar para enlistar algunas ideas que no deseaba olvidar, mantenerlas escritas para deleitarme luego con su análisis profundo, también deseaba mejorar mi escritura puesto que iniciaba una trabajo de titulación que, creí en ese momento, merecía un poco de atención en cuanto a dicho aspecto. Dos años después me parece haber conseguido uno de esos objetivos.

Las ideas inscritas en este espacio responden a una premisa en general: “El mundo no es real”, frase por demás llena de vanidad y presunción, quién soy para afirmar que el mundo es una ilusión, quién para exaltar dicha idea. Por supuesto no soy nada, nunca seré nada, como decía Pessoa, pero este pequeño placer de la reflexión es algo no que quiero negarme, débil barca sobre la mar inquieta.

Recuerdo que en la universidad una pregunta común era ¿a qué corriente te adhieres?, ¿qué autores prefieres? En ese tiempo yo afirmaba: Existencialismo y balbuceaba uno que otro nombre famoso, ahora el tiempo ha pasado y ya no se que responder ante esa pregunta, no creo que haya respuesta.

Vienen a mi mente otros recuerdos, pero se que no tengo el mayor fundamento para afirmar que son reales. Nunca he sido ni seré, sólo soy en este instante, y este instante pasa veloz, y es imparable.

Dicen que mi discurso es fragmentario. Tienen razón.

Dos años he tratado temas que ha casi nadie interesan, pero para mi ha sido un placer indescriptible, la soledad, la nostalgia, cunden el filamento de cada palabra escrita. Esta ha sido una vida dentro de la vida.

Nada se puede saber acerca del mundo. Se que el vació me devuelve la mirada. Estoy cansado, es de noche, siempre es de noche, la realidad nada nos depara.


También puedes leer:

Un año de “El Mito de la Realidad


marzo 09, 2007

Lo primero es el amor…





















Lo primero es el amor, o quizás no siempre, pero seguramente lo primero es el amor. El anhelo incierto de encontrar una noche su piel, de degustar su olor lentamente como un bocado largamente deseado, de oír su voz y saber que su boca es el paraíso sólo en sueños dibujado.

La alegría de encontrar sus ojos tirados en el camino, y levantarlos suavemente para llevarlos a un rincón cercano y acariciarlos, y besarlos, y mojarlos con lagrimas que ya no se sabe de cuando se tenían guardadas. Lo sucesivo arrancándonos la lengua, destrozándonos el corazón que, según dicen los poetas, es dueño de razones indecibles.

Un paseo en una lancha de paseo. Un café solitario y la simple necesidad de estar juntos.

Después viene el cansancio, la desdicha de lóbregos jardines, el hastió royendo los pies a cada paso. La luna de enfrente iluminando el rostro que ya no es amado.

¿Cuándo fue que se instalo este mutismo infausto?

Las mascaras del miedo destruyeron lo que en un instante se había creado. Yo no soy real, ni lo es el mundo que persiste a mi lado. Pero la sombra imprecisa, proveniente de algún rincón olvidado, vendrá a mí, romperá mis huesos en un momento inesperado y me devorará, como devoran los demonios a los hombres que han pecado.

Yo no soy real, ni lo es este sueño que he soñado, pero la tristeza no distingue entre lo inmanente y lo creado.


marzo 05, 2007

El ajedrez de Borges y el Rubáiyat

















Ayer, rumbo a la librería, pensaba en un poema de Borges que me había gustado mucho, más por el tema que por la forma, el poema es muy conocido pero aun así lo transcribiré.


Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?.


Es el segundo soneto de un poema dedicado al ajedrez, realmente es fascinante como la sucesión de argumentos va convenciendo al lector de que en realidad la vida del hombre es un simple juego, controlado por no se qué dios que mueve las piezas humanas a través de los blancos días y las negras noches del mundo. Luego todo desemboca en una nueva interrogante que se desgaja infinitamente y se pregunta por el motor primigenio del universo, “el dios detrás de Dios”.

En eso me ocupaba al entrar a la librería y en el momento de acercarme a un estante a curiosear me topo, justamente, con la sorpresa, grata, de una copia del Rubáiyat. En el poema antes descrito, Borges se apresura a aclarar que cierta sentencia no es propiamente de su invención sino de Omar, se refiere a Omar-al-Khayyam un poeta, astrónomo y matemático persa, nacido en la ciudad de Nishapur y que fue popularizado en occidente gracias al esfuerzo de Edward Fitzgerald por traducir al ingles su obra más conocida, es decir, las Rubáiyat.

En general las Rubáiyat están formadas por sentencias que instan al lector a recordar que la vida es fugaz y los placeres exquisitos, que nada hay en la tierra más que la existencia misma y que es un desperdicio ocuparla en disquisiciones acerca del mundo y sus orígenes u otras contemplaciones filosóficas. Originalmente en verso, la traducción esta hecha por un argentino, Carlos Muzzio Sáenz-Peña. Veamos algunos fragmentos.


"Hoy tú no tienes el poder del mañana, y la ansiedad que ese día pueda causarte es inútil: no pierdas este momento, pues tú no sabes el valor de los días que te quedan."

"La vida pasa cual alegre caravana: no pierdas, entonces, el momento de la felicidad. ¡Copera!, ¿por qué te entristeces por el mañana de tus compañeros? Danos vino, que la noche se desvanece."

"Una sola copa de vino vale cien corazones y cien religiones; una oferta de vino vale el imperio de China; fuera del vino, ese rubí, no hay nada en la tierra, una sola cosa ácida vale lo que mil almas dulces."

"Te daré un consejo, si escucharlo quieres: por la gracia de Dios, abandona ese ropaje de hipocresía y óyeme: la vida futura no tiene fin, el mundo no es sino un soplo."

Así Omar discurre una serie de admoniciones que impelen al hedonismo como respuesta a la banalidad de la vida. El vino del que habla Omar, creo yo, es todo aquel placer que la vida pueda brindar, y vale más que cualquier imperio del mundo. El vino, la amistad y las mujeres son la vid de donde Omar toma el néctar de su conocimiento.

Intercalado a estas sentencias, otro tema complementa el de la fugacidad, y ese es el del destino.


"Todo lo que existe estaba ya marcado en la tabla de la creación. Infaliblemente y sin cuidado la pluma escribe sobre el bien y el mal; desde el primer día, la pluma escribió lo que sucedería. Ni nuestro dolor ni nuestras angustias podrán aumentar una letra ni borrar una palabra."

"No soy siempre dueño de mi voluntad, pero… ¿Qué puedo hacer? Y sufro por mis acciones, pero… ¿Qué puedo hacer? Pienso con sinceridad que me perdonaréis y me arrepiento que hayáis visto mis pecados, pero… ¿Qué puedo hacer?"

"Porque el mismo día en que fueron enjaezandos lo salvajes corceles del Sol y escritas las leyes que regían a Júpiter y a las Pleyádes, ya el concilio del destino había decretado mis acciones. ¿Cómo puedo pecar? Mis pecados son parte de la herencia que el Destino me legará."

Y en este mismo tono se inscribe la idea que Borges utilizó en su poema, la cual dice:


"Porque si bien se mira, la vida no es más que un inmenso tablero de ajedrez, cuyos cuadros blancos son los días, y los negros las noches, y en el cual el Destino juega con los hombres como con piezas: los mueve de aquí para allá, y uno por uno van a parar al estuche de la nada."

Continúa Omar con más y más frases sabias y contundentes, y termina diciendo algo que cala hondo en la mente de éste que escribe ahora mismo.


"Ya que nuestra estadía en este mundo no es permanente, ¿por qué privarnos del vino y de las caricias de la amada’ ¿Hasta cuándo, ¡oh filósofo, discutirás sobre la creación y la eternidad? El día que yo ya no exista… ¿qué me importará que este mundo sea viejo o nuevo?"

Llega a su fin la disquisición del Rubáiyat, y Omar nos lega con esto un poema hermosísimo sobre la naturaleza del mundo y la visión de una vertiente de la tradición del sufismo, Borges lo retomo porque intuyo la belleza extraña de dichos versos, únicamente me queda decir algo, una especie de autojustificación ante la sabiduría de Omar, y es que el ejercicio de la meditación y el pensamiento, eso que se llama filosofía en general, no es menos placentero que cualquier cosa descrita en las Rubáiyat, el éxtasis también llega, y es que quién ha hablado de la banalidad del conocimiento, que no agrega nada al universo y sin embargo hace discurrir las horas de una manera casi infinitamente agradable.


Nota:

Rubái es el nombre de los clásicos cuartetos en la literatura persa, siendo Rubáiyat su forma plural.


marzo 02, 2007

Divagación acerca de la fotografía















Cuando los dioses crearon al hombre, según una leyenda del Quiche, y le dieron forma a su carne, y labraron su corazón fuerte y sabio, el hombre se levanto y rindió tributo a sus creadores, les agradeció por tan magnifico estado, por la lucidez y la clarividencia, les prometió, al fin, lealtad eterna. Sin embargo, los dioses no vieron con buenos ojos las capacidades de los mortales, pues su creación estaba dotada del saber de lo grande y lo pequeño, y de sus causas, nada había que fuera desconocido para estas nuevas criaturas; pronto, con el paso de las generaciones, serian iguales a los dioses. Las viejas deidades nublaron, entonces, los ojos de sus hijos terrenos, protegiéndolos así de la maldición de la soberbia.

Desde entonces el ser humano ha vivido observando todo pero sin conocerlo, a través de su vista trascurre el mundo, rápido y doloroso, pero él nada sabe de lo que está a su alrededor. Un manto oscuro es el universo y los ojos de quien lo observa no son menos sombríos.

Ver el mundo es inventarlo, tratar con fantasmagorías que se imponen al paisaje inmóvil y perenne en un marco prescrito pero irreal. Cuando asir lo real se convierte en el pretexto de una vida, se puede saber que esa vida es ya ficticia, pues no existe lo real sino como una hipótesis, poco lucida por cierto, que esconde tras su estructura una esencia poblada por el miedo profundo y arquetípico hacia el vació.

Si el universo existe, no lo sabemos, lo único posible es observarlo con ojos que no son totalmente nuestros y actuar en el contexto aparente que forma la vida de cada persona.

La fotografía, esa herramienta, constituye una forma más de observar e interpretar la realidad inasible, y hay quien confunde sus resultados con el mundo detrás de las apariencias. No nos equivoquemos, la fotografía no registra, comenta, no observa, fabula, es un arte y como todo arte retoma la forma del paisaje y lo transforma de acuerdo a su estructura como maquina, y a los deseos de quien toma en su manos la cámara fotográfica.

El acto de fotografiar confabula al sujeto con la maquina para dar vida a sueños que sólo existen en la mente del artista, los limites aparentes, el programa y los contextos, se convierten en caminos provechosos para que el fotógrafo plasme su mirada en el marco de la cámara y a su vez este aparato extraiga un trozo del mundo, para regocijo de quien lo utiliza.

En cada fotografía es visible una parte de aquel oscuro secreto, de eso indecible que supone el interior del pensamiento, que parece entregársenos a ratos y cuando nos damos cuenta tenemos las manos vacías.

Por otro lado, en estos tiempos, tomar la fotografía como una imagen nítida del mundo es el cliché que se ha extendido a través del desarrollo de tal arte, y las cámaras comerciales instan al individuo a fotografiar todo lo que vea, pues el hombre tiene miedo, también, de perder su memoria, su identidad, de sucumbir al caos, que es otro nombre del vació. Pocos se atreven a ir más allá del circulo redundante de la fotografía normal, a esos viajeros les interesan no las formas cotidianas y monótonas, sino las cosas que nunca existieron hasta que la lente se poso sobre ellas, se dan cuenta de que el paisaje cotidiano esconde en sí mismo una originalidad no vislumbrada que espera únicamente el que algo se las arranque, y si esto no es suficiente siempre hay elementos que combinados muestran las insondables maravillas.

Se puede decir, aunque tal vez sea un error, que la historia de la cultura tiene como base el eterno deseo de conocer el mundo, como si una ínfima parte del hombre aun recordara y añorara el lejano tiempo cuando esté tenia en su poder el saber ahora proscrito. La nostalgia de lo ya perdido propulsa el paso de cada ser humano que ha poblado y poblará esta triste tierra.

En un mundo que quisiéramos estuviera poblado por signos, permanentes y seguros, nos encontramos con que lo único existente son símbolos cambiantes y divergentes, que se nos escapan a la menor provocación, al más ínfimo signo de intención interpretativa. Como si el afuera tuviera conciencia y jugara con el hombre frente a él.

Al ver a Dios la criatura queda ciego. Los dioses son egoístas y tienen miedo. Crearon una visión incompleta y fugaz, y dotaron al hombre de la capacidad de convivir con ella. Desde entonces eso es el mundo. La fotografía nos recuerda, que hay algo de irreal en el tejido cósmico, sus imágenes nos impelen a creer que son ciertas, pero cada vez que nos acercamos a ellas presenciamos la triste verdad, cada nueva foto nos aleja, cada vez más, de la certeza.



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