abril 19, 2008

Libertad

¡Ay qué placer
no cumplir un deber!
¡tener un libro que leer
y dejarlo de hacer!
leer es una lata,
y estudiar es nada.
El sol dora
sin literatura.
El río corre, bien o mal,
sin edición original.
Y la brisa, esa,
de tan naturalmente matinal
como tiene tiempo no tiene prisa...

Los libros son papeles pintados con tinta.
Estudiar es una cosa en la que está indistinta
la distinción entre nada y cosa ninguna.

¡Cuánto mejor, cuando hay bruma,
esperar a Don Sebastián,
venga o no venga


Grande es la poesía, y la bondad, y la danza...
Pero lo mejor del mundo son los niños,
las flores, la música, el claro de luna y el sol, que peca
sólo cuando, en vez de crear, seca.

Pero encima de todo esto
está Jesucristo,
que nada sabía de finanzas
ni consta que tuviese biblioteca...


Fernando Pessoa

abril 09, 2008

Apocatástasis




En un cuento, El eterno Adán, Julio Verne narra la experiencia de un científico perteneciente a una cultura distante en el tiempo, y que ya ha olvidado a la civilización de la que nos desprendemos. La raza humana ha crecido y nada sabe del pasado anterior a su historia; el protagonista encuentra entonces una caja con algunos papeles en su interior, escritos en una lengua desaparecida. Pasa años tratando de descifrarlos y cuando al fin lo hace descubre una verdad asombrosa, su propia civilización proviene de una civilización anterior, más avanzada, y aquel pueblo anterior a su época a su vez parece provenir de otra tierra llamada Atlántida.

En la historia de Verne el protagonista intuye que la raza humana ha vivido de manera cíclica durante eones, que su pueblo no es el primero en existir y posiblemente no será el último. Esa hipótesis recuerda, por supuesto, a la teoría del tiempo cíclico que tantas facetas ha tenido a través de la historia.

En la filosofía platónica se observa que el tiempo es la imagen móvil de la eternidad y que en algún lugar ambos confluyen, el tiempo siempre está regresando a su imagen arquetípica. En el Timeo, Platón dice que los siete planetas fueron creados para limitar al tiempo y que, como él, cíclicamente degeneran y renacen. El Eclesiastés, Heráclito y más recientemente Nietszche dan noticias de hipótesis parecidas.

La idea de progreso había obliterado toda referencia al tema de la doctrina de los ciclos, ahora que ciertos valores modernos han sucumbido de su calidad de absolutos, la imaginación puede divagar en estos temas antiguos y que sin embargo se insinúan perennes, como el desgajarse del tiempo.

La civilización occidental contemporánea ha cruzado un periplo y acaso no lo ha terminado aun, aun así el movimiento parece cerrarse en ciclos alrededor de las etapas promulgadas por la historiografía humana. Es decir, cada etapa de la historia es semejante a la historia en general. Y así mismo la vida individual es reflejo de la vida social, pues contrario a lo que se cree la totalidad no es mayor que la suma de sus partes, porque cada parte contiene a su vez a la totalidad, analogía que corresponde al universo de la matemática fractal y de la teoría holográfica.

Por lo tanto lo historiado narra una visión de un lapso entre tantos otros. La crítica histórica se encarga de momentos que se repiten incesantemente. No obstante, al llegar al análisis regularmente la conclusión decae en el terreno de la admonición pues las personas, de alguna manera afirman que los elementos sociales que imperan contribuyen incesantemente al clima de infelicidad del hombre contemporáneo.

Es posible que así sea, y que el vació responda a la plétora de conductas que la posmodernidad ha heredado de otras épocas y a otras tantas en las que ha parecido innovar. Es más, es debido afirmar que la realidad del mundo corresponde a la proyección que el hombre imprime en los objetos al actuar de una u otra manera.

Sin embargo, mientras la critica social se plantea la consigna de que la estructura cultural falla en llevar al hombre a una meta que ni siquiera se ha planteado seriamente. Lo que aquí se quiere recalcar es que las acciones del hombre están sujetas a ordenaciones que existen fuera de su entendimiento racional.

Omar al Khayyam dice:

Todo lo que existe estaba ya marcado en la tabla de la Creación. Infaliblemente y sin cuidado la pluma escribe sobre el bien y el mal; desde el primer día, la pluma escribió lo que sucedería. Ni un dolor ni nuestras angustias podrán aumentar una letra ni borrar una palabra.

Es una ofuscación humana el creer que se puede transgredir la predestinación, que se puede pecar o hacer el bien, lo cierto es que el sí mismo, tratando el concepto junguiano, se dirige siempre hacia un destino, y el hombre es mera herramienta de ese proceso de individuación. Las ideas que se conciben sobre lo bueno y lo malo son simples categorizaciones, sin resquicio de inmanencia en el ser.

Lo que queda por cuestionar, ante esta cosmovisión, es cuál es el camino que ha recorrido el ser y cuál será la senda que seguirá transitando. Dice Omar al Khayyam que como piezas de ajedrez lo hombres son conducidos al estuche de la nada, y probablemente ese sea el sino de la cultura posmoderna.

Vattimo dice: “El nihilista consumado o cabal es aquel que comprende que el nihilismo es su (única) chance. Lo que ocurre hoy respecto del nihilismo es lo siguiente: que hoy comenzamos a ser, a poder ser, nihilistas cabales.” Vattimo alude a que el nihilismo es una oportunidad que la historia aprovecha para su transformación y se apoya en Nietszche para definir el nihilismo como: “…la situación en la cual el hombre abandona el centro para dirigirse a la X.”

Así, la nada no es más que la fuente de la que todo surge, y como lo sugieren las diversas mitologías e incluso las nuevas concepciones científicas, el universo y su orden emergen de un mar caótico de partículas indiferenciadas.

Como hombres no nos queda más finalidad que la apocatástasis, el retorno de todo lo existente al seno de Dios. El próximo paso en el estudio del fenómeno humano habría de estar fundando en los conceptos dolientes como lo son el mal, el destino, la injusticia, el caos, el absurdo… Sólo ahí en donde la lógica no impera una especie de entendimiento podrá surgir, una comprensión devoradora que abatirá toda partícula y destruirá toda memoria. Y cuando todo termine, y el fin nos arrebate, será el momento de volver a comenzar, pues el tiempo no existe, el espacio no existe, estas letras se diluyen en su propia ilusión y el que escribe poco a poco se ha de ir borrando; todo retorna al vacío, todo proviene del vacío, y la realidad es un mito que se renueva en su propia inexistencia.

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