octubre 19, 2010

Hacia lo postnatural




Por: Alejandro Chavarria Rojo

Las plantas crecen de un día a otro.
Es la tierra la que crece,
se hace blanda, verde, flexible.

De Adán y Eva III (fragmento), Jaime Sabines


Hablar del hombre y de la naturaleza es ya de por si una escisión, pues al retomarlos se les confronta en una dualidad que no siempre es clara, la pregunta que surge es: ¿en dónde termina lo natural y comienza lo humano?

El hombre se dice conciente de su propia mortalidad, de su propia existencia y por ello se jerarquiza a sí mismo en la cúspide del proceso evolutivo, se habla de lo humano en contraposición con lo natural, como si no hubieran lazos, invisibles y visibles, que unieran estas dos esferas del universo. Al final éstas son categorías artificiales que no han hecho más que acentuar la grave fragmentación psíquica del hombre.

Cuando la revista Nature se inauguró, en ella se podían leer varios aforismos de Goethe, elegidos por T.H. Huxley, en uno de ellos Goethe dice:

“¡Naturaleza! Nos rodea y nos abraza, no tenemos poder para separarnos de ella ni para ir más allá […]. Vivimos en medio de ella y no la conocemos, nos habla incesantemente pero no traiciona su secreto […]. Siempre ha pensado y siempre piensa, pero no como un hombre, sino como naturaleza […]. Ella sea ama a sí misma, y sus ojos y afectos innumerables están fijos sobre ella misma. Se ha dividido para su propio deleite […]. La vida es su invención más exquisita y las muerte su artificio experto para obtener abundancia de vida.”


Aunado a lo hermoso de la idea, la verdad que implica no ha sucumbido ante la intemperie del tiempo, aun hoy, en el siglo XXI, la naturaleza está más allá de la comprensión del hombre, sigue siendo ese misterio indiscernible contra el cual la ambición de conocimiento se enfrenta cual muro alto y grueso.

La ciencia y su método surgieron, y se prolongaron, como el esfuerzo de la razón por controlar lo natural, para implantar el orden de lo racional sobre el mundo objetivo. Según Francis Bacon: “La naturaleza tenía que ser “acosada en sus vagabundeos”, “sometida y obligada a servir”, “esclavizada”; había que “reprimirla con la fuerza” y la meta de un científico era “torturarla hasta arrancarle sus secretos”.

Pero esto, aun hoy, no se ha llevado a cabo de forma satisfactoria, esclavizar a la naturaleza, entenderla simplemente, ha sido atrapar vientos y es que una de las cualidades inherentes a la realidad es su flexibilidad, en palabras de Baudrillard: “la principal objeción a la realidad es su carácter de sumisión incondicional a todas las hipótesis que puedan hacerse sobre ella. Así es como desanima a las mentes más activas, con su conformismo más miserable”. Cuando el sujeto se siente más cerca de la verdad del mundo, ésta se muestra implacablemente elusiva, seduce al sujeto y escapando a su comprensión limtante.

La incertidumbre fue clara para los físicos de principios del siglo XX, sobre todo para aquellos que se vieron involucrados en la mecánica cuántica. Uno de los más representativos fue Werner Heisenberg, íntimo amigo de Bohr, por lo menos hasta la segunda guerra mundial, Heisenberg solía visitar a Bohr en su casa de Copenhague y discutían largas horas sobre los pormenores en la teoría física naciente, en una de aquellas ocasiones Heisenberg cuenta:

“Recuerdo una discusión con Bohr que duró muchas horas hasta tarde en la noche y termino casi en la desesperación; cuando al final de la discusión salí a caminar a solas en el parque del vecindario, me repetí una y otra vez la pregunta: ¿puede la naturaleza ser tan absurda como nos parecía en estos experimentos atómicos?”


Prácticamente siglos de certidumbres se vinieron abajo con los descubrimientos de la teoría cuántica, precisamente Heisenberg postulo con su principio de incertidumbre la incapacidad del hombre de medir no sólo variables conjugadas en las partículas, sino también de obtener precisión al explorar el mundo. La naturaleza se acoplo a las hipótesis humanas y luego las desbarato cual baratijas, pues la fuerza de lo natural está en la misma seducción que ejerce sobre los sujetos y en su omnipresencia en todo ámbito.

Se infiere entonces la idea perversa de que nada existe fuera de lo natural, mucho menos lo humano. La diferencia entre lo humano y lo natural es una idea nacida de lo humano, un recurso para tener referencia de un lugar propio en la creación. Además, también la creencia en un Yo, en lo individual, se finca sobre esta necesidad de certidumbre sobre lo real.

Pero la naturaleza lo abarca todo, nos abraza, y ni la complejidad de nuestras actitudes, ni de nuestras interacciones, sociales se salvan de ser meros rituales, expresiones de la naturaleza pero en el nivel humano, tal como hay expresiones de lo natural en otras especies y en otras cosas.

Pessoa (1997) en un poema trata un tema semejante y dice:

“¿Tener conciencia es más que tener color?
Puede ser y puede no ser.
Sólo sé que es diferente.
Nadie puede probar que es más que sólo diferente.”


Esto implica la ausencia de jerarquía en la naturaleza y también la intima correlación entre cada una de sus manifestaciones, o sea los fenómenos y las cosas. Así que ya no podemos hablar de lo humano y lo natural como separados, sino del hombre como un emergente de lo natural, que es omnisciente y omnipotente.

El desarrollo humano ha sucedido ante la constante vacilación entre esta idea (la fragmentación) y su contrario (la unidad), pero eso no importa, si existe algo que contemple todos los sucesos entonces hasta lo que parezca ir en contra de la naturaleza es parte de la misma imbricación de interacciones que la forman, tal como sucedía en el cuento de “La lotería de Babilonia”. En ese cuento Borges habla acerca de un axioma que dictaba que: “la lotería es una interpolación del azar en el orden del mundo y que aceptar errores no es contradecir el azar: es corroborarlo”. Hasta los impostores eran agentes secretos de la compañía, así hasta los detractores de cualquier idea son agentes de la misma, sólo que nunca lo saben.

Lo natural no tiene límites. El desarrollo del ser humano no ha salido de esa tacita relación, porque no hay dialéctica si únicamente existe lo Uno.

Hace tiempo el hombre dejo atrás los cambios radicales de su estructura para enfocarse a los cambios posibles de su pensamiento. Así nacieron la religión, la filosofía y recientemente la ciencia, como modos interpretativos del mundo. Precisamente la ciencia ha proveído a la especie de un sinnúmero de avances tecnológicos que le han servido para modificar sus hábitos culturales (otra forma de los hábitos naturales). La unión de teoría y técnica ha sabido hacer mella en las necesidades de los seres humanos, ya sea solucionándolas o inventándolas, pero sin duda siempre transmutándolas. Y en todas las esferas que puede abarcar el hombre, ha podido dar, la tecnología, un punto de apoyo para la transformación.

Sin embargo, hay una diferencia grande entre las herramientas y maquinas de antes del siglo XX y los posteriores aparatos que surgieron como alternativas de comunicación. Las antiguas maquinas cumplían la tarea de transformar el medio, del que el hombre forma parte, para proveerlo de lo necesario para su supervivencia, esta era su ocupación en esencia. Empero los aparatos de esta época tienen un rol diferente, su función está dirigida ya no a la transformación del medio sino a la reestructuración del modo en que se percibe al mismo.

Del texto escrito pasamos al texto vivido, esta tercera separación del mundo corresponde a las maquinas de información, desde la cámara fotográfica hasta la computadora todas han estado confabulando una nueva forma del mundo, pero no cambiando el entorno sino la forma en que el sujeto concibe el universo.

Declaraba Jacques Derogy que “los medios no son un cuarto poder, sino un contrapoder”, y es que el poder de los medios radica, más que en su contenido en su forma, pues dicha forma presenta la información como imagen, sustituyendo así el acto de abstracción del sujeto con la abstracción brindada por el objeto, que es el aparato.

El arribo de esta nueva dimensión de la comunicación es lo que se conoce como la realidad virtual. Este concepto es retomado en un neologismo que emparentá a lo cibernético con la realidad virtual naciendo de ello el termino Cibertualidad, que es definido por su autor de esta manera: “Ámbito artificial creado por medios informáticos, cuya representación de escenas o imágenes de objetos da la sensación de existencia real”.

Desde el punto de vista de Baudrillard “lo virtual es lo que sustituye lo real, es su solución final en la medida en que, a un tiempo, consuma al mundo en su realidad definitiva y firma su disolución”. El hecho es que los procesos de sentir la realidad como la conocemos y el de sentir la realidad virtual que puede ser, no implican otras cosa que el paso de la sensación a la interpretación conciente, el círculo del concreto real y el concreto pensado.

Dice Thomas Nagel:

“Todo aquello en lo que crees […] se basa en tus experiencias y pensamientos, sentimientos e impresiones sensoriales. Eso es todo lo que tienes como punto de partida […]. Las experiencias y pensamientos internos son lo más cercano a ti, y alcanzas todo lo demás sólo a través de ellos”.


La argumentación de Nagel sigue y él diserta en si la realidad pudiera ser sólo un sueño, lo primordial de esto es que aunque si así lo fuera no cambiaria el hecho de que hay un sujeto, aunque fantasmagórico e indiscernible, que percibe el mundo; la realidad continuaría así fuera una ilusión.

En el mundo del cine hay ejemplos que son útiles para hablar sobre este tema, pienso en la saga de Matrix de los hermanos Wachowski o en Existenz de Cronenberg, incluso en Abre los ojos de Amenábar que tuvo su remake a la Hollywood, y hasta en Tron de Lisberger. Pero para este propósito retomaré una película del gran Mamoru Oshii llamada Avalon. Llevada a cabo en Polonia, Avalon cuenta la historia de Ash una chica experta en cierto juego de simulación del cual retoma el nombre la película. El juego emula batallas en tiempo real, en donde los jugadores se enfrentan a la inteligencia artificial, la dinámica es muy parecida a lo que hoy conocemos como MMORPG (Massive Multiplayer Online Role Playing Game) aunque con sus debidas diferencias.

Lo singular de este juego es que la vivencia del mismo es de lo más real, el jugador, a través de un casco de realidad virtual, se conecta al programa y ahí comienza una nueva realidad, sin embargo si por desgracia pierde y no se desconecta antes, su cuerpo real quedará en estado vegetativo, tal es el riesgo que se corre. Ash es la mejor en su ramo hasta que otro jugador, Bishop, hace acto de presencia, luego viene el desarrollo en el que Ash y Bishop buscaran el nivel más alto de dificultad que promete grandes recompensas, todo esto desembocando en un final de lo más desconcertante.

En Avalon la ferocidad del mundo virtual contrasta con la monotonía del mundo real, Ash en el juego es una guerrera mientras que en la realidad es una más de esas sombras con las que se topa camino a casa. Y casi al final el juego despliega una nueva representación de la realidad, más parecida a nuestro mundo, en el que Ash encontrará a alguien del pasado y tal situación la hará dudar entre que es lo real y que no.

Todo esto conlleva a que la diferencia entre la ilusión de la realidad y la de la cibertualidad no radica en el grado de percepción que tuviera de una u otra el individuo, sino en la complejidad y el acomodamiento de las estructuras que estas despliegan.

Me refiero a que el mundo real, la ilusión vital, por su habitual autonomía seria un mundo irresoluble para los hombres, y por lo tanto misterioso. Por otra parte el mundo virtual seria un mundo creado a partir de los deseos humanos, un mundo de control, de luz, lleno de verdades, que seria el cauce final de las ideas planteadas en los inicios de la edad moderna. Pero esta realidad virtual es demasiado perfecta, demasiado lógica y adecuada como para que el hombre común la soporte, así que los individuos descreen de sus atributos, de manera que la ironía del sujeto sucede a la del objeto.

La high definition de la cibertualidad no sólo es la de la imagen, Baudrillard observa esta tendencia en otros aspectos de la experiencia: “…del tiempo (el Tiempo Real), la música (la Alta Fidelidad), el sexo (la pornografía), el pensamiento (la Inteligencia Artificial), el lenguaje (los lenguajes numéricos), el cuerpo (el código genético y el genoma)”.

El perfeccionamiento de este espacio nuevo corresponde a un decremento en la complejidad del mensaje, pues en lo virtual los eventos están controlados por programas previos que les han dado forma y sentido, los han hecho lógicamente correctos y, por lo tanto, depurados en su funcionamiento. Todo esto en contraste con la complejidad inherente a la ilusión vital, nuestra realidad, en donde lo caótico y lo secuencial se entrelazan para crear sistemas. En lo virtual todo es orden, aparentemente.

Empero, todo ese orden, ya se menciono, es inhumano, no es comprensible, por ejemplo el aumento de la velocidad de transmisión de la información, hasta llegar al tiempo real, ha significado una saturación de los canales de comunicación humanos, esto es el éxtasis de la comunicación del que Baudrillard hablara, en el cual las fronteras entre el emisor y el receptor se confunden en la marea de informaciones que surgen de un medio ubicuo. Al respecto Virilio dice:

“Con la aceleración ya no hay el aquí y el allá, sólo la confusión mental de lo cercano y lo lejano, el presente y el futuro, lo real y lo irreal, mezcla de la historia, las historias y la utopía alucinante de las técnicas de comunicación”.

Esta suerte de inmediatez de los sucesos es como si toda la luz de las estrellas estuviera en un mismo punto y en un mismo instante, lo cual es abominable, es la gravedad de la hiperrealidad. En el cuento de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” Borges relata, en un pasaje, como un objeto extraño del mundo, hasta entonces imaginario, de Tlön llega traído por la figura de un joven, este chico muere y deja un pequeño cono reluciente, Borges, en el cuento, lo toma y su observación según relata es que: “esa evidencia de un objeto muy chico y a la vez pesadísimo dejaba una impresión desagradable de asco y de miedo”.

La demasiada realidad se acerca peligrosamente a la eternidad y al infinito y los mitos nos dicen que esas proporciones están vedadas para los seres humanos, cualquier transgresión de esos límites impuestos implica la desaparición del individuo.

Con su pobre gama de atributos el sujeto no es capaz de alcanzar la velocidad que las nuevas tecnologías le han mostrado, el hombre es un ser que vive un tiempo sucesivo y lento, por eso se siente saturado cuando los aparatos lo instan a acercarse a la experiencia de lo eterno. Pero humanamente esto no es posible. Aunque tal vez este impedimento pueda ser resuelto de otra manera. Stelarc un artista del performance dice en una entrevista:

“Hoy en día las tecnologías son más precisas y más poderosas que el cuerpo humano. En la actualidad, nuestro espacio ya no se limita a nuestra biosfera, nos dirigimos hacia un espacio extraterrestre, en tanto nuestro cuerpo sólo está concebido para esta biosfera:”
No sólo el espacio ya no se limita a lo geofísico, sino que las distancias, a causa de la velocidad se comprimen en una forma de implosión en donde el sujeto es el centro.

Sigue diciendo Stelarc:

“En lo sucesivo, con la nanotecnología, el hombre podrá tragar la tecnología. El cuerpo, por lo tanto, debe ser considerado como <>. Solo si modificamos la arquitectura del cuerpo será posible reajustar nuestra conciencia del mundo […] ¡no se trata ya de enviar tecnologías a otros planetas sino de hacerlas aterrizar en nuestro cuerpo!”.


La maquina, durante siglos, funciono como extensión del cuerpo, ahora, ante la vertiginosa aceleración de la información, lo mecánico se introyecta al cuerpo como recurso, tal vez, para afrontar esta nueva conciencia del mundo. Como apunta Virilio, el uso continuo de prótesis contrarresta un efecto clave de la evolución darwiniana, pues al corregir los defectos ontogénicos estos tenderán a propagarse en la filogenia de la especie, alterando el curso del desarrollo y degenerándolo.

La degeneración del cuerpo humano es alarmante pero es posible que pueda tener una función en especifico y ser el punto de avance hacia una nueva evolución, una evolución tecnológica.

Al igual que la división entre lo humano y lo natural es sólo artificial, la escisión entre maquina y hombre también lo es. La maquina no deja de tener componentes de su creador, ya que su forma es siempre una emulación de lo que el sujeto observa en su entorno, los materiales son trabajados en base al conocimiento del mismo hombre y las funciones que la maquina ejerce cubren necesidades planteadas por la sociedad en turno. La maquina nace como fruto del pensamiento y del trabajo del hombre, es una extensión, es humana.

La evolución sigue extraños caminos, pero el puro azar parece no ser uno de ellos. La evolución darwiniana descansa su teoría sobre el argumento de la supervivencia del más apto, sin embargo este presupuesto se entiende comúnmente como la lucha feroz de las especies por sobrevivir a pesar de las demás especies.

Una visión alterna a este proceso podría ser más esclarecedora. En cuanto al problema de la adaptación Erich Jantch observa: “Las formas de vida más primitivas eran de lejos las más adaptadas. Si el significado de la evolución estaba en la adaptación y en aumentar las probabilidades de supervivencia, como se afirma a menudo, el desarrollo de organismos más complejos habría sido inútil e incluso erróneo”.

El propósito de la aparición de organismos más complejos debe entonces cumplir una función diferente a la de la sola adaptación. Es difícil siquiera plantear cual podría ser ese propósito original, ya que tendríamos que saber cual es el punto final del universo. Este problema rebasa a cualquier hipótesis que se haga sobre el mismo, su ámbito ya no es científico ni filosófico sino religioso.

Sin embargo, observando el desarrollo de las especies podemos pensar que el crecimiento unilateral, de una especie o, incluso, de cualquier reino bio-fisico es difícilmente aceptable. La teoría de Gaia (o Gea) de James Lovelock nos dice que la evolución de las especies transcurre a la par de la evolución del planeta mismo. Las implicaciones de que el planeta pudiera ser un sistema autorregulado son muy interesantes, pero por si esto no fuera suficiente esta teoría también involucra la idea (antigua) de que el planeta es un ser vivo. El planeta es un ser vivo que cumple un proceso de homeostasis y de evolución, y las especies que lo pueblan, y su forma mineral, y su atmósfera, son estructuras que permiten la pervivencia de este gigantesco organismo. Esto me recuerda al aforismo, ya citado, de Goethe, se ha dividido para su propio deleite, y todo lo que en ella existe, en la naturaleza, es ella misma. Es la tierra la que crece. Lo humano no es otra cosa que la prolongación de esa vida, y si así somos también nuestras creaciones lo son.

El mundo de lo virtual ha planteado un límite a las capacidades biológicas del hombre, pero la mecanización del cuerpo ha esbozado quizás una respuesta entre tantas. La ficción del robot que se humaniza no es nueva, pero aquí cobra un nuevo significado. Como Stelarc cree, posiblemente la utilización de prótesis lleve a la humanidad a un nuevo estadio de la evolución, que no tendría porque ser antinatural. Una idea común es que si el robot obtuviera conciencia terminaría por dominar lo humano o ponerlo en peligro (Matrix, Yo robot, Terminator, Odisea 2001), no hay que descartar esta posibilidad, sin embargo sería algo cotidiano que una especie sustituyera otra, si así es necesario, para mantener el equilibrio y el creciemiento del medio.

Empero, la dominación del robot hacia lo humano tal vez tome, o ya haya tomado, un curso diferente. La endocolonización que presume la amalgama entre lo biológico y lo mecánico puede significar a la larga la conversión del hombre a la maquina. La conquista de la maquina no tendría porque suponer la toma de una autoconciencia de ésta, bastaría con que se apropiara de la conciencia del hombre para poder, a partir de ahí, configurarse como una especie por cuenta propia.

Por otra parte, la conciencia de la maquina no ha de tomarse como algo disparatado. Suponemos que lo humano es lo único consciente, pero no hay un acuerdo común para determinar que denominamos como tener conciencia. Supongamos que la conciencia es la autoconciencia. Pero como lo único accesible a nuestro raciocinio es nuestro propio ejercicio de conciencia, no podemos decir más de los procesos mentales pertenecientes a otros entes. Quiero decir que sólo podemos saber que somos concientes como individuos, pero no podemos probar la conciencia de otros de manera irrefutable, creemos que los otros, humanos, piensan y sienten únicamente como una mera hipótesis.

Así que tampoco podemos decir que lo que nos rodea carece tácitamente de conciencia. El antiguo pensamiento jónico contaba con la idea del Hilozoismo que igualaba los procesos de la psique y la materia. El pansiquismo, por otro lado, sostiene la existencia de una especie de experiencia psíquica interna en cada elemento de orden material. El argumento del pansiquismo como lo plantea Nagel es:

“Si las propiedades mentales de un organismo no se deducen de ninguna propiedad física, sino que deben derivar de propiedades de los constituyentes del organismo, entonces tales constituyentes deben tener propiedades no físicas que implican la aparición de propiedades mentales cuando la combinaciones correcta. Dado que cualquier materia puede componer un organismo, toda materia debe reunir esas propiedades.”

Las maquinas no están exentas de los constituyentes físicos, por lo tanto tampoco de los mentales. Ya sea que la maquina sustituya a lo humano desde afuera o desde dentro, esto no deja de ser un asunto de orden natural. Antes que el hombre estaba el universo, y éste se ha prolongado en diversas estructuras; la maquina bien podría tener el papel de perpetuar la vida, el élan vital, que sólo busca continuarse en el tiempo y el espacio.

Es como si el medio, con la cibertualidad, se hubiera adelantado levemente a la evolución del hombre, y al mismo tiempo le presentara a éste un mundo que nunca podrá alcanzar. La nueva conciencia del mundo solamente podrá ser asequible para un organismo que logre adaptarse a la velocidad de esta nueva realidad.

Bajo tal condición la naturaleza ha de entrar a un nuevo estadio, a una fase postnatural en donde sus capacidades se harán diferentes, lo suficiente para apropiarse de los componentes del mundo virtual. También es posible que el mundo virtual sustituya al real y que la fase de transición asemeje una convivencia entre ambos. El hombre así habrá llegado a su conclusión, pero su esencia continuará en otra estructura justamente como otras estructuras se han continuado en él mismo. Entramos, de tal manera, a la fase técnica de lo natural.

No hay que lamentarse de nada pues hemos existido apenas unos instantes, la vida es la que continúa y su espíritu imbuye todo lo que esté a su alcance, ya que todo lo ha creado. Sus formas variarán y se harán quizá irreconocibles, pero esto no importa, ya que el periplo se cumplirá, y la vida, o la muerte que es su otra mascara, proseguirá su senda, que es infinita. La fase técnica de la naturaleza será desconocida para nosotros, pero no ha de ser la última fase de lo natural, este mundo que soñamos, y que nos sueña, será soñado después por otros, ya sean hombres o maquinas.

Junio del 2006

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