marzo 26, 2009

Otra espera


El hospital tiene su propia textura y hay un calor insomne en el lugar en que, ateridas, ciertas camillas esperan ser vaciadas y quedar libres del peso de una existencia. Los doctores, ajenos a la escena, deambulan recitando en ese lenguaje mendaz e inexplicable lo que sucede a los objetos, a los contenidos, a los hombres que dormitan, lloran o gritan. Hay una conjunción de frialdad y sofoco en los lugares en que moran los enfermos.

No hay sino espera y aburrimiento, caras doloridas, lagrimas, arrepentimiento. Tú, sin embargo, transformas ese infierno en algo soportable. Me acompañas, y junto a mi aguardas la continuación o la despedida. No me exiges fuerza. Me sostienes.

El hospital es una mancha azul sobre las paredes blancas, la silla es incomoda y todo huele siempre a sustancias indecibles, pero tu olor es dulce y tu tacto suave. El hospital, en cambio, es áspero, el tiempo corre lento y el dolor se acerca a cada momento.


marzo 08, 2009

Cuatro años de "El mito de la realidad"



Irregular, impreciso, llega el cuarto año de esta bitácora, que quizá no ha sabido tener la constancia que podría.

Es muy posible que las entradas de este blog no trasciendan por su forma ni por su contenido, pues son presa de todas las mendicidades técnicas de su autor. Es posible que haya cometido todos los errores posibles en la tarea de la escritura y que las ideas aquí vertidas no sean sino pasajes frágiles y sin utilidad para la historia del saber. Está bien que así sea.

Pero a mí, la labor liviana e informal de escribir las líneas que aquí están plasmadas, me ha resultado didáctica y dolorosa, porque la verdad siempre es dolorosa. He aprendido que las ideas cambian y que lo que ayer pensaba hoy lo refuto, y que quien fui no volverá a ser. Afirmar por tanto es un error que cometeré de manera culposa de aquí en adelante.

También he atestiguado mi propia debilidad argumental, el miedo a equivocarme, la rigidez al sentenciar. Soy sumamente inflexible y dueño de necedades que se contradicen. He aprendido que soy intolerante, prejuicioso, y aunque a veces es necesario serlo no siempre es la ocasión.

Este es un camino que no termina en este espacio, pero que también termina aquí.

Una amiga me preguntó qué me motivaba a tener esta bitácora, y yo no atine si no a contestarle algo como esto:

“Me motiva el ansia de reconocimiento, la soberbia, el afán de exhibicionismo, la obsesión de algunas ideas, la indigencia de no saber más que teorías, algunos temas recurrentes y que me interesan, el afán de conocerme y dar coherencia a mi mundo, la belleza de las palabras concatenadas unas con otras y ese sonido hermosísimo que resulta de un lenguaje homogéneo y de la mezcla heterogénea de sus diversos individuos.”

En suma, esto es un ejercicio de egotismo. ¿Pero qué labor humana no lo es?

El mito de la realidad. La realidad es falsa como criatura concreta y estable. La realidad es un relato que es menester contarse unos a otros para sustentarlo. La realidad es un mito. Pero los mitos son reales, dueños de una verdad que acaece en el ámbito de la ceremonia y el sacrificio, de lo sagrado. Dioses nos forman y los mitos son nuestros recuerdos de aquellos tiempos seminales, que aun siguen sucediendo. La realidad es real sólo cuando se mitifica.


LinkWithin

Related Posts with Thumbnails